Desokupa Express

Desokupa Express

Pedro se levanta temprano. Sabe que el día será duro. Se arregla y sale de casa, siempre con el miedo por saber qué se va a encontrar. “Hoy estoy de suerte”, piensa, “solo es una pareja de jóvenes que podrían abandonar la vivienda tras una conversación”. Nada que ver con lo que Pedro Noguera, jefe de seguridad de Desokupa Express, vivió hace semanas: seis personas equipadas con hachas, intentos de atropello y una plantación de marihuana en la vivienda. Puede parecer una película de ficción pero fue una experiencia real. Así es el día a día de un profesional de la desokupación.

La pandemia provocada por el covid-19 ha aumentado los casos de ocupaciones ilegales de viviendas debido a la imposibilidad de los propietarios de acercarse a su segunda residencia por el confinamiento. Según datos del Ministerio del Interior, la ocupación ilegal ha crecido en España casi un 50% desde 2016 y entre 2018 y 2019 ha aumentado un 20%, hasta las 14.394 okupaciones. Solo en los primeros seis meses del año, la ocupación ilegal de inmuebles ha amentado un 5%, hasta las 7.450 propiedades.  

En un marco actual de crisis económica como la que está viviendo España, algunas voces y asociaciones como ASVAL (Asociación de Propietarios de Viviendas en Alquiler) piden un marco regulatorio que promueva una alternativa habitacional y que las Administraciones Públicas aumenten el parque de viviendas sociales en alquiler porque en España apenas representan un 2%, frente al 30% de Países Bajos o el 17% de Francia y Reino Unido. 

Y con estas cifras y peticiones sobre la mesa, las empresas dedicadas a desokupar viviendas tienen más trabajo que nunca.  De hecho, Pedro Noguera accede a hablar con idealista/news mientras está inmerso en un operativo.

“Hoy no es una situación muy complicada, pero hemos tenido que organizarnos antes, estudiar el caso y pensar como ellos. No creo que nos lleve más de dos o tres de horas”, explica, y nos avisa de que en cualquier momento se verá obligado a cortar la llamada y atender a la petición de su cliente: devolverle la vivienda que tiene okupada en Marbella.

“Te podría explicar mil y una anécdotas, pero no te voy a engañar: no es algo que me guste recordar”, dice Noguera. Y añade “siempre sabemos que trabajamos con personas, es algo de lo que nunca podemos olvidarnos, por lo que la mayoría de las veces con una charla amigable es más que suficiente para que abandonen la vivienda okupada”. Sin embargo, tampoco quiere dulcificar su trabajo: “No siempre es agradable y hay veces que tienes que ser un poco menos cercano y ponerte serio”.

Noguera recuerda con cierto humor una desokupación que la llama “de carambola”. Explica que les contrató una empresa para recuperar una vivienda que había sido okupada. “Muchas veces los okupas cambian los números de las puertas para despistar. Pongamos que nosotros teníamos que ir al 1º Aº de una calle de Toledo y llamamos a la puerta. Nos atiende un hombre que, efectivamente, estaba okupando la vivienda, pero a medida que avanzaba la conversación nos dimos cuenta de que no era el que buscábamos”. “Un chico que estaba en el portal me dice que la persona que buscamos vive en la puerta de enfrente, por lo que me dirijo a esa puerta y hablo con el chico”, dice.

“Total, que aquello se convirtió en un chiste de Martes y Trece: tres okupas, del que solo teníamos el mandato de echar a uno, que dieron por hecho que tenían que irse de las casas que okupaban sin presión alguna”, dice. “El primer hombre que nos abrió la puerta nos dio el teléfono de la propietaria del piso, a la que llamamos y alertamos de la situación. Le explicamos que éramos una empresa de desokupación que cobrábamos por nuestros servicios, pero que, de carambola, su okupa había entendido que veníamos a echarle”. La mujer se presentó en la casa a la media hora, con una cerradura nueva y una empresa de instalación de alarmas.

