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La tecnología está transformando a pasos agigantados nuestro mundo. La realidad aumentada es una de estas innovaciones que va a cambiar la forma en la que vemos e interactuamos con el entorno. ‘Pokémon Go’ es un claro ejemplo de todo el potencial que pueden tener nuestros ojos si se les añade una pantalla.

Gracias a esta tecnología se ha concebido ARAN (Augmented Reality Art Network), una ‘app’, disponible en Apple Store -pronto estará en Android- que en vez de ‘Pikachus’ muestra esculturas cuando llegamos a los lugares más emblemáticos de Madrid.

La aplicación se presentará en la Feria Internacional ARCO, que tendrá lugar del 21 al 25 de febrero, y se engloba dentro de la sección: El futuro no es lo que va a pasar, sino lo que vamos a hacer.

¿Quieres descubrir las esculturas que se ocultan a tus ojos? Te presentamos las 11 obras de arte que, de momento, componen la exposición.

Frame (Puerta del Sol)

En La Puerta del Sol, un entorno de especial significación simbólica que funciona como kilómetro cero y como punto de referencia mediático del inicio del año, el artista napolitano Catello Gragnaniello crea una figura de lujo virtual que escapa a nuestros hábitos perceptivos.

Como un bloque autoerrático de optimismo, la imagen habita de modo incongruente los tiempos cotidianos, trastocándolos con la extrema suavidad de sus texturas, con la delicadeza de sus formas y con la suntuosidad de sus colores. Residimos junto a una presencia virtual iluminada desde una temporalidad diferente, en un mundo desincronizado del folklore local y de los elementos publicitarios de la globalización que han terminado por imponerse en la plaza.

Flotando al margen de la continuidad de los discursos, la post-estructura de Gragnaniello aparece, al mismo tiempo, como resto espectral de una precariedad ontológica paralela al Movimiento 15-M, cuyos participantes, durante mayo de 2011, reclamaron la renegociación de los fundamentos económicos, políticos y sociales vigentes.

 Flowing (Cibeles)

Situada en la Plaza de Cibeles, Flowing muestra una gran masa de gotas de agua en expansión, suspendidas entorno a una figura humana realizada con el mismo material líquido.

La imagen contrasta, tanto visual como conceptualmente, con la ordenada canalización del agua de la fuente neoclásica diseñada por el arquitecto Ventura Rodríguez, con los posibles cauces narrativos que caracterizan la esencia de los discursos mitológicos y con el simbolismo de algunos edificios que integran la arquitectura de la plaza, como el Palacio de Telecomunicaciones, El Banco de España o la Casa de América.

Lo absolutamente salvaje y no familiar de un fragmento oceánico reside, como los animales y las plantas, junto a nosotros. Ajena al pensamiento estratégico, bélico y protector, al espacio como trayecto de navegación, control y unificación del territorio y a los intercambios económicos y comunicacionales, la nueva Cibeles explota en una temporalidad múltiple que no coincide jamás con la nuestra, disolviendo la construcción de las subjetividades fuertes y abriendo una discontinuidad en los juegos eucrónicos de saber y poder.

EJDLD (Museo del Prado)

Junto a la arquitectura neoclásica del Museo del Prado, Picota Collective reinterpreta algunas construcciones oníricas contenidas en el tríptico El Jardín de las Delicias, pintando por El Bosco entre 1500 y 1505. Dos esferas suspendidas en el espacio, a modo de meteoritos o exoplanetas conectados con leyes gravitatorias desconocidas, fusionan la lógica jerárquica de Infierno, Edén y Paraíso que articula las partes componentes de la pintura, alterando, así, los fundamentos iconológicos de nuestro universo simbólico tradicional.

Incomprensibles en su singularidad, estas extravagantes burbujas astrológicas modifican los sistemas causales de premio-castigo-deuda, los relatos de culpa y resentimiento y las determinaciones del presente como punto de un tiempo lineal que ha originado, históricamente, relatos que narran los fines trascendentes de la historia.

Las diferentes escatologías temporales encuentran en EJDLD una indefinida esferología plural y un despliegue policrónico que acepta, como origen delirante, el pluralismo de los seres y la complejidad de los fenómenos.

