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España ha empezado el año con buen pie:  mantiene el buen tono económico, sigue creando empleo y captando miles de millones de inversión extranjera. Y ahora las agencias de calificación más importantes del planeta han mejorado en bloque la nota de nuestra deuda soberana.

En menos de tres meses, las estadounidenses Fitch, Standard&Poor’s y Moody’s y la canadiense DBRS han anunciado una subida del rating de España, que ha pasado de tener una nota de solvencia de aprobado alto a notable bajo.

La primera en hacerlo fue Fitch, que a mediados de enero volvió a situar a nuestro país en el escalón A, un nivel que perdió en el año 2012, otorgando un rating de A- con perspectiva estable, lo que deja entrever que podría mantener sin cambios dicha calificación en los próximos 12 meses.

Standard&Poor’s siguió sus pasos a finales de marzo, cuando también decidió subir un escalón el rating doméstico hasta A-, aunque en este caso mejoró la perspectiva a positiva, lo que abre la puerta a nuevas mejoras en las próximas revisiones.

Unos días después le llegó el turno a DBRS, que a principios de abril situó la nueva nota en A con perspectiva estable, mientras que el pasado viernes 13 de abril fue el turno de Moody’s, quizá la agencia más crítica con nuestro país en los momentos más duros de la crisis y en plena recuperación económica.

Tanto es así que es la única que mantiene el rating de España en el nivel de aprobado. Y es que ha situado el rating en Baa1 con perspectiva estable, frente al Baa2 con perspectiva estable previo en el que llevaba desde febrero de 2014. Así, está a un solo escalón de recuperar el notable.

¿Y a qué se debe esta mejora generalizada? Según han explicado los propios organismos, las subidas de rating se deben a un cúmulo de factores: la economía de España está creciendo con fuerza y de manera equilibrada, los desequilibrios económicos como el déficit se están corrigiendo, el sector privado se ha desendeudado mucho en los últimos años, las tensiones políticas en Cataluña no están teniendo un efecto de arrastre y el sector financiero cada vez está en mejor forma.

Éste es uno de los motivos más importantes según explican desde la Asociación Española de Banca (AEB), que habla de “una clara mejora en las condiciones de financiación gracias a las decisiones tomadas por el BCE durante la crisis, que han facilitado tanto una mejora en los costes de financiación como el propio funcionamiento del mercado. Unos beneficios que se han canalizado hacia la economía real, el objetivo último de estas medidas monetarias”.

La patronal financiera también insiste en que “el elevado dinamismo que muestra la economía española en estos momentos descansa en el esfuerzo realizado por la sociedad para superar los desajustes del pasado, obteniendo el mayor beneficio a través de unas condiciones de financiación muy favorables. Y sin los bancos españoles esto no habría sido posible”.

En cambio, desde el equipo de análisis de Bankinter dan más importancia al equilibro de la economía y a que el fuerte crecimiento le ha permitido resistir factores políticos y debilidades institucionales por la situación de Cataluña. En este sentido, Moody’s cree que la crisis catalana “probablemente seguirá suponiendo un riesgo para la economía española durante algún tiempo, pero las mejoras económicas de los últimos años están lo suficientemente arraigadas”.

No obstante, nuestro país todavía está muy lejos de la triple A que disfrutaba hace una década, cuando todas las agencias ponían matrícula de honor a la solvencia de la deuda española. Pasada la crisis, no obstante, solo un puñado de países han logrado mantener ese honor.  

El impacto para España

La mejora del rating tiene un impacto directo en los mercados. Y es que, cuanto mayor es la solvencia de un país, menor es su riesgo de impago, lo que conlleva una caída de los intereses que le exigen los inversores a cambio de comprar su deuda. Dicho de otro modo: a partir de ahora España tendrá que pagar menos intereses a los inversores por financiarse, lo que supondrá un ahorro para el Tesoro Público. 

Además, la deuda española podrá entrar en radar de fondos y otros grandes inversores que se hayan marcado como política invertir solo en países con un rating A en adelante. Esto debería dar más liquidez a la renta fija doméstica.

Por último, y como viene siendo habitual, las decisiones que las agencias de rating toman en los países se acaban reflejando también en el sector financiero. Así, las principales entidades españolas también han vivido una mejora del rating en estas últimas semanas.

Todas estas mejoras se están proyectando en la prima de riesgo de España, que es el baremo que mide cuánto debe pagar de más España frente a Alemania por ser menos fiable para la comunidad inversora. Si a finales del año pasado el riesgo país se situaba por encima de los 100 puntos básicos, en las últimas semanas se mantiene estable por debajo de los 80 enteros.