Seguro que distingues, sin problema, el que hace su trabajo, sea el que sea, como un mero trámite del que le pone pasión a la cosa, ¿verdad? Se nota en su gestual, en su actitud, en la forma en cómo te lo cuenta…. Antonio del Solar, es sin duda, del segundo grupo: un señor encantador que podría pasarse horas, y las pasa, hablándote de su pasión: los cielos. ¡Qué se puede esperar sino, de una persona que hizo más de 4.000 fotos al cometa Hyakutake, al que siguió durante dos meses: “Era un cometa con 3 kilómetros de diámetro la bola de fuego y la cola llegó a tener 150 kilómetros, medio cielo era el cometa, una preciosidad, aquello era espectacular… Ha sido el cometa que más cerca ha pasado de la tierra: estuve todas las noches que pude, me iba a más de 80 kilómetros de Madrid, a hacer fotos. Es el cometa más bonito que he visto yo“, explica del Solar mientras nos va enseñando fotos en su ordenador. Si le das cancha, puedes pasarte la mañana escuchándole pero justo ahora entra un cliente preguntando por una cámara y tiene que parar la charla.

Del Solar liquida su tienda de cámaras analógicas en Madrid: nos enteramos de ello porque un usuario de Twitter lo contó en la red. Ese inocente mensaje generó colas en la puerta de la pequeña tienda de Antonio, ni él mismo se lo creía: durante varias semanas, cada vez que iba a abrir, se encontraba con una cola de personas que daba la vuelta a la manzana. No todos se llevaban una cámara, algunos sí, pero todos querían curiosear en esta cueva de los tesoros.. “Yo no me lo esperaba porque además, soy un desordenado, no suelo tener marcado con precios el material que se vende…”. Del Solar liquida la tienda porque se ha jubilado y quiere que esos materiales se queden en manos de amantes de la fotografía, porque todos “esos artilugios son preciosos”, dice. Pero mejor, vayamos al inicio de esta historia.

Antonio trabajó en una empresa donde reparaba flashes electrónicos, ahí empezó todo. Después se estableció por su cuenta, tuvo un taller de reparación de material fotográfico durante 45 años: no vendía, solo reparaba. Y también prestó sus servicios durante más de 30 años en el Planetario: “Aquello era una gozada por eso llevo 50 años haciendo fotos de todo lo que hay por ahí”. La pasión por los cielos le viene desde que era un enano: “Cuando era pequeño, lo recuerdo todavía, esas cosas no se borran jamás, llegaba la época de la siega, en Extremadura, en Navalmoral de la Mata, y te tumbabas en la era y aquello era una preciosidad, sin artilugios, sin nada, porque éramos niños y no teníamos ni prismáticos. Y cuando volví a Madrid aquella fiebre siguió y ya empecé a tener medios para mirar. Y sigo: todos los días hago fotos al sol”, nos explica. Damos fe de ello, porque son muchas las fotografías, en distintos formatos, que visten las paredes de esta modesta tienda y todas aquellas que regala a los niños que pasan por allí o aquellos a los que ve en sus charlas sobre astronomía, que imparte con gusto en numerosos colegios. Porque Antonio es un estupendo fotógrafo pero además, un maravilloso pedagogo y está empeñado en que los más pequeños se animen a mirar hacia arriba: “Lo hacía con mis nietas, me las llevaba al campo. Lo sigo haciendo, ahora son más mayores, ahora buscamos fósiles por ejemplo. Y a ellas les encanta”. Y nos enseña la foto de la última salida porque al fin y al cabo, hablamos de fotografía y de cientos de cámaras que se acumulan en los estantes de la tienda.

¿Cuántas hay? No lo sabe, nunca las ha contado. ¿Qué marca le gusta más? Muchas, no sabría decirte, todas las grandes marcas le han enamorado. Del Solar cuenta, con pesar, que la fotografía hoy, “Ha perdido mucho, la gente se conforma con la calidad de las cámaras de los teléfonos.. Y no. Ahora casi nadie pasa a papel las fotos, antes la gente las tenía en un álbum, las veía, ahora no, se hacen muchas pero no se ven. Pero hay que rendirse a la evidencia, lo digital ha venido para quedarse”.

Cada día sale a hacer fotos del sol, cuando no está nublado, claro. Y también, a comprar el periódico, costumbre que heredó de su padre, que era “un lector empedernido”. ¿Dónde podemos ver bien las estrellas si vivimos en Madrid? “En las grandes ciudades por la contaminación lumínica es muy difícil ver las estrellas, no solo es Madrid, son todas las grandes. Pero siempre hay pueblos en los horizontes. La lástima es que los niños no saben lo que hay allí arriba: se quedarían entusiasmados viendo lo que hay ahí: planetas, estrellas… el que tiene la suerte de ir al pueblo, sí sabe lo que hay ahí. La oscuridad es imprescindible para la astronomía, sino, es imposible.