Sparkling-Water (Museo Reina Sofía)

La plaza del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, cercana a la mítica escultura El pueblo español, tiene un camino que conduce a una estrella, la artista alemana de origen afgano Thamina Rastagar ha creado una pieza que reinterpreta los símbolos del espacio en que se ubica.

A diferencia de la materialidad de la escultura de Alberto Sánchez y de la geometría basada en el ángulo recto de la arquitectura circundante, la pieza Sparkling-Water funciona como una delicada morfología de puntos y líneas que, a modo de orografía, crece verticalmente desde el pavimento.

Cada nodo esférico aparece como la semilla inmaterial de una historia no dicha, configurando un neo-cosmos de gotas de agua que altera las articulaciones lineales del tiempo. Desde la solidez y la uniformidad de los relatos históricos hegemónicos transitamos hacia la levedad de los acontecimientos estéticos que surgen de modo inocente, como la espuma, abriéndose a temporalidades frágiles, más próximas al cambio y a lo múltiple que a la rigidez de las estructuras fuertes y objetivas de lo real.

World (Plaza Mayor)

En el centro de la Plaza Mayor de Madrid, la obra World del artista francés Cyril Lancelin (Town and Concrete) introduce una enorme estructura cilíndrica que, a modo de laberinto virtual, ocupa el espacio cercano a la escultura ecuestre de Felipe III. Su arquitectura delirante, una interpretación del trazado infinito de los arcos contenidos en los frentes de la plaza, no se detiene solo en la generación de un espacio-esponja que juega a alterar los límites entre interior y exterior. 

Contra la articulación de los organismos vivos, un mundo infra-biológico sin principio ni fin ha aumentado su escala hasta convertirse en una enorme entidad ambigua, semejante a la traducción topológica de algo radicalmente desconocido, que oscila entre la alteración genética, los experimentos de flotación aeronáutica y la extravagancia física.

Frente al tiempo lineal y mensurable del reloj, implantado en las grandes metrópolis contemporáneas como puntualidad de la mirada, el animal ciego de World crea un mundo perceptivo absolutamente extraño a la visibilidad, una zona autónoma temporal que disloca los espacios energéticamente neutros para inaugurar un tiempo polimorfo, abierto a duraciones e intervalos diferentes a lo humano.

  The Electric Trash (Plaza del Callao)

En la Plaza de Callao, el colectivo hispano-belga Groupe électrogène (David Disparos y Naomi Hansenne) crea una experiencia de inmersión a través del entorno virtual The Electric Trash, una particular jungla que muestra los efectos de la contaminación producida por la actividad humana.

Al extrañamiento de un tiempo tropicalizado construido por palmeras, plantas y vegetales, se añaden configuraciones formales realizadas con materiales de desecho resultantes de los procesos de explotación de las reservas naturales, como aceite, petróleo, plástico, cristal o piedras preciosas.

La voluntad de dominio de todo lo que existe característica de la Modernidad termina por generar un pensamiento no sostenible que, inevitablemente, nos devuelve la imposibilidad de racionalizar lo real a través de restos de basura, cadáveres del tiempo cronológico que llegan a interferir, modificar y distorsionar la inmaterialidad y la virtualidad de nuestros paisajes imaginarios.

Memory (Plaza de España)

La pieza Memory, de Jordi García Pons, desvela las posibles asociaciones entre tiempo, historia y memoria. Sobre la fachada del frente principal del Edificio España, diseñado en época franquista por Julián Otamendi, se superpone la simulación virtual de un “remolino” que, semejante a un agujero negro, arrastra hacia su interior un amasijo de materiales y restos de construcción.

La arquitectura geométrica propia de la racionalidad cartesiana es curvada por un espacio-tiempo que absorbe y fractura la homogeneidad del tiempo único de los estados totalitarios, produciendo la deconstrucción de toda comprensión del pasado como monumentalidad y del presente como absolutismo. La mirada asiste a un acontecimiento donde la uniformidad dogmática de lo público y lo privado se abre a una discontinuidad radical, de cuyos fragmentos surge un precario y desconocido espacio democrático de lo común.

