Central hidroeléctrica de Tanes, Asturias

Obra de Joaquín Vaquero Palacios y Joaquín Vaquero Turcios, 1980 / Luis Asín

El Museo ICO da cobijo en Madrid -desde el 15 de febrero hasta el 6 de mayo de 2018- la exposición ‘Joaquín Vaquero Palacios, la belleza de lo descomunal. Asturias 1954-1980’, una muestra que relata un periodo de la vida del artista asturiano a través de sus obras.

Joaquín Vaquero Palacios (Oviedo, 1900-Madrid, 1998) no se centró en una única modalidad del arte. Vaquero Palacios fue un artista total, un virtuoso polifacético que cultivó y destacó en las tres Bellas Artes por igual (escultura, arquitectura y pintura).

Joaquín Vaquero Palacios

La fotografía fue tomada en 1962 mientras trabajaba en los relieves del acceso a la Central de Miranda / Archivo Vaquero

A mediados de la década de los 50 comienza el desafío más importante de su vida y que le ocupó casi tres décadas de su vida. Empezó a trabajar para Hidroeléctrica del Cantábrico, la que había sido la empresa de su padre, Narciso Hernández Vaquero (1866-1964). El artista tenía la misión de integrar el arte en cinco centrales hidroeléctricas asturianas.

“La integración es una absoluta necesidad en un tiempo en que nuestra actividad está desbordada y nuestro organismo necesita ser apaciguado para sobrevivir a la tensión a que se le somete cada vez con mayor exigencia”, dejó para la posteridad Vaquero Palacios.

Aunque te recomiendo encarecidamente que acudas a la exposición para poder disfrutar de este rico patrimonio cultural casi desconocido, te adelanto que no solo lo consiguió, sino que logró transformarlas en auténticas catedrales industriales.

90 fotografías de Luis Asín, junto a cuadros del propio artista, planos originales, bocetos, material audiovisual, maquetas, libros y diversos elementos de diseño industrial, relatan como fue la labor de este genio español.

Central hidroeléctrica de Grandas de Salime

Integración artística en la Central hidroeléctrica de Salime, Asturias

Obra de Joaquín Vaquero Palacios y Joaquín Vaquero Turcios, 1954-1980 / Luis Asín

La primera parada permite conocer el trabajo que realizó en la central hidroeléctrica de Grandas de Salime (1945-1955). El Salto de Salime constituye una obra titánica. En los trabajos de integración realizados por Vaquero uno de los principales problemas a los que tuvo que hacer frente fue el de la escala, la propia monumentalidad del elemento industrial sobre el que había que actuar. Vaquero responde con piezas de tamaño considerable a las dimensiones de la obra.

Central hidroeléctrica de Salime, Asturias

El color dota de mayor ‘felicidad’ a un lugar que se caracteriza por los tristes tonos grises / Luis Asín

Por lo que concierne al trabajo escultórico, en la fachada del edificio que da acceso a la central, Vaquero incorpora un conjunto de relieves. Se trata de un conjunto de esculturas que representan el proceso de producción de la energía eléctrica.

Central hidráulica de Miranda

Central hidroeléctrica de Miranda, Asturias

Obra de Joaquín Vaquero Palacios, 1956-1962 / Luis Asín

La segunda planta está enfocada al trabajo que realizó el artista en la central hidráulica de Miranda (1956-62). La labor que desarrolla en esta central se concentra en la ordenación de los volúmenes exteriores, así como en el acondicionamiento del interior. Excavada en roca viva, la altura y la capacidad de esta central subterránea permiten que la sala de máquinas se organice en cinco niveles.

En el interior de la central el artista consigue, sirviéndose de una estudiada utilización de la luz artificial y del color, disminuir la sensación de estar bajo tierra, mejorar estéticamente el espacio y dignificar el ámbito de trabajo. Es decir, que otorga de cierto sentimiento positivos, e incluso de vida, a las características paredes grises y mortecinas de este tipo de edificios.

Interior de la central hidroeléctrica de Miranda, Asturias

Obra de Vaquero Palacios, 1956-1962 / Luis Asín

El color se extiende a elementos como las barandillas, las canalizaciones y la maquinaria, mitigando con este recurso cromático el aspecto frío y laberíntico de los subterráneos. A modo de trampantojo, Vaquero introduce un ingenioso artificio: unas falsas ventanas, situadas en un lateral de la sala de máquinas, artificialmente iluminadas, que generan una ilusoria sensación de espacialidad.

