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Caída de ingresos de los trabajadores, extensión de la pobreza y aumento de la necesidad severa: estos son los principales efectos que está teniendo la crisis del covid-19 en la sociedad española, según la Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas).

El organismo asegura en un estudio que el impacto asiméstrico de la pandemia amenaza con aumentar la desigualdad social, pese a las políticas que se han puesto en marcha, como por ejemplo la flexibilización de los ERTE o la activación del Ingreso Mínimo Vital (IMV).

«El confinamiento y las restricciones al movimiento de personas han tenido un fuerte impacto en el empleo y permiten anticipar un mayor deterioro generalizado de los indicadores de desigualdad social y pobreza en España«, sostiene Funcas, que pone sobre la mesa varios datos oficiales para hacer un análisis prelimiar sobre cómo está impactando la pandemia.

Según la Encuesta de Población Activa publicada por el INE, el número de hogares sin ningún tipo de ingresos había aumentado en el segundo trimestre del año en 105.600 respecto al último trimestre de 2019, con un total de 278.000 personas.

Más reciente es este dato: a finales de septiembre eran en torno a 1,25 millones más que en febrero los trabajadores que percibían prestaciones derivadas del empleo (por ERTE, por desempleo, o por cese de actividad en el caso de los autónomos). Y «como poco, suponían una reducción del 30% de su salario previo». En el mes de abril, en pleno estado de alarma y con la primera ola del coronavirus en su punto álgido, el número de personas que bien por haber causado baja como afiliados a la Seguridad Social, bien por encontrarse en ERTE, o por percibir la prestación extraordinaria para autónomos por cese de actividad, hasta 5,3 millones de personas percibieron ingresos inferiores a sus salarios.

Otro factor de riesgo que detecta Funcas es que las empresas más endeudadas, y por ello las que tienen más riesgo de insolvencia, «emplean actualmente en España a unos 2,2 millones de personas«. Por tanto, añade la fundación, «son empleos vulnerables, sobre todo en los sectores más afectados por la pandemia, cuyo mantenimiento solo será posible si las empresas en hibernación pueden reactivarse».

El estudio también sostiene que una de las características de la crisis provocada por la situación de emergencia sanitaria es su impacto asimétrico, y que sitúa a los trabajadores de salarios bajos como los principales damnificados. En concreto, recalca que «la pérdida de ingresos se concentra en los estratos de menor renta, más asociados a las actividades que no se han podido realizar durante el confinamiento y a los sectores, como el turístico, con mayores dificultades para reanudar su actividad. Es decir, que las personas más castigadas principalmente trabajaban en los sectores donde ya se concentraban los salarios medios más bajos del mercado laboral».

Por otro lado, Funcas alerta de que las medidas de contención que se han puesto en marcha en los últimos meses no son suficientes como para evitar la desigualdad de cara al futuro.»El aumento en la desigualdad se ha mitigado por los ERTE y otras medidas implementadas para compensar la caída de la actividad, de forma que, de momento, el impacto es menos significativo de lo que se podía temer en comparación con crisis anteriores y teniendo en cuenta la magnitud sin precedentes del ‘shock'», sostiene el organismo. Sin embargo, puntualiza, «la cobertura de las medidas de prevención y contención de la crisis está sujeta a condiciones que limitan su universalidad y no han podido evitar que aumente la pobreza efectiva en algunos colectivos».

La fundación insiste en que muchas familias de los estratos sociales que ya tenían de por sí rentas bajas están entrando en situación de necesidad severa, lo que les está llevando a pedir ayuda a las grandes ONG.

«Ante los huecos en la cobertura de las políticas sociales, por diseño o por su implementación, la demanda de acción social por parte de Cáritas, Cruz Roja o FESBAL ha crecido enormemente», recalca Funcas, que estima que dicha demanda se ha disparado entre  un 40% y un 60% durante los seis primeros meses de la pandemia.

Según su estudio, entre una cuarta parte y un tercio de esa demanda está formada por personas que han recurrido por primera vez a los servicios que ofrecen estas organizaciones (entre 150.000 y 200.000 personas) y, por tanto, cabe atribuir su situación al impacto de la crisis. Entre el perfil de esos nuevos solicitantes no solo hay inmigrantes, miembros de familias monoparentales o personas sin ingresos o ingresos bajos y/o irregulares, sino que también habría jóvenes. Sobre este colectivo, un estudio de Caixabank Research sostiene que la pandemia ha reducido un 45% sus ingresos, sobre todo de los ‘millennials’ y la generación Z.

«Aunque la crisis aún se está desarrollando y los datos disponibles son incompletos, el análisis del impacto social de la pandemia en España a día de hoy es útil para identificar los problemas y las necesidades que se van a plantear en el futuro. Si la crisis se prolonga, la sociedad española puede enfrentarse a serios riesgos de cohesión social», alerta Funcas.

Y añade que, en este escenario, «los principales desafíos pasan por reactivar el empleo en hibernación (o restringido por las medidas de contención de contagios); mejorar la situación de los colectivos vulnerables no cubiertos (o insuficientemente cubiertos) por las medidas actuales; la gestión y coordinación de las políticas sociales; la sostenibilidad financiera de las medidas anticrisis en un entorno económico complicado con un elevado déficit público; y la búsqueda de consensos políticos y sociales para aprobar e implementar ágilmente políticas eficaces contra las repercusiones sociales más negativas de la pandemia».