Su inmersión en la marmita del guisar vino de la mano de una mujer, cómo no, la abuela Catalina, que nombrarán varias veces en esta entrevista. Ella les inculcó el amor por los guisos y el buen comer y ellos se lo han transmitido a su vez a sus hijos (tienen tres entre los dos), porque a pesar de ser pequeños aún parecen ser grandes foodies.

“La inspiración fue nuestra abuela Catalina, ella sin querer nos inculcó la pasión por la cocina. Ella se encargaba de todo en casa, de cocinar y de ir al mercado. Somos los más pequeños de cuatro hermanos, nuestros padres trabajaban todo el día y ella nos cuidaba, nos llevaba al mercado, nos sentaba en el mármol de la cocina, nos daba a pelar guisantes, a meter hojas de laurel, a hacer lo que fuera. Con ocho años dijimos a nuestros padres que queríamos ser cocineros. Nos mandaron a dormir. Niño, vete a la cama que no sabes ni lo que dices”, comentan casi al unísono.

Afirman recordar las mesas generosas, de colores, que su abuela preparaba: “Crecimos entre olores, caldos, entre vísceras, entre panes que hacía, nos dejaba amasar…”, rememoran. Y ahí están sus canelones de la abuela Catalina, que siguen cocinando, como homenaje a su iaia.

Gestionan, entre otras aventuras empresariales, el restaurante Dos Cielos, en hotel Palacio de los Duques Gran Meliá, en Madrid, y Cocina Hermanos Torres, el local que lleva su nombre en Barcelona.

Entre uno y otro establecimiento encuentran tiempo para montar en bici varias veces a la semana porque siempre les gustó el deporte. De hecho, cuando llegamos a su casa acaban justo de llegar de su recorrido habitual y aún visten el maillot. Dicen que el deporte les permite estar en forma, pero también desconectar y además, aprovechan sus trayectos para recolectar materia prima para la cocina: “Tres o cuatro días a la semana vamos a trabajar en bici. Bajar y volver a subir. Son en total unos 40 kilómetros y eso nos da la oportunidad de ir de otra manera a trabajar”, explica Javier Torres. “Paramos, recogemos hierbas, flores y todo eso lo utilizamos: hojas de higuera silvestre, salvia, berro silvestre. Todo eso lo recolectamos y llevamos una mochilita con unas cajas y lo llevamos al trabajo y volcamos allí. Siempre hemos hecho deporte que también nos permite luego poder comer y beber”, detalla Sergio Torres.

Comer, beber, guisar… como resumen de vida no está mal, ¿verdad? Afirman ser amantes de las verduras y cocinar mucho en casa, en familia y damos fe que su cocina no es de adorno, tienen llena la nevera. “En casa cocinamos mucho. Los días que el restaurante está cerrado, comemos y cenamos en casa y cocinamos nosotros. Nos gusta cocinar. De hecho, yo creo que nuestra válvula de escape es tener un vino por aquí abierto y cocinar. Te olvidas de todo”, confiesa Sergio.

¿Qué es lo que más le gusta de su casa? La luz: “Aquí entra una luz al atardecer que se pone todo rojo, de todos los colores, se pone alucinante, tiene sol todo el día y nos gusta el sol. Y luego también tiene una cocina amplia, abajo las habitaciones, arriba para los niños, un pequeño jardín, una charca para para el verano. Y una barbacoa, importante”, confiesa Sergio.

¿Cómo es tener un pie en Madrid y otro en Barcelona? “Tener un restaurante en Madrid, un pie en Madrid siempre nos había hecho mucha ilusión y más en el espacio donde estamos, unas antiguas caballerizas con un jardín de 1.000 metros cuadrados. Un sitio precioso, la verdad, realmente estamos muy felices. Es un restaurante con una magia también muy especial, dedicado a la obra de Velázquez. Es un sitio muy mágico”, comenta.

El de Barcelona es una nave industrial de 800 metros cuadrados con nueve cocinas: “El 70% son cocinas y el 30% son clientes, no es un restaurante con cocina, sino una cocina con restaurante”, explican.

Pero, volvamos a su casa, ésta en la que hay juguetes en el jardín y cuadros de Buenafuente en el salón, ¿cuál es su objeto fetiche de la casa? Ni arte ni incunables, Sergio Torres lo tiene claro: “Mi objeto preferido o mi objeto fetiche es un cuchillo, un buen cuchillo, algo que no puede faltar en casa. Que corte bien”, afirma tajante mientras su hermano asiente. Hasta en esto hay entendimiento.