Foto: Tiny House Giant Journey

Foto: Tiny House Giant Journey

Es una tendencia al alza en los últimos tiempos. Cada vez son más los que sienten auténtica devoción por las casas pequeñas, esos minihogares que, instalados en un lugar fijo o sobre ruedas para desplazarse por todo el mundo, permiten a una o dos personas vivir a su antojo. Las ventajas que presentan estas viviendas son numerosas y variadas: reducir la cuantía de la hipoteca, facilidad para trasladarse de una localidad a otra, vivir con menos… Pero claro, como ocurre con todo, también tienen inconvenientes.

Para empezar, las innumerables decisiones que debemos tomar al comprar o construir nuestra propia casa se multiplican.

La primera pregunta a la que tendremos que responder es: ¿seremos capaces de vivir en un espacio de algo más de 37 m2? No debemos olvidar que el International Code Council, la institución que fija ciertos códigos a nivel mundial establece que para ser considerada una minicasa esta debe tener menos de 400 pies cuadrados (37,14 m2). Esto lo condicionará todo. Si tomamos la decisión de forma individual, ¿qué pasará en caso de que encontremos pareja? Y de darse esta situación, ¿cómo nos las ingeniaremos para dar cobijo a nuestros hijos?

Por descabellado que parezca, esta es una de las cuestiones que, con el paso de los años, han tenido que resolver quienes en su día decidieron hacer su vida en una minicasa.

Por ejemplo, Jenna, que decidió con 27 años “vivir en pequeño, para viajar a lo grande” (según reza en unas camisetas que se ha confeccionado), se ha encontrado ahora con ese inconveniente: “A medida que evoluciono en mi vida y empiezo a pensar en tener hijos, no creo que pueda hacerlo en mi Tiny House [Casa Diminuta, en inglés] actual”, cuenta en el blog donde relata su experiencia. Aunque hay viviendas de este tamaño diseñadas para familias con más miembros, es algo que se debe planear desde el momento en que se encarga su construcción o, como en el caso de Jenna, la hace uno mismo.

Foto: Tiffany The Tiny House

Foto: Tiffany The Tiny House

Los planes urbanísticos, ¿un escollo?

A la hora de vivir en una minicasa, otra de las cuestiones que resolver nada más tomar la decisión es si preferimos que sea móvil, para viajar con ella, o asentada en un lugar fijo. Si nos decantamos por esta segunda opción, hay que tener en cuenta las regulaciones urbanísticas de esa población. Hay lugares donde existe un requisito mínimo de m2 para que una construcción sea considerada residencial y, por lo tanto, cuente con todos los servicios de limpieza, luz, electricidad… [Consulta aquí cuáles son los mínimos en cada CCAA]

Incluso existen leyes que prohíben la construcción de estas casas. También hay normas respecto a la urbanización que solo permiten construir una de estas pequeñas viviendas en parcelas en las que ya exista una casa estándar, lo que puede ser un escollo para nuestras pretensiones de tener una minicasa. No obstante, por aquello de que estas nuevas construcciones son una tendencia en la actualidad, puede haber lugares cuyas legislaciones no estén todavía adaptadas, y quienes apuesten por vivir en un hogar pequeño encontrarían resquicios legales para cumplir sus propósitos.

El espacio lo condiciona todo

Tal y como relatan quienes ya viven en una ‘tiny house’, la convivencia debe estar tan ordenada como el resto de la casa, porque en los espacios pequeños todo se magnifica. Al no existir habitaciones separadas para que uno los inquilinos puedan trabajar mientras el otro ve la televisión en otra sala, deben organizarse el tiempo para evitar las molestias. Esto, en función de la personalidad de cada cual, quizá resulte un fastidio o una ventaja añadida.

Foto: Tiffany The Tiny House

Foto: Tiffany The Tiny House

A esto se añade un pacto que ninguno de los inquilinos ha de esquivar: el orden. La desorganización no puede tener cabida en estas pequeñas viviendas. La mayoría pensará que eso no será problema porque, al ser un espacio más reducido, ordenar y limpiar será más sencillo y rápido. Pero no hay que caer en la trampa: al mínimo descuido, la casa pasará de estar impecable a estar totalmente desordenada y sucia.

Por ejemplo, quienes viven así cuentan que acciones tan habituales como caerse un tazón de cereales o tender la colada en el interior durante un día de lluvia pueden convertir la casa entera en un auténtico caos. Es más, algo tan habitual como hacer la cama se puede volver una auténtica odisea: normalmente los dormitorios se sitúan en la parte de arriba de las minicasas, por lo que es obligatorio recolocar las sábanas cada mañana o bien agachados o bien tumbados, algo que a largo plazo tu espalda no te agradecerá.

Renuncias, renuncias y más renuncias

Si bien hay renuncias que son positivas a la hora de vivir en una minicasa, como decir adiós a una hipoteca en apenas unos años, también existen otras que no todo el mundo está dispuesto a hacer. Al contar con un espacio tan reducido no guardaremos demasiados recuerdos; por ejemplo, de nuestra vida académica o de los viajes que realizamos en el pasado. Además, contar con apenas una treintena de m2 hará que no podamos organizar reuniones familiares o de amigos en casa.

Foto: Tiffany The Tiny House

Foto: Tiffany The Tiny House

Y aunque la minicasa esté instalada en mitad de la naturaleza, tener animales puede ser un auténtico atrevimiento. Imagina los días de lluvia con un perro dando vueltas por la casa con las pezuñas mojadas y manchadas. Y las personas más presumidas tendrán que saber que no podrán contar con un armario ilimitado, algo que puede ser muy problemático. Si no que se lo digan a Jenna: “Un verano me invitaron a varias bodas y me fotografiaron llevando exactamente la misma ropa a todas ellas. Fue embarazoso. Me sentí pasada de moda y pobre, y no soy ninguna de las dos cosas”, contaba.

Pero no solo habrá que renunciar a cosas materiales. Otras de las desventajas que puede suponer para muchos una de estas minicasas es tener que abandonar el placer de cocinar. Son varios los testimonios de personas que, ya sea por falta de espacio, de medios o por lo incómodo que resulta que toda la casa se quede con el olor de la comida, han optado por abandonar sus buenas costumbres como chefs.

Al final, como suele ocurrir, será necesario poner todos los factores en una balanza y ver si nos conviene vivir en una minicasa o este tipo de viviendas no están hechas para nosotros. No hay que dejarse llevar por el auge de estos pequeños hogares, porque, pese a que nos ofrecen argumentos de peso para apostar por ellos, también presentan una serie de desventajas que deben tenerse muy en cuenta. Más vale prevenir que curar.