Foto: Cabin Spacey

Foto: Cabin Spacey

Pueden alojar helipuertos, piscinas o fiestas. O, simplemente, convertirse en un lugar privilegiado desde el que contemplar la inmensidad de hormigón y asfalto. Las azoteas son lugares yermos cuyo espacio es muy aprovechable…, incluso para poner unas cabañas.

Cabin Spacey es un proyecto de cabañas modulares que quiere coronar las azoteas y otros espacios en desuso de las ciudades. Su principal atractivo es que no son estáticas, sino que se mueven conforme a nuestros requerimientos. Es decir, están pensadas para una vida nómada, pues ocupan poco espacio y son fáciles de transportar. Pero también, para que los viajeros nómadas las ocupen en otra ciudad, si esta urbe cuenta con ellas, sin necesidad de que lleven la cabaña con ellos.

Son casas de apenas 25 m2

La iniciativa nace en Berlín / Foto: Cabin Spacey

La ‘startup’ ha nacido en Berlín, una ciudad que en los últimos tiempos ha visto crecer su población y en la que cada vez se hace más difícil encontrar un apartamento de alquiler aceptable. La capital alemana se ha convertido en la ciudad de moda para muchos artistas o diseñadores, y la escasez de viviendas ha encarecido los precios. Sus fundadores, Simon Becker y Andreas Rauch, calculan que hay espacio para 55.000 hogares en los tejados sin usar. Ambos han incidido en que las cabañas son “una respuesta combinada” a los cambios en nuestra vida y a nuestra forma de viajar. Estas cabañas son, en sus palabras, una “solución para el metropolitano moderno”.

Su apuesta se basa en casas minimalistas, de 25 m2 muy bien aprovechados: una cama ‘king size’ o una ducha que se alimenta del agua de la lluvia son algunos de sus atractivos. También cuenta con una cocina equipada con vitrocerámica, nevera y lavadora, y un salón en el que se puede desplegar una cama para invitados.

Por tener, estas cabañas tienen incluso una cafetera integrada y placas solares, que alimentan un sistema de baterías que aporta la electricidad del hogar. Al dormitorio, que está en un falso piso superior, se accede a través de una escalera que recuerda a cajones apilados. Este cuenta con una especie de tragaluz con el que iluminar la estancia y desde el que también se verían las estrellas, si la contaminación lumínica deja verlas.

El hecho de que sean unas cabañas no está reñido con lo más innovador. Becker y Rauch las idearon con sistemas inteligentes para gestionar el calor, el sonido o las cerraduras. Cuentan con un espejo inteligente que reconoce las caras y los gestos y están vinculadas con Amazon Echo. Asimismo, es posible encontrar cargadores USB por todo el perímetro. La casa es habitable por hasta dos personas.

El precio sería de 100.000 euros si comenzara a producirse a gran escala, aunque “dependiendo del equipamiento y del alcance” los precios comenzarán a partir de 65.000 euros; la fabricación en un único módulo facilitaría la producción, y se entregaría en una sola pieza. Sin embargo, los creadores de las casas berlinesas han asegurado que no quieren tanto vender como “ofrecer el servicio de vivienda flexible en cabañas diseñadas de forma sostenible con vistas a la ciudad”. De hecho, también destacan los ventanales con los que se disfrutaría de buenas panorámicas de las alturas.

Gestiona el sonido, la calor y hasta las cerraduras

Usan la energía de la lluvia y el sol para reducir el consumo / Foto: Cabin Spacey

Su idea es que las cabañas estén disponibles en varias ciudades y que sus habitantes roten por ellas a su conveniencia, mediante contratos de alquiler. La pregunta que lanzan en su web es: “¿Cómo sería la vida si pudieras escoger vivir en cualquier lugar que desees?”.

Aunque el proyecto lleva un par de años en funcionamiento, es en las últimas semanas cuando han presentado su primera cabaña, transportable en grúa bajo supervisión de unos operarios. De momento, quienes deseen visitarla la encontrarán a ras de suelo: el prototipo está en la calle, a la espera de que pronto corone los tejados de la capital alemana. Quien no pueda desplazarse hasta allí cuenta con una visita en 3D, a través de su página web.

Un movimiento de casas pequeñas

Las cabañas están inspiradas en el movimiento de minicasas que surgió en Estados Unidos. La idea principal de esta corriente es vivir en hogares pequeños y de forma sencilla. A eso, Becker y Rauch han añadido la sostenibilidad de los materiales con los que está construida. De acuerdo a su página web, la duración de las casas está garantizada por 80 años. El exterior está formado por madera de proveedores austriacos, y los electrodomésticos cuentan con el certificado de eficiencia energética. “Creemos que especialmente en las ciudades la gente está deseando un oasis saludable y beneficioso para respirar y escapar del ruido diario, la suciedad y la rutina”, ha contado el equipo.

La compañía, además, ofrecería a sus clientes información sobre conciertos, restaurantes o servicios de comida a domicilio que estuvieran cerca de las cabañas. También, organizarían la limpieza o los transportes de una a otra sede.

En la web aparece una visita 3D

La primera cabaña se ha presentado recientemente / Foto: Cabin Spacey

El equipo también invita a que los clientes se acerquen para diseñarles y producirles una cabaña prefabricada. Ellos se ocuparían de todo: ver si la propiedad es viable, planificar la logística y la construcción y materializar sus ideas para el diseño de interiores.

Con esta idea, hay una alternativa más para las azoteas inocupadas de las grandes ciudades. En España se ha apostado por diseñar parques infantiles en las de hospitales o por proyectar jardines privados o incluso huertos urbanos. Esta última idea está muy acorde con algunas impresionantes masas de vegetación que existen en azoteas de todo el planeta. De Nueva York a Copenhague, de Tokio a Vancouver, entre los objetivos de estos jardines está proteger a los edificios de cambios repentinos de temperatura o mejorar el aire de la ciudad, por no hablar de la belleza que aportan.

En la ciudad que nunca duerme, por cierto, tienen otro tipo de viviendas en las azoteas, mucho menos modestas. En cambio, la idea berlinesa apuesta más por la sostenibilidad y por el espíritu nómada de las nuevas generaciones. Ahora solo queda que las ciudades se llenen de cabañas que alojen a los viajeros más atrevidos.