1947. Ya han pasado ocho años desde que acabó la Guerra Civil. España está a punto de abandonar el bloqueo internacional. La historia de esta época se cuenta en blanco y negro pero hay un sitio en Madrid que es diferente. Un espacio que se adelanta una década en la rueda de la historia. Se trata de La Piscina Club Stella. Un edificio espectacular que, durante décadas, se convirtió en el símbolo de la modernidad de Madrid.

Ahora parece un buque varado que se asoma a la M-30 pero sus paredes se levantaron 30 años antes que la carretera de circunvalación. En 1947, el arquitecto Fermín Moscoso del Prado proyectó este edificio en una finca propiedad de Manuel Pérez-Vizcaíno. Una piscina en un sitio estratégico, cerca de la base militar norteamericana de Torrejón de Ardoz, para ahogar el calor seco de los veranos madrileños.

“La Piscina Stella es de gran importancia para Madrid porque en 1952, Luis Gutiérrez Soto asume su ampliación. Soto es, junto a Secundino Zuazo, el artífice del Madrid moderno y uno de los arquitectos más importantes del siglo XX en Madrid. Es el arquitecto de la élite madrileña. Todo el barrio de Salamanca es obra suya y muchos podréis reconocer similitudes entre el Teatro Barceló y La Piscina Club Stella”, indica a Idealista/news, Mercedes Diez, arquitecto y miembro oficial de la Junta del Colegio de Arquitectos de Madrid (COAM).

La piscina se convirtió en una representación de la arquitectura racionalista en España. “Es un edificio que pertenece a una época en la que se experimenta con materiales, el hormigón y el acero, y se busca la racionalidad en las formas, añade Jorge Arévalo, arquitecto de Paisaje Transversal.

Para Alberto Ruiz, profesor de arquitectura de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC), el edificio es bastante extraño. “Tiene ese aspecto de trasatlántico varado en la orilla de la M30. Las formas tardo racionalistas que tiene y ese color blanco  no se hacían en 1947 que es cuando se proyecta el edificio original.  También es extraño desde el punto de vista social. Era un club para gente de alto poder adquisitivo. Era habitual la presencia de soldados norteamericanos de las bases, y de actores. Cuentan que Ava Gadner solía frecuentarlo”, asegura el profesor de la URCJ.

Arturo Soria 135 se convirtió en punto de encuentro para artistas, famosos y gente de las elites sociales de Madrid. En sus instalaciones las costumbres propias de la época se relajaban y fue una piscina pionera en el uso del bikini primero y, más adelante, en prácticas como el topless. Dicen que era frecuente ver al helicóptero de la policía sobrevolar esta zona del barrio de Ciudad Lineal.

Cuál será su futuro

El servicio exquisito de la Piscina Club Stella no fue suficiente reclamo ante las nuevas ofertas de ocio. En 2006, cerró sus puertas y sus dueños lo pusieron a la venta. En 2011, el Ayuntamiento de Madrid lo integró dentro de un plan de protección que impide modificar su fachadas o jardines. Desde que forma parte del catálogo de Edificios protegidos del consistorio de la capital tiene peor cara que nunca.

“La pregunta no es si las administración debería financiar las reparaciones de este edificio. La duda es si deberían facilitar a los propietarios encontrarle un uso para que el edificio se mantuviera de forma autónoma, sin necesidad de una financiación administrativa”, reflexiona Ruiz.

Para la miembro de la Junta del COAM la solución para el futuro de edificios de este tipo se sustentan en la creatividad. “La piscina Stella tiene el problema de que tiene una calificación de uso dotacional deportivo y así es difícil sacar adelante este inmueble. Hay que ser más creativos y permitirle otros usos. Pongo otro ejemplo. La antigua fábrica de Clesa. Una joya de la arquitectura industrial diseñada por Alejandro de la Sota y cerrada desde 2012. ¿Tiene sentido tener una fábrica de leche en la ciudad de Madrid en pleno siglo XXI? No pero se puede buscar un nuevo uso. La conservación es importante pero necesitamos mecanismos legales y urbanísticos que te permitan realizar transformaciones”.

Actualmente el edificio pertenece a cuatro mujeres, herederas de la familia Vizcaino, propietaria original de la Piscina Stella. Un trozo de la historia moderna de Madrid que pide tener una nueva oportunidad.