Freepik

Freepik

La crisis del coronavirus no ha detenido la escalada de los precios de la vivienda en Alemania. En el segundo trimestre de este año, que incluye el período con mayores restricciones a la actividad económica, el precio medio de casas y pisos se incrementó un 6,6% en términos interanuales y un 2% frente a los tres primeros meses del año.

Así lo reflejan las más recientes cifras publicadas por la Oficina Federal de Estadística (Destatis) alemana. En ese mismo trimestre el Producto Interior Bruto (PIB) de la mayor economía europea se derrumbó un 10,1%, su mayor caída trimestral desde que hay registros.

Estos incrementos han roto las previsiones de los expertos. Son subidas similares a las registradas en el primer trimestre de 2020, cuando la pandemia aún no había hecho mella en Europa. Las previsiones habían estimado un pequeño bache en el duradero «boom» que experimenta el mercado inmobiliario alemán, tanto en compraventa como en alquiler, desde hace media década. El coronavirus no ha logrado interrumpir una tendencia alentada por la buena situación económica en el país, con escaso desempleo y salarios al alza, y unos tipos de interés en mínimos.

Las subidas son más elevadas en las denominadas «siete grandes», los mayores núcleos urbanos del país. Entre abril y junio el precio medio de los inmuebles en Berlín, Hamburgo, Múnich, Colonia, Fráncfort, Stuttgart y Düsseldorf se elevaron en términos interanuales un 6,5% en viviendas unifamiliares y adosadas y un 6,1% en pisos. Esta subida, sin embargo, sí que es menos acusada que las que se habían registrado en los trimestres previos, pero no alejan los fantasmas de una posible burbuja inmobiliaria en algunos puntos del país. Un reciente informe del banco suizo UBS, de hecho, sitúa a Múnich y a Fráncfort como las dos grandes ciudades del mundo con mayor riesgo de sufrir un boom, seguidas de Toronto, Hong Kong y País.

En municipios de tamaño medio, a partir de 100.000 habitantes, las subidas fueron algo mayores (del 7,3% para las casas y del 8,2% para los pisos). En las localidades pequeñas y en el medio rural también se registraron incrementos en el precio de la vivienda, aunque tiraron de la media para abajo. Entre abril y junio se elevaron un 4,8% en el caso de las casas y un 5,9% en el de los pisos.

La caída más significativa que registran las estadísticas oficiales es la de las ofertas de viviendas en venta en general. Según Destatis, los anuncios llegaron a caer en el segundo trimestre hasta un 40%, aunque el mercado se ha reactivado parcialmente desde entonces.

Los expertos no cuentan con que el mercado inmobiliario alemán se frene en lo que quede de año, pese al aumento de nuevos casos diarios de contagios por el coronavirus -en máximos desde abril con en torno a 2.500 nuevos infectados al día- y la gran incertidumbre económica ligada a los temores de que sobre el continente europeo se cierna una segunda oleada de covid-19.

Varios acicates del sector, como la demografía, la falta de espacio urbano, la alta demanda, los tipos de interés y la falta de alternativas para los inversores siguen dinamizando su comportamiento, según el último pronóstico del Instituto de Investigación Urbana, Regional y de la Vivienda (GEWOS) de Hamburgo.

Según las estimaciones de este centro de estudios, 2020 marcará, pese a la pandemia, un nuevo récord par el sector inmobiliario, que prevén que facture unos 290.000 millones de euros. «La vivienda es una necesidad básica y en especial la demanda de vivienda para uso propio sigue siendo elevada», explica Sebastian Wunsch, de GEWOS. Los profesionales del sector confían en que en el segundo semestre se recupere parte de la velocidad perdida en los primeros meses.

Expertos y economistas sólo lanzan dos dudas con respecto al mercado inmobiliario alemán. La primera, que la pandemia se prolongue más allá de mediados del año que viene, lastrando la confianza de los consumidores e incidiendo negativamente en el empleo y la evolución de los salarios a largo plazo, con lo que previsiblemente se retraería la demanda de vivienda.

La segunda, que la experiencia de al menos un período de confinamiento provoque cambios duraderos en los gustos de los potenciales compradores, provocando desajustes por falta de elasticidad entre la oferta y demanda. Que caiga por ejemplo el interés por pisos céntricos, en favor de casas individuales o urbanizaciones de adosados, pero con más espacio, con terrazas o jardín, ya sea en los suburbios o incluso en el medio rural.