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Alemania celebra este sábado el 30 aniversario de la caída del Muro de Berlín, símbolo de la división durante la Guerra Fría y de la lucha entre comunismo y capitalismo. Este muro de la vergüenza dividió a la ciudad de una forma totalmente caprichosa y absurda y generó muertos y dolor.

Empezó a construirse en 1961 (hubo varios tipos de muros a lo largo de los años) y cayó el 9 de noviembre de 1989. Entre medias, miedo, persecuciones, muertes, fugas, dolor, familias separadas e incluso, situaciones rocambolescas como saltos en pértiga o vuelos en globos aerostáticos para intentar cruzarlo.

  • El 13 de agosto de 1961 la República Democrática Alemana (RDA) divide Berlín en dos mitades con una barrera de unos 155 kilómetros. Hasta la construcción del muro, unos 53.000 ciudadanos del sector soviético y de la RDA trabajaban en la parte occidental de la ciudad y perdieron sus trabajos de la noche a la mañana. Lo mismo sucedió con unos 19.000 berlineses del sector occidental que trabajaban en el sector soviético.
  • Primero hubo un muro de primera generación, poco más que una alambrada. Después, una pared de segunda generación a la que siguió una tercera, que se puso en marcha a partir de 1968. Incluso estaba planeado ampliar el muro a finales de los años 80, dotándolo de mayor tecnología represora. Las dificultades para cruzarlo crecían con el paso de los años: perros, militares, zanjas, cercas electrificadas, alambradas… En su última versión medía 3,6 metros de altura y contaba con 302 torres de vigilancia, una valla metálica, cerca de púas, más de 11.000 soldados y cientos de perros adiestrados.
  • En total, se extendía a lo largo de 155 kilómetros, 43 de los cuales estaban en la ciudad de Berlín. Su trazado cortó 12 líneas de metro y 193 calles.
  • Entre 1961 y 1989, unas 475.000 personas lograron cruzarlo y refugiarse en el sector occidental. En esa misma franja de años murieron más de 125 personas intentando cruzarlo.
  • La pared separatista se ha llevado toda la fama como frontera entre dos sistemas, pero muy pocos saben que existía toda una red de puestos fronterizos, fronteras en definitiva, bajo el suelo de la ciudad. Como cada vez era más difícil cruzarlo, los alemanes del Este se las ingeniaban para huir bajo tierra: alcantarillas, túneles…
  • Cada fuga era un quebradero de cabeza para la RDA, que imaginaba toda clase de trabas para impedirla. Una de locas ideas que pusieron en práctica fue llenar las alcantarillas de desperdicios, que acabaron siendo regurgitados al exterior poco tiempo después. Además, construyeron 75 puestos fronterizos bajo el suelo. El muro superior tardó pocos años en destruirse, pero las fronteras bajo tierra no acabaron de desaparecer hasta 1996, cuando se eliminó el último control del subsuelo: bajo tierra no se podía meter maquinaria pesada y todo este trabajo se fue haciendo a mano (es posible visitar parte de esas infraestructuras con la asociación Berliner Unterwelten).
  • En Berlín y alrededores se retiraron más de 100 kilómetros de muro de hormigón, más de 127 kilómetros de vallas de señalización y 300 torres de vigilancia. La mayor parte de esos escombros se vendió para la construcción de las carreteras del Este.
  • El muro se abrió por primera vez en el área de la Puerta de Brandenburgo, el 22 de diciembre de 1989. Tan solo un mes después, la pared separatista se asemejaba a un queso gruyère: todos querían llevarse su souvenir.
  • A partir de su derribo, los trozos se repartieron por todo el mundo: Ronald Reagan y George Bush recibieron un pedazo. La CIA lo colocó en su cuartel general y hay otro delante del Parlamento Europeo de Bruselas. En junio de 1990 se subastaron 81 pedazos en un hotel de Montecarlo: en total, la subasta recolectó 1,8 millones de marcos que, según sus organizadores, fueron a parar a reformar la seguridad social de la ex RDA.
  • La extensión más grande que sigue en pie (y una de las más famosas por sus grafittis) puede verse en el denominado East Side Gallery: mide 1,3 kilómetros y está en la calle Muhlenstrasse, junto al río Spree. Una muestra mucho más fidedigna (por su sobriedad) está en la calle Bernauer, donde además se halla el museo del Muro en el que hay un excelente centro de documentación sobre esta época.