La banca lleva ya 10 años viendo cómo se reduce el saldo vivo de préstamos hipotecarios y merman sus ingresos vía intereses de las hipotecas. Si en 2010 tenían prestados más de 632.000 millones de euros relacionados con la compra de vivienda, a cierre de 2020 la cifra ya se situaba por debajo de 490.000 millones de euros.

Según los datos de la Asociación Hipotecaria Española (AHE), en el año de la pandemia del covid-19 el saldo vivo hipotecario se situó en 487.855 millones de euros, frente a los 493.568 millones de un año antes. En términos relativos, el volumen retrocedió un 1,2% durante el pasado ejercicio. Es la décima caída anual consecutiva, que deja la cifra total en mínimos de 2005. 

Desde el pico de 2020, el saldo vivo de préstamos para la compra de vivienda se ha reducido en unos 144.600 millones de euros. Dicho de otro modo: el volumen de hipotecas al que los bancos aplican intereses ha mermado casi un 23% en apenas 10 años, como consecuencia de que la formalización de nuevos préstamos para la compra de vivienda es inferior a la amortización que realizan las familias que ya tienen constituido uno. Y no podemos olvidar que este descenso está coincidiendo en el tiempo con una etapa de tipos de interés extremadamente bajos. 

Según explica Juan Villén, responsable de idealista/hipotecas, «la resaca del boom vivido entre los años 2004-2008 es larga. La gran cantidad de préstamos que se formalizaron entonces van acelerando su amortización, y el ritmo de nuevas hipotecas es insuficiente para compensar la sangría. Dicho esto, es cierto que los préstamos formalizados actualmente tienen un margen superior, por lo que poco a poco la rentabilidad de la cartera hipotecaria irá mejorando». 

Para este año, sin embargo, la incertidumbre generada por la crisis del covid-19 podría seguir arrastrando al mercado. De momento, entidades como la AHE prevé una contracción de la demanda hipotecaria, por lo que el saldo vivo que tiene la banca en balance podría mantener su tendencia a la baja.