Vamos a meternos en un jardín, pero las festividades que llegan se prestan a ello. A las puertas de Halloween o, para los más arraigados a la tradición nacional, el Día de Todos los Santos, queremos recuperar el debate sobre la existencia de los espíritus, y si pueden quedarse anclados en este mundo, sin transitar al otro, en casas y edificios.

Sobre esta materia han corrido ríos de tinta y no solo eso, existe una extensa filmografía al respecto, desde películas de terror puro y duro a otras que combinan el drama y el suspense, como puede ser la cinta española de El Orfanato, que se rodó en el palacio de Partarriu, en Llanes (Asturias).

Lo que es innegable es que, al igual que se hace una limpieza física, en algunas casas se llevan a cabo las denominadas ‘limpiezas espíritas’ (que no espirituales): porque se intuye la presencia de energías, porque ha habido sucesos traumáticos o simplemente porque el dueño presiente algo. Las razones son diversas.

Pero, ¿cómo se llevan a cabo estos rituales? ¿Hay mayor demanda en estas fechas? Victoria Braojos Ayala, directora de La Orden de Ayala y médium, los lleva realizando desde que tenía 18 años. “Hay que comprobar si realmente hay un espíritu o varios. En los días previos a realizar la limpieza espírita voy a la casa para ver si así es y luego se lleva a cabo el ritual que lo que hace es ayudar a que se vaya, abrirle el camino. A veces un único ritual no funciona y hay que repetirlo”, explica.

No necesariamente hay más rituales de este tipo por estas fechas, se dan durante todo el año, aclara Braojos, sobre todo cuando hay que comprar o vender un inmueble. En ese momento es cuando acuden a ella. El precio es muy variable, va desde los 150 euros a los 2.000. Pero, ¿cómo se realiza una limpieza de este tipo?

Acudimos con Braojos a una casa abandonada en las afueras de Tomelloso, en Ciudad Real. Nos facilita la entrada Paqui Montañés, una de las dueñas, quien nos cuenta que era su casa de fin de semana y que lleva abandonada algo más de cuatro años. Malas hierbas y maleza por doquier, un oxidado columpio y un árbol caído justo frente a la entrada testimonian ese abandono: la finca Buenos Aires conoció mejores tiempos y ahora está en pleno declive. La familia hace tiempo que quiere venderlo, pero un conflicto de intereses entre la madre y las hijas lo impide. Eso y que, al parecer, en la casa habitan varios espíritus y uno de ellos tampoco está favoreciendo esa venta.

Braojos fue unos días antes a testar la casa, tras lo cual, monta los denominados altares de bóveda, poniendo en ellos los elementos que los espíritus le hayan pedido. Hay dos altares, y en ellos podemos ver copas que se llenan con agua, un espejo, distintas velas, la cruz, sal, incienso, carbones y un objeto que perteneciese a uno de los fallecidos, en este caso, el bastón del padre de Paqui.  “Aquí detecté varias energías, siete en total, por eso hay siete velas, las velas les indican el camino. También hay siete copas con agua. Los espíritus que detecté me pidieron un espejo cuadrado, yo suelo trabajar con redondos y, además, estas copas antiguas labradas”, explica.

El altar de bóveda sirve para llamar a los espíritus que puedan habitar la casa, el espejo es el portal de entrada y las velas, les indican el camino a seguir. Una vez han sido llamados a través de ese primer altar, en el segundo altar, que está situado enfrente, hace una ceremonia con otras velas y allí se les pide que dejen de habitar esa casa: “O que, si la habitan, que se acabe el conflicto. Es como si hiciese un trato con ellos. Una vez acabado el ritual, por el espejo regresan a su dimensión. El espejo es un portal. Y después, al finalizar, hay que enterrar los elementos utilizados, la sal, las velas y los restos de cera, por ejemplo, en un sitio determinado”, comenta. ¿Por qué en este tipo de rituales hay una cruz? “La cruz es anterior al catolicismo, la adopta Jesús, pero es anterior. Siempre ha sido protectora. Además, si la familia que pide el ritual es católica, se sienten así más protegidos”.

Antes de iniciar la limpieza espírita, Braojos nos da un protector que lleva azufre, sal y ruda, que tiene que estar en contacto con la piel en todo momento. Ella misma realiza el ritual desde un círculo de sal: “Daos cuenta de que cuando llamas a las energías puede acudir cualquiera, también una negativa. Y esto es una forma de protegernos frente a ella, el azufre impide que te llegue. Eso o vestirse de negro, el luto es un protector”. En esta casa no detecta ninguna energía negativa, pero en alguna ocasión le ha ocurrido.

La madre de Braojos también fue médium y montaba altares, pero de ánimas. ¿En qué se diferencian los altares de bóveda de los que se ponen en México por el Día de Todos los Santos? “En México se hacen para que los espíritus se reúnan en esa fecha con los familiares y el objetivo del altar de bóveda es completamente diferente”, aclara.

Paqui, la dueña, que está presente en todo momento en el el ritual, confía en que haga efecto y puedan finalmente deshacerse de la casa en la que en su día fueron muy felices, pero que ahora no es más que un quebradero de cabeza y un lugar que resulta doloroso.

El ritual ha finalizado y en el salón ya no se oye el crepitar de las velas, solo el viento en el exterior: Braojos recoge todos los utensilios y se lleva el espejo. Nos percatamos de que tapó uno que los propietarios tenían en el salón: solo debe haber un portal de entrada. “Y si se rompe el espejo es que el espíritu se ha quedado”.

Ya se sabe, sobre todo para los supersticiosos, de la maldición que supone un espejo roto. Pero hoy ha habido suerte y se ha quedado intacto.