Darbians Photography

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En el siglo XVIII, el balneario de Buxton Crescent se convirtió en lugar de recreo de la nobleza británica. Su construcción fue impulsada por el quinto Duque de Devonshire y, durante casi dos siglos, por sus aguas termales pasó lo más granado de la sociedad de Reino Unido, nobleza incluida. Sin embargo, los altos costes de mantenimiento de este histórico edificio y la cada vez menor afluencia de bañistas, llevaron a cerrar la parte de spa a finales de la década de los 60.

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Siguió operando como hotel, pero su estado se alejó del lujo cada vez más hasta cerrar definitivamente sus puertas a mediados de los 80. Durante unos pocos años sirvió como edificio administrativo hasta que, casi literalmente, las paredes se cayeron. Sin dinero para la restauración, el imponente complejo de Buxton Crescent permaneció abandonado entre 1993 y 2014, cuando una iniciativa privada comenzó las tareas de rehabilitación para recuperar su grandeza.

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Justo antes de que se iniciase la reforma estructural, el fotógrafo británico Scott Darbian se coló en su interior y retrató la serena belleza que aún conservaba un edificio que durante 20 años permaneció en el olvido. Hoy su aspecto es mucho menos fantasmagórico gracias a una inversión cercana a los 50 millones de euros

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