El mercado residencial en la segunda mayor economía y el país más poblado del mundo es un gigante difícil de domar. A la temida burbuja inmobiliaria de precios que el Gobierno chino intenta controlar desde hace años, se une el problema de los millones de apartamentos vacíos en las grandes ciudades, que llegan a los 50 millones, un 22% del total.

El presidente chino, Xi Jinping, afirmó hace poco que las casas deber servir para habilitarlas, en un modo de alertar de la especulación que se está dando sobre el inmobiliario residencial. Las medidas aplicadas por el Gobierno chino no están surtiendo efecto para controlar la subida de los precios. Los líderes comunistas lo ven como una amenaza para la estabilidad financiera y social.

Dentro del gran mercado chino, con más de 1.000 millones de habitantes, se está creando una enorme masa de viviendas vacías. Según varios estudios, el 22% de los pisos en China están desocupados. Un porcentaje que asciende a 50 millones de casas, que se dice pronto.

Muchos expertos afirman el ‘tsunami’ que pueden crear estas viviendas si de repente salieran todas al mercado ante cualquier tensión sobre el inmobiliario. Pero como ocurre en todos los países, es difícil determinar el número de casas vacías, dónde se ubican y cómo controlarlas.

Las restricciones a la compra de más de una vivienda por parte de los inversores ha dado que la especulación por la vivienda pase a otras áreas del inmobiliario. Las segundas residencias y viviendas vacías de los que han partido a otras ciudades en busca de oportunidades laborables han dejado muchos edificios vacíos, pero las compras solo como inversión para conseguir rentabilidad han aumentado el número de casas vacías.

En China, millones de personas no puede acceder a la compra de una vivienda, una situación que agrava las diferencias sociales del país. Esta escasez de oferta ante una demanda amplia hace los precios sean altos y deja a los más jóvenes fuera del mercado.