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La expansión urbanística en la Comunidad Valenciana, una de las regiones que más apostó por el ladrillo antes de la crisis, ha hecho que algunos arquitectos piensen que hace falta un nuevo modelo urbanístico. Javier López-Menchero Ortiz de Salazar, por ejemplo, ha ideado una espiral futurista que podría erigirse en la costa levantina ocupando poco espacio.

Para minimizar el crecimiento de la ciudad en el suelo, los ciudadanos contarían con espacios públicos en las alturas. Por ello, la elevada estructura estaría rodeada por anillos que forman avenidas, de las que cuelgan los espacios privados, en un sistema de “calle invertida”.

Espiral 3500, su curiosa propuesta de rascacielos del futuro para el Parque Natural de la Albufera, acaba de conseguir un tercer puesto en la última edición de la eVolo Skyscraper Competition, un certamen anual que reconoce los proyectos visionarios capaces de desafiar la forma en la que entendemos la arquitectura vertical.

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Un total de 444 propuestas se han presentado este año a la competición proponiendo soluciones originales por su estética, su tecnología o sus materiales para hacer frente al crecimiento vertical de las urbes, que será cada vez más necesario con el aumento de la población.

El ganador: un rascacielos para África 

El primer premio de la competición ha recaído en un proyecto concebido para una de las zonas más pobres del planeta: el Mashambas Skyscraper está pensado para erigirse en el África subsahariana. Según el Overseas Development Institute, dentro de 15 años los niños del África subsahariana formarán el 43 % de la población más pobre globalmente.

Los arquitectos polacos Pawel Lipiński y Mateusz Frankowski han querido por ello llevar la “revolución verde”  al continente olvidado. Han ideado una enorme estructura formada por bloques modulares fáciles de construir, desmontar y transformar que funcionará como un centro de educación móvil y como mercado al mismo tiempo.

En su interior, se enseñarán técnicas de agricultura y se venderán semillas y herramientas modernas que permitan a los agricultores de la zona obtener un mayor rendimiento en sus cosechas. Al ser modular, si en una comunidad hay muchos participantes, se pueden unir más bloques a la estructura.

Cuando la comunidad local llegue a ser autosuficiente, el edificio sería transportado a otros lugares. Aunque la visión de estos arquitectos pueda considerarse demasiado optimista, es destacable que al menos hayan reflexionado sobre cómo la arquitectura podría poner su granito de arena para erradicar la pobreza.

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¿Y si las fábricas crecen en altura?

El segundo premio ha recaído en un rascacielos que tampoco está pensado para albergar viviendas, sino, sorprendentemente, para acoger una fábrica en medio de la ciudad. Según el World Economic Forum, dos tercios de la población vivirá en zonas urbanas en el 2050.

Los arquitectos estadounidenses Tianshu Liu y Linshen Xie pretenden afrontar el problema con fábricas verticales para las megaciudades. En lugar de estar fuera de la urbe, sus impresionantes construcciones convivirán con el resto de edificios, evitando que los trabajadores tengan que depender del transporte para llegar al trabajo.

El edificio del porvenir que han concebido funcionaría de forma sostenible: aprovecharía la basura que se genera en el área metropolitana de Manila, cuya gestión supone ya un problema en esa zona de Filipinas, para proporcionar calor y electricidad en la fábrica.

“El concepto principal de este diseño es hacer que la gente sea consciente de que el medio natural es un círculo: todo lo que produces formará parte del nuevo mundo”, han destacado. Así que en lugar de criticar la contaminación, han imaginado una futurista fábrica para que la gente comprenda mejor la “interacción entre los humanos y la naturaleza”.

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De una futurista impresora 3D a la vuelta a los arcos góticos

Además de los tres ganadores, eVolo Magazine ha querido reconocer la originalidad de otros proyectos concendiendo 22 menciones honoríficas. Una de las propuestas también está precisamente relacionada con la fabricación. Pod Vending Machine Skyscraper es el original rascacielos que el británico Haseef Rafiei ha proyectado para Tokio, la ciudad de la robótica por excelencia.

La obsesión con la automatización ha hecho que este profesional haya ideado una gigantesca torre que funcione como una máquina expendedora: se construirá a sí misma según la demanda de viviendas. Una impresora 3D, situada en lo alto de la construcción, fabricará las cápsulas modulares que atenderán las diferentes necesidades de los residentes.

Algunas cápsulas podrán utilizarse como oficinas y otras como viviendas ampliables según el número de miembros de una familia. Aunque el concepto de rascacielos que se construye a sí mismo puede parecer futurista, lo cierto es que ya existen impresoras 3D capaces de edificar viviendas, aunque no sean tan impresionantes por el momento como esta gigantesca máquina expendedora.

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Ahora bien, más allá de presentar proyectos futuristas, también hay arquitectos que han optado por presentar rascacielos que homenajean las construcciones del pasado. Una de ellas es Arch Skyscraper, una propuesta de dos profesionales chinos que han concebido una peculiar torre para Manhattan: inspirándose en los arcos de las catedrales góticas o de las pagodas chinas, han distribuido aberturas con esa forma en su imaginaria estructura para proporcionar iluminación y amplitud.

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Mientras tanto, un arquitecto estadounidense ha querido volver a los orígenes con Mountain Skyscraper in Yosemite. El autor, Ryan Ibarra, defiende que “la ilusión de una separación entre el hombre y la naturaleza continúa perpetuándose en el espíritu de una cultura en la que el pensamiento de futuro y el avance tecnológico se hacen a expensas de nuestro medio ambiente”. Por ello, inspirándose en las primitivas cavernas, ha ideado un rascacielos que parece incrustado en un acantilado del Parque Nacional de Yosemite (California).

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No solo el proyecto ganador de eVolo ha propuesto un rascacielos destinado al continente olvidado. Adriann Jeevananthan también ha imaginado una comunidad vertical “socioecológica” para Dar es-Salam, la ciudad más poblada de Tanzania. Pese a su rápida urbanización, parte de la población de esta urbe aún vive en asentamientos donde carecen de servicios tan básicos como agua potable.

El futurista pueblo vertical que ha ideado, situado sobre un pantano para aprovechar el agua, pretende proporcionar una mayor calidad de vida a esos ciudadanos incluyendo servicios básicos. Así que, como hemos podido comprobar, los rascacielos más futuristas no solo pretenden ser espectaculares o integrar la más puntera tecnología. También quieren solucionar los problemas del presente, mejorando las ciudades olvidadas del continente africano o promoviendo la creación de edificios que superen la era del ladrillo.

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