Está en la provincia de Valladolid. Tiene más librerías que bares, en concreto, doce y por si todo esto fuera poco, también forma parte de Los Pueblos más Bonitos de España.

La belleza que se contempla desde la muralla de Urueña es una belleza sin estridencias, tranquila, austera, como lo es la tierra de campos. Se diría que no cambia pero si uno pasa tiempo observándola, y en esta localidad que no llega a 200 habitantes hay tiempo de sobra para la contemplación, sí se aprecian cambios en los colores del entorno.

Urueña no es un pueblo al uso. En absoluto. No solo está incluido en la lista de los Pueblos más Bonitos de España, y viendo sus calles medievales y la entrada en el villorio tras dejar atrás la carretera, no nos extraña. Pero lo más peculiar de este pueblo de Valladolid es que es la localidad de España con más librerías y eso, en un país que destaca sobre todo por el número de bares, es de admirar.

Cualquier amante de los libros querría vivir en Urueña, que no es la única Villa del Libro del mundo porque fuera de nuestras fronteras también están Wigtown (Reino Unido), Tuedrestand (Noruega) y Fontenoy-la-Joûte, en Francia. La localidad destila cultura por sus cuatro costados: “Todo arrancó en 2007, año en el que la Diputación de Valladolid impulsó la creación de espacios para convertirlos en librerías”, comenta su alcalde, Francisco Rodríguez San José. Aunque el germen cultural es anterior y viene de la llegada al pueblo de la fundación del etnógrafo Joaquín Díaz. Con él llegaron a la localidad intelectuales de distintos campos: allí por ejemplo, viven encuadernadores de renombre y el músico Luis Delgado tiene su peculiar museo del gramófono y un estudio de grabación donde va, por ejemplo, Amancio Prada.

En definitiva, Urueña es un hervidero de ideas, bullicioso en verano gracias a la llegada de los niños y de los veraneantes y más tranquilo en invierno, pero siempre vivo, aspecto muy de agradecer cuando alrededor otras localidades languidecen si bien el censo de habitantes de Urueña no ha subido desde la etiqueta de Villa del Libro.

El primer librero que desembarcó fue Jesús, el apellido es lo de menos porque “Todos me conocen como Jesús Alcaraván, el nombre de la librería”, cuenta. Fue la primera librería, antes de que llegase el apoyo de la Diputación. Primero la enfocó a la etnografía y luego se ha convertido en un espacio dedicado a la arquitectura, los viajes, la naturaleza y la gastronomía de hecho tiene incluso un corner gourmet, con productos artesanos de la zona. “En su día también vendía discos, pero hubo un bajón, así que lo remplacé por un pequeño colmado porque te tienes que ayudar de otras cosas”, explica. En esta librería de autor hay clásicos pero también, novedades, como la última novela de Santiago Moreno, exitazo del año que ya va por los 70.000 ejemplares.

¿Se puede vivir de una librería? “Se vive, yo llevo 27 años en esto, pero no creas que los lectores son los de pueblo, casi todos los que compran son turistas”, explica.

Hoy es lunes (si quiere encontrar abiertos la mayor parte de establecimientos, le aconsejamos que venga otro día porque al arranque de la semana son muy pocos los que tienen abiertas sus puertas) y nos cruzamos con varios turistas que han venido a pasar el día y a comprar libros: llevan una bolsa amarilla de papel, icono de las distintas librerías, que identifican su compra. Hay librerías de cine y viajes, de periodismo y fotografía, de libro antiguo, infantiles… y además, un Museo del Cuento, talleres de encuadernación, un espacio de arte contemporáneo, etc.

El padre del alcalde, con quien nos encontramos en la puerta de la Villa, uno de los accesos más pintorescos, nos cuenta que antes de la Villa del Libro aquello parecía un cementerio: “Ahora hay mucho turista, aquí se está muy bien, desde la muralla, en días claros, se pueden ver hasta las montañas de León”, comenta.

Cuando la Diputación impulsó el proyecto de las librerías cedió locales, con un alquiler simbólico, a quienes quisieran unirse a esta iniciativa. Tamara, periodista de oficio y su compañero el fotógrafo Fidel Raso, fueron unos de estos emprendedores. Se repartieron distintos locales, de mayor o menor superficie, a ellos les tocó uno pequeño, reducido de tamaño pero no en fondo bibliográfico: “Abrimos Primera Página en 2015, tenemos libro de segunda mano y obras de fotografía, de viajes, de periodismo…”. En este abigarrado espacio, repleto de libros, hay sitio para tres despertadores con los horarios de Tokio, Madrid y Nueva York (como en las redacciones de los diarios), varias máquinas de escribir y por supuesto, material fotográfico. Tamara sigue siendo igual de dinámica como cuando trabajaba de periodista: organiza talleres de fotografía, colabora con RNE con un espacio sobre libros y música, monta talleres de astronomía y en su día intentaron crear un periódico local. “Salimos adelante porque tenemos libro de segunda mano, mantener una librería solo con libro nuevo requiere de mucha inversión, no podríamos”, explica. “En Urueña encontré espacio, horizonte, silencio y el sonido de los pájaros que estáis oyendo ahora mismo. Un paisaje muy limpio”, resume esta bilbaína.

A pesar del amor por los libros, curiosamente no hay club de lectura en el pueblo, aunque hubo varios intentos en el pasado que no fraguaron. Y como no todo va a ser alimentar el alma, la localidad sigue teniendo panadería y carnicería, al frente de la cual está Amando de Castro, con un negocio que vio la luz en 1850 y en el que destacan sus embutidos.

Y, ¿de qué se habla en los bares de un pueblo que tiene tanta librería? “De todo, al fin y al cabo es un pueblo”, comenta el alcalde en la terraza del mesón de la plaza donde venden “Dulce del Libro”, una bomba calórica en forma, evidentemente, de libro.