Un cruce de miradas, un par de cafés y un fin de semana de pasión y desenfreno en la casa del otro. Nada puede salir mal, hasta que llega el momento de terminar de lavarse los dientes. He ahí una decisión trascendental: guardarlo en tu neceser o dejarlo en el vaso… junto al otro. Empiezan a surgirte dudas y unos segundos después te das cuenta de que a lo mejor no estás preparado para ese momento y que ni siquiera estás seguro de lo que quiere la otra persona. Y llegas a la conclusión de que lo mejor es que cada uno tenga su propio espacio. 

Desde idealista te deseamos un feliz San Faustino, el patrón de los solteros. 

Para todos aquellos que no están preparados para dar ese paso, resumimos las ventajas de comprarse una vivienda uno solo.