Central hidráulica de Proaza

Exterior de la central hidroeléctrica de Proaza, Asturias

Obra de Joaquín Vaquero Palacios, 1964-1968 / Luis Asín

La siguiente parada nos lleva a la central hidráulica de Proaza (1964-1968), donde desarrolló la más completa y compleja actuación. Actuó desde el comienzo de las obras, haciéndose cargo de la totalidad del diseño, tanto del proyecto arquitectónico de la central como de los relieves escultóricos, las pinturas murales del interior, el mobiliario y las vidrieras.

Uno de los aspectos más destacados y distintivos de esta central es la fachada. La estructura de hormigón armado del edificio, concebido como un volumen exento, se recubre con pieza laminares. A modo de monumental carcasa de recio aspecto, la fachada así concebida establece un diálogo con el paisaje, mimetizando las montañas del entorno.

En el interior plantea un espacio central de doble altura que permite establece una relación visual entre las dos plantas. Al igual que en otras intervenciones, Vaquero Palacios reutiliza materiales empleados en la construcción para la realización de relieves y esculturas. Nada queda al azar: función y belleza quedan armónicamente integrados dando como resultado, en su conjunto, una obra de arte total.

Central hidroeléctrica de Tanes

Interior de la central hidroeléctrica de Tanes, Asturias

Obra de Joaquín Vaquero Palacios y Joaquín Vaquero Turcios, 1980 / Luis Asín

Siguiendo el recorrido por la sala de columnas, la siguiente intervención que se puede ver es la realizada por Joaquín Vaquero en la central de Tanes (1970-1978). Se trata de una central subterránea, en la que los trabajos realizados se concentran en el interior, a más de 300 metros de profundidad.

La claustrofóbica sensación de estar bajo tierra es minimizada en Tanes a través de la actuación llevada a cabo en la bóveda, reforzada con hormigón, elevada a 16 metros de altura y prolongada a lo largo de más de 50 metros. Vaquero disipa la abrumadora sensación de pesadez recurriendo a la policromía. Las formas, que aparentan flotar en el vacío, a modo de geométricas nubes recortadas en el cielo, hacen que la central parezca estar situada en un inmenso celaje, una especie de canal abierto al cielo.

Central térmica de Aboño

Interior de la central térmica de Aboño, Asturias

Obra de Joaquín Vaquero Palacios y Joaquín Vaquero Turcios, 1969-1980 / Luis Asín

La última sala de la exposición es el trabajo que realizó Palacios en la central de Aboño (1969-1980). En este lugar llevó a cabo toda la ordenación estética, exterior e interior del conjunto. El artista acomete la ordenación de los distintos elementos funcionales utilizando el color, introduciendo nuevos ritmos que compensan los volúmenes existentes.

La colaboración de Joaquín Vaquero con Hidroeléctrica del Cantábrico finalizó con el proyecto de su sede social en Oviedo.

Vaquero desarrolla con conciencia de obra total esta serie de proyectos únicos, inmensos, descomunales, capaces de albergar la técnica y el ingenio, creando perfecta armonía entre arte y función. La dignificación de los lugares de trabajo es una constante en sus diseños. El análisis y la empatía con la actividad desarrollada en cada uno de ellos se traslada a espacios sumergidos en la roca a más 300 metros y a otros ‘asfixiados’ entre gigantescos muros de hormigón.

Cinco edificios grandes caben en uno pequeño

Aunque intentar reproducir y transmitir algo tan colosal en un museo es muy complicado, los impulsores de la exposición han sido capaces de imponerse a las limitaciones espaciales y, en mi opinión, lo han hecho de sobresaliente.

Joaquín Vaquero Ibáñez, nieto del artista y comisario de la muestra, comenta que uno de los principales problemas de la exposición ha sido la escala. “Hablamos de presas construidas mediante millones de toneladas de hormigón que conforman interiores descomunales y gigantescos. Las dimensiones de estos espacios escapan a nuestra percepción cotidiana”.