Artículo escrito por Hispalyt, Asociación Española de Fabricantes de Ladrillos y Tejas de Arcilla Cocida y Gremi de Rajolers de la Comunitat Valenciana.

Lograr cero accidentes laborales ha sido y es uno de los objetivos más perseguidos por las empresas de cualquier sector. Sin embargo, en ámbitos como la industria, donde es necesario el uso de maquinaria pesada, y en ocasiones peligrosa, este reto es especialmente significativo, sobre todo con los datos delante. Según las cifras del Ministerio de Trabajo, en España en 2018, se produjeron 617.488 accidentes de trabajo que causaron baja. De estos, 101.366 tuvieron lugar en el sector de la industria manufacturera.

Desde el sector industrial de la cerámica estructural, representada por Hispalyt y el Gremi de Rajolers de la Comunitat Valenciana, somos muy conscientes de la necesidad de implementar procesos que contribuyan a reducir notablemente el riesgo laboral en las fábricas de ladrillos y tejas. Las empresas integradas en este sector están alineadas con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y trabajan de forma decidida para dar cumplimiento a los ODS 8 y 9: promover el crecimiento económico sostenido, inclusivo y sostenible, el empleo pleno y productivo y el trabajo decente para todos. Y construir infraestructuras resilientes, promover la industrialización inclusiva y sostenible y fomentar la innovación.

De esta manera, no solo se ha trabajado en el desarrollo de manuales para garantizar la seguridad laboral a lo largo de todo el proceso de fabricación, también se han llevado a cabo ambiciosos planes de seguridad donde la información y formación al trabajador han sido muy importantes. En los últimos 3 años, por ejemplo, se han realizado 144 cursos de formación en Prevención de Riesgos Laborales, en los que 1.657 personas han sido formadas en cursos presenciales de una duración entre 4 y 6 horas, según el Centro Tecnológico del Mármol, entidad con la que colaboramos para la impartición de dichos cursos. Asimismo, se han adoptado todas aquellas precauciones y medidas de seguridad recomendadas, yendo más allá en muchas ocasiones, para reducir paulatinamente el número de accidentes en el ámbito laboral. Tanto es así, que es habitual encontrar compañías que pueden exhibir en sus centros de trabajo placas con el mensaje “cero accidentes”.

Particularmente nuestro sector enfrenta el reto de la adecuación a la normativa frente al riesgo por exposición a Sílice Cristalina (SCR). Según datos del Instituto Nacional de Silicosis (INS), la incidencia del polvo respirable y la SCR en forma de silicosis u otras neumoconiosis tiene una incidencia del 0,006% en el sector de la cerámica y los refractarios (al no estar esta información desagregada para nuestro sector), abarcando los casos identificados en los últimos 10 años. Pese a la casi despreciable incidencia, el sector mantiene un esfuerzo de vigilancia, formación e información para la preservación de la salud de los trabajadores y así continuar a la cabeza de la protección de estos derechos.

Sin embargo, en el año 2020 y en el presente 2021 un nuevo reto se ha sumado a la seguridad laboral, el control de la propagación de una enfermedad desconocida hasta la fecha. La Covid-19 no solo ha afectado a nuestra forma de vivir o a cómo nos relacionamos con nuestro entorno a nivel social, también ha introducido importantes cambios en los centros de trabajo, como la distancia de seguridad, la higiene de manos y la mascarilla. Y algunos parece que vienen para quedarse.

Tras el parón de los meses de marzo y abril de 2020, la industria manufacturera y, en concreto, el sector de los fabricantes cerámicos, tomó conciencia de este desafío e implementó todas las medidas disponibles para garantizar la seguridad de los trabajadores en sus centros de trabajo. Se fomentó el teletrabajo cuando era posible; se crearon turnos para la entrada y salida del personal en oficinas y fábricas; y se instalaron dispensadores con gel hidroalcohólico y puntos para desechar de manera segura material sanitario, como pañuelos higiénicos o mascarillas. La distancia de seguridad se convirtió en un mantra y, entre aquellos operarios que por su ocupación no podían mantener dicha distancia, se distribuyeron equipos de protección adecuados. Y se crearon protocolos de actuación para reaccionar de manera rápida y segura ante el menor síntoma de coronavirus, siempre atendiendo a las recomendaciones hechas desde Sanidad y las Comunidades Autónomas.

En definitiva, el sector puso en marcha todas las herramientas que estaban a su disposición para incrementar la seguridad, manteniendo la actividad.

En el Día Mundial de la Seguridad y la Salud en el Trabajo, que se celebra el 28 de abril, se ha querido reflejar la magnitud de esta situación, poniendo el foco no solo en el coronavirus, sino en la detección y freno de la trasmisión de las enfermedades infecciosas, que también causan importantes bajas en el ámbito laboral.

La adopción de medidas preventivas no solo evita el contagio, también salva vidas. Desde el sector industrial de la cerámica estructural no podemos estar más de acuerdo con esta afirmación, compartiendo plenamente el objetivo de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) de crear conciencia social sobre la relevancia de preservar la salud y reforzar la seguridad en el ámbito laboral. Por este motivo, creemos que algunas de las medidas de prevención que han llegado de manos del coronavirus se mantendrán en el tiempo, como herramientas útiles para convertir los entornos laborales en espacios más seguros. Y no solo para el trabajador. El control de enfermedades víricas mejorará la salud laboral, pero también tendrá su impacto social, reduciendo la incidencia de patologías comunes, como la gripe, pero potencialmente peligrosas según la franja de población.

Esperamos que, al término de esta pandemia, hayamos tomado conciencia de lo que podemos hacer desde el entorno laboral para mejorar la salud en otros ámbitos sociales.