  Intangible – Fugu Twist  (Tempo de Debod)

En las proximidades del Templo de Debod, Luigi Honorat ha situado la pieza titulada Intangible – Fugu Twist. Una figura negra muestra las tensiones epidérmicas producidas por un conjunto de vértices sobre un volúmen elástico que, a modo de polígono post-euclidiano, metaboliza múltiples transformaciones.

Del minimalismo cuadrangular de los bloques pétreos trasladados desde Egipto hasta Madrid que constituyen las piezas componentes de la arquitectura del templo, pasamos a una mutabilidad estructural que muestra la complejidad de mundos posibles.

Aquello que Nietzsche denominó egipticismo, y que se define como un apego excesivo a la unidad, a la eternidad y a la identidad, deviene aquí traducción topológica. Sin inscribirse en preconcepciones y en momificaciones conceptuales, Intangible – Fugu Twist se abre a la aceptación de fenómenos exteriores, caóticos, sin fundamento subyacente, y a la consiguiente necesidad de generar nuevos juegos de lenguaje y redescripciones inéditas de mundo.

Astros (Palacio Real)

Situada junto al Palacio Real de Madrid, la pieza Astros, de José Miguel Marín, plantea la creación de un universo alternativo. Tomando como nuevo eje de atracción gravitatoria un punto desorbitado ajeno a las relaciones de congruencia de la física clásica, un conjunto de planetas, que conservan su ritmo real de traslación, giran, con sus leyes autónomas, dentro de nuestra atmósfera, realizando una coreografía potencial tan imposible como secreta.

Si las imágenes telescópicas han servido, históricamente, para producir cartografías domésticas del cielo, aproximando y haciendo humano lo radicalmente desconocido, estos objetos, acósmicos y solitarios, más que acercar los sistemas astronómicos existentes para su conquista, manifiestan la imposibilidad de conocer y experimentar de modo real el espacio exterior, tan irrepresentable, virtual y lejano como la realidad de los hechos construidos por la ciencia.

Como burbujas que podrían desaparecer, los planetas flotan indiferentes, prefigurando mundos ignorados que, pese a su cercanía, no podemos habitar.

Écorché (Plaza de Isabel II)

Junto al edificio del Teatro Real, Luigi Honorat, artista parisino que actualmente vive y trabaja en Tokio, sitúa Écorché #5, una instalación virtual realizada a partir de la captación cronofotográfica de los movimientos desarrollados en distintos puntos del espacio por una figura que ejecuta una performance de danza japonesa Butoh. La integridad del cuerpo del actor como núcleo de expresividad y como centro emisor de una voz que crea contextos comunicativos asociados a la puntualidad de la presencia es puesta en duda a través de la generación de cuerpos minimizados. 

Honorat presenta los fragmentos de un ecorché digital, una anatomía sin órganos cuya superficie epidérmica, construida a partir de geometrías que parecen remitir a una piel pixelada, solo deja ver su fundamento vacío.

Frente a la continuidad de los escenarios principales de la representación y la narración y contra la teledirección de los acontecimientos, encontramos apariciones fantasmáticas, espectros que recorren, con una ambigua intensidad, los márgenes teatrales para socavar la acústica correcta de los discursos y desorganizar, en tics de ausencia y discontinuidad, el sistema nervioso del tiempo.

 Tiempo (Glorieta de Atocha)

Durante el siglo XIX, las estaciones de tren sirvieron como puntos referenciales para sincronizar diferentes zonas geográficas. El tiempo único del reloj se imponía, bajo los paradigmas modernos de la puntualidad, a la multiplicidad y singularidad de los tiempos locales. La pieza Tiempo, del artista argentino Nadir Perazzo, ubicada junto a la Estación de Atocha y a su torre del reloj, propone desarticular la implantación global de la cronología.

Una figura semejante a una madeja de hilo convierte el tiempo en una superficie a tejer o a destejer al margen de conceptos preestablecidos. Atocha deja de ser un lugar donde el viaje se concibe como un movimiento indiferente entre dos puntos neutros del espacio para convertirse en aventura y salto hacia lo desconocido.

Frente a la uniformidad del tiempo de la máquina, los viajeros encuentran la flexibilidad y maleabilidad de destinos y metas reversibles, ampliando hasta el infinito las posibilidades de sus desplazamientos y trayectos vitales.