Noguera también recuerda otras anécdotas mucho más tristes: “Recibimos una llamada de una enfermera a punto de jubilarse. Quería volver a su casa de Pamplona porque le iban a operar de un cáncer de pecho, pero no podía porque estaba okupada. Nos presentamos en la vivienda para investigar y nos percatamos de que la vivienda estaba okupada por una prostituta que utilizaba la casa para prestar sus servicios, así que tuvimos que pensar cómo recuperar el inmueble. Nos citamos con ella a través de redes sociales en un hotel que quedaba lejos de la vivienda para asegurarnos de que salía de la casa y que podríamos entrar».

«Nada más salir, entramos nosotros y recuperamos la casa. Conocía la situación de la dueña y no puso problemas. Lo más curioso fue que dos semanas después nos llamó una vecina de la misma finca con el mismo problema y la misma okupa”, explica. Al final, investigaron el asunto y supieron que una persona que gestionaba algunos pisos del edificio daba a la okupa las llaves de las viviendas vacías a cambio de una cantidad de dinero. 

Entre anécdota y anécdota, Noguera asegura que se les ha tachado de «profesionales agresivos y no es cierto”. “Son muchas las negociaciones que se han llevado a cabo con los okupas mientras nos invitaban a un café. Nosotros ayudamos a que una persona recupere su casa. Si no vemos que haya extorsión de por medio siempre procedemos con calma y humanidad”. Los operativos que tienen amenazas y extorsión son las que Noguera prefiere dejar en el olvido, si bien recupera dos casos que le dejaron marcado. Una de ellas, con armas. “La que peor recuerdo fue en Alicante, un verdadero horror, tanto que temí por mi vida», señala el desokupador. 

“Era un chalé que habían okupado 6 personas y la propietaria era una mujer que vivía en el extranjero”. “Nos acercamos, estudiamos la situación y pudimos averiguar que habían llevado a cabo una plantación de marihuana en el interior. Cuando hay drogas de por medio sabemos que la operación va a ser complicada, pero lo que no imaginábamos era que nos iban a intentar matar”, explica. “Empezaron a salir de la casa personas con hachas, dispuestos a atacarnos. Además también llegaron coches que nos querían atropellar de una manera salvaje”, relata. Finalmente y sin dar más detalles Noguera asegura que lograron recuperar la vivienda.

Pedro recuerda otro operativo que fue también desagradable y peligroso. “Teníamos que recuperar un piso que se había dado en dación en pago con una deuda de 150.000 euros. Era de una pareja que se había divorciado y al no poder hacer frente a la hipoteca se lo iba a devolver al banco con la condición de saldar la deuda, pero su sorpresa fue cuando descubrieron que se había convertido en un narcopiso. Tuvimos que negociar con los okupas y en estos casos siempre hay dinero de por medio».

En este caso, prosigue, «a los propietarios se le plantean dos hipótesis: quedarse con el piso y asumir la deuda de 150.000 euros y que la justicia haciera su trabajo (algo que suele alargarse en el tiempo) o invertir “una cantidad económica” para convencer a los okupas de que se vayan. Obviamente, los propietarios suelen escoger la segunda opción. «El operativo se inició el jueves por la noche, ya que teníamos hora en el notario el viernes por la mañana para que los propietarios firmaran todos los papeles con el banco. Íbamos a contrarreloj y como tarde el viernes por la mañana teníamos que dar fe de que el piso estaba vacío», cuenta. 

Noguera fue a la casa el jueves con el dinero que le había facilitado la propiedad (unos 3.000 euros) para negociar con los narcos. «Sentí miedo, como si me fueran a secuestrar… llevaba el dinero encima y estoy seguro de que una de las opciones que barajaban era quitarme el dinero y hacerme daño”, explica. No obstante, consiguió llegar a un acuerdo económico con ellos para que abandonaran el piso. 

Pedro se pone nervioso al teléfono. Me dice que me tiene que colgar, que hay movimiento y que van a proceder a la desokupación. Se pone en marcha, decidido a recuperar la casa de un propietario que, desesperado, ha decidido llamar a la empresa para que le ayuden a recuperarla. Quién sabe si lo que se encuentre ahí dentro dará para otra anécdota. O si acabará tomándose un café con el okupa y, mediante una charla, convenciéndole que esa no es su casa y que debe marcharse. Noguera solo espera que no haya hachas de por medio.