Gtres

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En los últimos meses todo suena a sostenibilidad y circularidad, llegando incluso a estar dedicada a la Gastronomía Circular la XIX de Madrid Fusión que se ha celebrado en junio.

Y es que la sostenibilidad está siendo abanderada cada día por más entidades y empresas, unas llevan años ajustando su proceso productivo, otras están comenzando a reducir su impacto con gran convicción de su consejo de administración y finalmente están las se suman “porque es lo que toca”. Si bien lo último es lo menos deseable, lo más importante es que no quede en añadir al final de cada producto o servicio la palabra “sostenible”, siendo parte de un slogan o una campaña de Marketing.

El sector de la construcción es un importante motor económico, generador de empleo, impulsor del desarrollo de territorio y de la calidad de vida de sus habitantes, sin embargo, también es una industria que utiliza el 50% de los materiales extraídos, produce el 35% de los residuos generados en la UE y es responsable del 5-12% de las emisiones de GEI (incluyendo extracción, fabricación de productos de construcción y proceso constructivo), según datos de la UE. Por ello, se trabaja para aplicar criterios de sostenibilidad a lo largo del proceso productivo, explotación y al final de su vida útil.

Comisión Europea

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La disrupción del covid-19 ha hecho que el usuario final cambie la mirada hacia su vivienda y al querer actualizarla, ha producido un crecimiento casi desenfrenado en las solicitudes de profesionales recibidas por Habitissimo en 2020, como indica en su Informe anual sobre la Reforma. Dado que el ciudadano es el agente activador del proceso de rehabilitación nos debemos preguntar si es consciente del rango de mejora de su vivienda en términos de reducción de la demanda, eficiencia energética y uso de renovables, o si por el contrario se centra en mejorar su habitabilidad (confort térmico, acústico, lumínico) y estética.

El mensaje vinculado a la mejora del parque inmobiliario ha ido evolucionando desde el concepto de la “eficiencia energética” hacia la “ciudad sostenible”, reflejando la necesidad de tener una visión más amplia del impacto, del ciclo de vida completo y sin comprometer a las necesidades de futuras generaciones. El ciudadano lo ha ido interiorizando, siendo el consumo energético de la vivienda la tercera característica más valorada a la hora de comprar un inmueble, según el Barómetro ISOVER & Placo® sobre los hogares recientemente publicado.

La preocupación por el medio ambiente ocupa el tercer lugar entre las motivaciones para mejorar la eficiencia energética de la vivienda, pues el ciudadano percibe de forma clara la vinculación directa de su comportamiento individual en el bien común, el planeta que habitamos. Esto hace que esté más predispuesto a consumir e invertir en productos y servicios alineados con sus principios. Una interesante oportunidad para aquellas empresas que así lo afronten.

Para lograr una intervención alineada con los objetivos de sostenibilidad en el ámbito del edificio es esencial lograr que el usuario sea consciente de su situación actual, del potencial de mejora y cuál es la mejor manera de lograrlo. Para ello, contamos con dos buenos instrumentos cercanos para el ciudadano: el certificado energético y el libro del edificio.

En relación al primero, muchas personas pueden indicarnos sin pestañear el consumo de su vehículo o la letra de calificación energética del último electrodoméstico que adquirió, sin embargo, si le preguntamos sobre la de su vivienda, el 45% lo desconoce según el Barómetro. Lo que es llamativo cuando la energía consumida (que no coste) del hogar suponía hace unos años un 50% más que el del coche y pasamos de media unas 15 horas al día en la vivienda. Quizás se deba al hecho de que abrimos el monedero cada vez que llenamos el depósito y, sin embargo, los recibos de la vivienda son domiciliados.

Peor situación se produce en cuanto al Libro del Edificio construido, a veces extraviado, a veces incompleto, y en general, poco consultado o actualizado. Por ello, es tan importante la Línea “Impulso del Libro del edificio existente y digitalización” del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR) dotada con 278 millones de euros que espera alcanzar a unos 60.000 edificios con libro y a unos 14.000 con proyecto de rehabilitación que les ayude programar las intervenciones de forma progresiva. La digitalización del Libro del Edificio facilitará su incorporación real al mantenimiento operativo del edificio, manteniéndolo vivo y actualizado, posibilitando también el conocimiento del estado pormenorizado del parque inmobiliario por parte de las entidades públicas para ayudar a definir sus políticas.

Debemos lograr la incorporación de estos dos elementos (Calificación de Eficiencia energética de un edificio/vivienda y el Libro Digital del Edificio) en la toma de decisiones del ciudadano a la hora de planificar la intervención de su vivienda o edificio para que tome consciencia de la mejora que logrará con las actuaciones emprendidas.

Añadiría un tercero, los indicadores básicos de sostenibilidad de Level(s) vinculados con el uso de materiales y agua, salud y habitabilidad, así como con los impactos del cambio climático, que si bien son una herramienta para técnicos, constructoras y Administraciones Públicas, también serán de ayuda al usuario final para seguir la senda de la sostenibilidad en la toma de decisiones sobre el inmueble a lo largo de su ciclo de vida.

Evolucionamos hacia una sociedad sostenible, debiendo cada empresa elegir el papel que desea jugar en el proceso de transformación, pues sin duda, no se trata de una moda pasajera.