Mapa elaborado por la cuenta Amazing Maps de Twitter / Amazing Maps en Twitter

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Aunque en España los Reyes Magos son los encargados de traer regalos a los niños, en el resto de países son otros los portadores de Navidad. La figura de Papá Noel está presente en gran parte de los países europeos: Reino Unido, Irlanda, Portugal y Francia. No obstante, cada vez tiene más peso en nuestro país donde, además, hay otros portadores de regalos, como el olentzero, un carbonero mitológico que trae los regalos el día de Navidad en el área de Navarra y el País Vasco, así como en el País Vasco francés.

En Cataluña además también se celebra el tió de Nadal (tronco de Navidad), que es un elemento de la mitología catalana y una tradición navideña muy asentada en esta región española. La variante más extendida consiste en tomar un tronco, leño o rama gruesa —normalmente al inicio del Adviento—, dejarle comida cada noche y taparlo con una manta para que no pase frío. Al llegar Nochebuena, los niños de la casa lo golpean con bastones mientras cantan, para que cague regalos y dulces por debajo de la manta el 24 de diciembre.

Países Bajos, Polonia y Ucrania mantienen a San Nicolás como principal responsable de la entrega de regalos. En el caso holandés, Sinterklaas viaja en barco desde España, un recuerdo de la huella hispánica en los Países Bajos.

En Rusia, Bielorrusia, Serbia o Macedonia quien lleva los regalos es el Abuelo de las Nieves, que es muy parecido a Papá Noel, pero va vestido de azul y el reparto de regalos lo hace el 31 de diciembre, en Nochevieja.

El Norte de Europa tiene su propia mitología. En Finlandia es la Cabra de Navidad quien porta los presentes. Aunque de esta tradición pagana solo queda el nombre, puesto que en la práctica es un Papá Noel con residencia en Laponia. Y en Suecia y Noruega el encargado de llevar los regalos es el Gnomo de la Navidad.

La Bruja Befana es el personaje del folclore italiano que reparte regalos cada 6 de enero, fiesta de la Epifanía del Señor. Cuenta la leyenda que los Reyes Magos, perdidos en su travesía a Belén, pidieron ayuda a la anciana, que, a pesar de atenderles, no les quiso acompañar. Arrepentida, salió más tarde y repartió dulces en todas las casas con la esperanza de que alguna fuera la del Niño Jesús.