Hoteles, hostales, pensiones y cualquier otra modalidad de alojamiento turístico que haya en Barcelona tienen en el punto de mira el recién estrenado Plan Especial Urbanístico de Alojamientos Turísticos de Barcelona (PEUAT). Al sector hotelero le genera inseguridad jurídica y necesita conocer el impacto en su negocio. Roger Pla, abogado especializado en derecho inmobiliario asociado en Roca Junyent, analizó las aplicaciones de este nuevo marco normativo para regular una actividad inevitable pero no insostenible.

La proliferación de la actividad turística en la ciudad de Barcelona trajo consigo dar un uso turístico a viviendas residenciales con un crecimiento exponencial. Mientras en otras ciudades europeas era una actividad que venía desarrollándose de manera más o menos organizada, a Barcelona le llegó el ‘boom’ de golpe hace diez años. Había que buscar la forma de proporcionar unas medidas para regular este nuevo mercado sin que repercute en una actividad que supone más del 15% del PIB de esta ciudad, la quinta europea en cuanto a visitantes que la pernoctan.

Ante ese escenario, el Ayuntamiento de Barcelona buscó la fórmula de que un beneficio no fuera una preocupación para los barceloneses y aprobó el pasado enero un plan con el que limitar y planificar las plazas de alojamiento turístico.

El gremio hotelero, una vez se aprobó de manera definitiva el plan, se manifestó en contra, este plan podría perjudicar la industria turística. Roger Pla, en un desayuno organizado por Gesvalt, quiso alentar al sector con una mirada práctica de estas novedades legislativas: “es una idea positiva regular toda una situación difícil de atender”, advirtió Pla. 

Para Pla, “la mezcla de viviendas turísticas con las residenciales puede generar constantes problemas”. Convivir con el trasiego de maletas, ir y venir de personas cada semana puede perjudicar a un edificio con pisos residenciales. Una de las condiciones del PEUAT es que los establecimientos turísticos deben situarse en edificios sin uso de vivienda a fecha 1 de julio de 2015 y que todo el inmueble esté destinado a la misma actividad. “Es algo lógico”, explica Pla.

De la misma forma, un alojamiento turístico debe garantizar la integración con el entorno y que sea un elemento positivo con el resto de actividades de la zona. “Cuando asesoramos a un cliente, nos damos cuenta que son criterios subjetivos, ¿cómo se puede minimizar el impacto de un alojamiento turístico en el entorno?”, plantea Pla. Proyectos como el futuro albergue de la Vila Olímpica tiene licencia previa, pero el vecindario ha manifestado su rechazo por la no integración con el entorno. Pla plantea dos situaciones para un poyecto que ya tenía licencia antes del PEUAT: o se expropia el edificio o se reboca la licencia, con los efectos económicos que conllevaría. “Este caso, con el PEUAT, no se habría tramitado con éxito”. 

A todo esto se añade que la bolsa de pisos de alquiler vacacional es aquella que pierde el mercado residencial, con lo que encarece la oferta disponible para los que viven en la ciudad y no están de paso. Para el Gobierno municipal, el PEUAT responde a la presión tanto de lo residencial como de lo público sobre esta actividad, y su objetivo es lograr que el turismo aprenda a coexistir con estos dos sectores y acontente a todas las partes. 

El Ayuntamiento no cree que vaya a perjudicar al crecimiento turístico pero Pla, sin embargo, cree que es difícil plasmar en una ley el control de la actividad sin frenar su desarrollo en cierta medida. “Si se cierra un establecimiento en zona 1, se podrá abrir otro en zona 3. Tiene coherencia con el colapso que hay en el centro de la ciudad, pero no vamos a generar crecimiento turístico con esta normativa”.