“El Colegio San Juan Evangelista fue una estructura muy interesante en el conjunto de la Ciudad Universitaria, cuando apareció, en los años 60. Ayudó a renovar muchos aspectos de esta zona y a mantener el valor arquitectónico fundamental que la Ciudad Universitaria ha tenido siempre, desde antes de la guerra”.

Así define el catedrático de la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid, Javier García-Gutiérrez Mosteiro, a este colegio mayor, que fue construido en 1965 por los arquitectos Luis Miquel Suárez-Inclán y Antonio Viloria, autores también del Colegio Mayor Isabel de España.

“Es uno de los principales edificios racionalistas del movimiento moderno en España. Destaca por su brutalismo, al encontrar la solución a la calle, a esa esquina, a como configura sus fachadas. Es muy interesante ver cómo se asienta en la parcela, que era bastante pequeña para la gran ocupación que querían meter, con un gran desnivel, y cómo trabajan los arquitectos el posicionamiento de los tres cuerpos que consolidan el edificio”, asegura Gema Alfaro a idealista/news.

La arquitecta y presidenta de Real Estate del Instituto de Empresa cree que “es un caso paradigmático de unión de arquitectura con funcionalidad, por cómo montan tres edificios; tres cuerpos independientes que luego están íntimamente interrelacionados mediante pasarelas, pérgolas, y pavimentos”.

Junto al vecino Colegio Mayor César Carlos, de Alejandro de la Sota, y el Colegio Mayor Aquinas, de García de Paredes y Rafael de la-Hoz, constituye la última renovación de la Ciudad Universitaria, que ha cumplido este año su 90 cumpleaños. Declarada Bien de Interés Cultural, la Ciudad Universitaria buscaba dotar a Madrid de un complejo académico moderno, con amplias zonas naturales, bien conectada con el centro y en un entorno tranquilo propicio para el estudio y la investigación.

En casi un siglo de vida ha sido testigo de todo: una guerra civil, una reconstrucción desde las cenizas, la visita de un líder como el Che Guevara, las palizas de los grises o el concierto histórico de Raimon.

“En la Ciudad Universitaria se desarrollaron proyectos apasionantes. Es una época en la que los proyectos públicos tenían un gran peso. El San Juan Evangelista es un caso excepcional porque su gestión es diferente, proviene de una idea más socialista y sindicalista y de apertura. El resto de edificios son facultades asociadas o colegios mayores, que eran proyectos públicos bien posicionados y muy interesantes. Un ejemplo es el edificio de la Facultad de Ciencias de la Información”, asegura Alfaro.

Jesús Cobeta Aranda fue el fundador, animador e ideólogo del San Juan Evangelista. Uno de sus planteamientos fundacionales fue hacer del San Juan una residencia universitaria económica, en la que el precio del Colegio tuviera como importe máximo el salario mínimo, para acercar la educación a las clases más bajas. Fue él quien le imprimió su carácter de vanguardia cultural y política, que mantuvo en tiempos difíciles y que ha sido una de sus principales características.

Durante años, en la época pre-democrática, cubrió un espacio cultural en Madrid, cuando el régimen franquista ahogaba las expresiones artísticas. Obras de teatro de compañías como Els Comediants, Els Joglars o La Cuadra de Sevilla actuaban aquí porque no tenían otro local donde representar. Luego llegó el jazz y el flamenco, y entonces el Colegio Mayor San Juan Evangelista pasó a conocerse como El Johnny.

“Fue una vanguardia para el desarrollo de la música jazz. Al principio se creó el club de jazz porque una serie de alumnos no querían ir al auditorio a pagar los importes y decidieron traerse la música a casa”, afirma Alfaro. Por su escenario han pasado leyendas como Diana Krall, Steve Lacy, Tete Montoliu o Steve Coleman. Pero no ha sido el único género musical que se ha cultivado. El flamenco tuvo un espacio privilegiado en el colegio, y los cantaores y guitarristas respondieron con creces a la llamada. Enrique Morente, Tomatito, Vicente Amigo, Juan Habichuela o Gerardo Núñez se rasgaron las vestiduras más de una vez en El Johnny. El propio Camarón eligió al San Juan Evangelista como el escenario de su último concierto.

A pesar de haberse convertido en un icono cultural, El Johnny tiene sus puertas cerradas desde el 29 de junio de 2014. Pero sus problemas empezaron años antes. En 2009, Unicaja (entidad financiera que gestiona el colegio mayor) quiso cambiar la actividad del centro y convertirlo en residencia de lujo o escuela de negocios, pero se tal revuelo que el proyecto se paralizó. Más tarde, en 2012, la concesionaria pidió a la dueña de los terrenos, la Universidad Complutense de Madrid (UCM), que le renovara la contrata por medio siglo para, posteriormente, subcontratar el servicio. Era una operación inviable porque el cambio de contratista suponía abrir un concurso nuevo. No cabía la prórroga.

El tiempo pasaba y el San Juan Evangelista se enquistaba. La UCM realizó una ampliación provisional de un año para “buscar una salida”, rememoran desde la Fundación. Pero esta solución no convenció a Unicaja, que pidió una ampliación de 50 años y que se le retirara el canon anual que debía abonar a la universidad de 200.000 euros. “La Complutense accedió a todo menos a los 50 años. Le dio 25”, añade.

El asunto llegó a los tribunales. Un auto de 27 de junio de 2014 estableció que Unicaja es la concesionaria del colegio hasta 2038. Sin embargo, el 29 de julio, la entidad aseguró que renunciaba a seguir siendo la gestora. “Quieren dejar la llave y librarse de este cáliz. Pero deben, al menos, dejar el edificio con las remodelaciones pagadas y la licencia de actividad en regla”, exigen desde la fundación. La cuestión se ha convertido en una maraña legal que no parece tener una solución inmediata. Y, mientras tanto, las puertas siguen cerradas para los alumnos.

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