Luis Quintano

Luis Quintano

El confinamiento derivado del covid-19 ha cambiado el paradigma del diseño y la forma de habitar las viviendas, creando la necesidad de convivir en espacios amplios, luminosos y abiertos. En este contexto, la terraza se ha convertido en un elemento clave que ganará metros en la nueva edificación.

Para destacar su importancia como nexo de unión, el arquitecto Luis Quintano ha ideado STAYHÖME, un prototipo estandarizado para instalar terrazas en las fachadas de los edificios existentes, donde en muchos casos no existe un balcón de relación con la calle, necesidad que ha quedado aún más patente en este periodo de confinamiento.

Este proyecto, que nace como propuesta para el concurso de ideas “Arquitectura del día después”, organizado por la Mutua ASEMAS, “es un ejercicio intelectual sobre el valor del espacio de las terrazas en la ciudad como espacio filtro de conexión con el exterior”, explica Quintano. Aunque también se presenta como un ejercicio de búsqueda de un sistema constructivo simple que permita su desarrollo.

La terraza ha sido un símbolo del espacio público y de interrelación, un espacio al exterior que permitía la conexión social de manera segura (niños que dibujan, DJs, músicos, aplausos a los sanitarios, mensajes de apoyo, protestas o conversaciones entre vecinos han protagonizado estos espacios).

Con STAYHÖME, este arquitecto pretende volver a llenar de vida las fachadas, establecer un vínculo “voyeur” entre los ciudadanos, una necesidad de ver el pálpito de la vida y de no sentirse solo”.  Pero, además, este sistema promueve la “customización” del espacio de terraza según las preferencias de cada usuario, según los códigos DIY (Do It Yourself), en la línea de empresas de mobiliario como IKEA.

Requisitos para su implantación

Para que este prototipo se convirtiera en una opción real, y pudiera ser adaptado a todo tipo de edificios, se necesita, por un lado, el apoyo de la Administración para el fomento de planes de mejora en la ciudad existente, incluidos legislativos y urbanísticos,  y, por otro, la estandarización del sistema para abaratar costes y hacer posible el desarrollo de forma global, reconoce su autor.

La adaptación de esta propuesta, ideal para viviendas de barrios periféricos que no disponen de terrazas, requiere, no obstante, de un estudio técnico de cada caso en concreto. “Dependerían de cada edificio y no se podría estudiar de forma global, por lo que habría que desarrollar sistemas estructurales que se adapten a diferentes variables”, piensa Quintano. Como premisa fundamental la estructura de dichas terrazas no podría estar sólo sujeta a la fachada, sino que se desarrollaría un sistema estructural interno que transmita cargas a los forjados a través de mobiliarios que sirvan de apuntalamiento.

Lo que sí son adaptables son sus numerosas posibilidades de configuración. Partiendo de los casos de piezas de mobiliario estandarizado, este sistema dispone de muchos módulos y accesorios diferentes para que el usuario configure su terraza ideal, adaptándose a sus necesidades. Desde disponer de módulos simples, doble, triples, con cubrición o descubiertos, diferentes opacidades en el acabado, hasta piezas opcionales como carteles, poleas, jardineras, toldos, cortinas, luminarias…

Luis Quintano

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“El abanico de posibilidades puede ser infinito y el sistema fácil de renovarse si cambian los requerimientos por parte del cliente”, afirma el arquitecto. “Lo importante”, añade, “es que el usuario decide el grado con el que quiere relacionarse o no con los vecinos, si quiere hacer un huerto urbano, un espacio para leer, un lugar de juego para los niños y un largo etcétera. El ciudadano participa de manera activa en el diseño de la ciudad frente al urbanismo impositivo actual”.

Para Luis Quintano, la importancia de este proyecto reside en no considerarlo como un proyecto único, sino como la ideación de un sistema que permita ser desarrollado en multitud de edificios y siendo adaptable a los distintos requerimientos del cliente. “Es una oportunidad de crear un único sistema que dote de continuidad visual a la vez que permita variedad de configuraciones”, concreta.

Si bien STAYHÖME surge desde una utopía de la conquista del espacio urbano, hay también una idea de su potencial de desarrollo real como propuesta de cambio urbanístico. De hecho, el proyecto, que es público desde mediados de septiembre, ha recibido buenas críticas por parte de arquitectos, ingenieros, empresas de construcción y materiales, etc., “pero lo que más me sorprendió es el gran apoyo de gente fuera del ámbito de la construcción, es decir, de la sociedad en su conjunto, dando idea de la necesidad que existe de proyectos como este para cambiar nuestras ciudades”, dice agradecido Luis Quintano. De momento ha contactado con alguna empresa interesada, tanto de España como de fuera de nuestras fronteras.

Luis Quintano

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