Pocos sucesos sacuden más la estructura de una empresa cotizada como un ‘profit warning’. Los hay coyunturales, provocados por un movimiento puntual en el mercado de divisas (el desplome del peso argentino, por ejemplo) o en el de materias primas (una fuerte caída del precio del petróleo). Pero cuando afectan al mismo corazón del negocio, como es el caso de la promotora inmobiliaria Neinor, son los mismos cimientos de la compañía los que tiemblan.

Cuando lo que se revisa a la baja es nada menos que el 50% del ‘ebitda’ previsto para 2021 porque salta por los aires la previsión de entrega de viviendas, los accionistas están obligados a tomar decisiones. En el caso de Neinor, la disyuntiva es decidir si hay que continuar porque lo peor ya ha pasado o si ha llegado el momento de tirar la toalla, parcial o totalmente.

El análisis de los números de Neinor desde que la bolsa ha dado su primer veredicto sobre el nuevo plan estrátegico (se publicó el lunes 8 de marzo, pero ya con los mercados cerrados) dice que en cuatro sesiones se movieron más de 6 millones de acciones. Dicho de otra forma, los inversores se intercambiaron en torno al 8% del capital de Neinor. Una cifra extraordinaria, por muy alta, que expresa perfectamente el estado de excepción que se ha vivido en la compañía en los últimos días.

Ha habido mucha especulación y, cómo no, más movimientos significativos vendedores que compradores. El más importante lo ha protagonizado el estadounidense Invesco, uno de los grandes transatlánticos de la inversión mundial. La gestora ha emprendido la operación salida del valor. Tras el ‘profit warning’, ha reducido su participación a toda velocidad, desde el 4,84% hasta el 0,64%. Una retirada en toda regla. No es una buena señal, porque era un accionista estable, de los que entraron en la salida a bolsa y había aguantado las caídas posteriores contra viento y marea.

Más suavemente, otras firmas como UBS han deshecho posiciones en el valor, que tras desplomarse cerca de un 17% el pasado martes, trata de recuperar la estabilidad. Pero otros grandes inversores creen en el rebote. Es el caso de Julius Baer, que ha subido su participacion desde el 5,4% hasta el 6%. Distintas estrategias para una compañia en crisis, que estrena nuevo equipo directivo y nuevas expectativas.

En la otra acera, la de los inversores bajistas, también ha habido agitación, provocada no precisamente por un ‘hedge fund’ cualquiera. Ha sido Marshall Wace, el terror de las empresas españolas, quien ha casi doblado su posición corta desde el 0,49% hasta el 0,91%. El ‘hedge’ había llegado más alto en la primavera de 2018, después del primer ‘profit warning’. Y ha hecho un negocio redondo porque la cotización no ha dejado de bajar.

No es el único. El Canada Pension Plan Investment Board decidió en la última semana de marzo subir su apuesta porque la cotización caería hasta el 1,32% del capital. Nunca se había jugado tanto contra el valor. Sólo le costó una semana hacer pleno en Neinor, donde otros bajistas como Arrowstreet o JP Morgan también han amasado enormes ganancias.

Por cierto que los analistas de la firma estadounidense salieron el pasado jueves al rescate de Neinor con un informe en el que le daban un potencial alcista del 30%. En medio de la tormenta, JP Morgan señalaba que con el nuevo plan estratégico el riesgo de nuevos incumplimientos se ha reducido ya a la mínima expresion y que a estos niveles la acción de Neinor es una oportunidad. Y Banco Sabadell ha reiterado su consejo de comprar con un precio objetivo de 16 euros. 

No son pocos los inversores, además de Julius Baer, que han tomado posiciones en el valor esperando una reacción a corto en bolsa de una compañía que ha rebajado extraordinariamente sus pretensiones, obligada como está a evitar a toda costa un tercer ‘profit warning’ que sería definitivo para sus intereses. Pero los expertos están de acuerdo en que el proceso de recomposición de la confianza será largo. Creen que no habrá una auténtica reacción en bolsa hasta que los accionistas comprueben que las previsiones se cumplen durante al menos un año.