La duración del arrendamiento de una vivienda se pacta libremente por el casero y el inquilino. Lo normal actualmente es firmar por un año con la posibilidad de prorrogarlo voluntariamente hasta sumar tres años. Por eso, también se puede firmar un contrato por tres años directamente. Lo único que cambia son los derechos y obligaciones de ambas partes.

Con la última modificación de la Ley de Arrendamientos Urbanos (LAU) en 2013, las prórrogas de los contratos obligatorias para el casero pasaron de cinco a tres años. Y el casero sólo puede interrumpir estas prórrogas una vez transcurrido el primero año de alquiler y si necesita la casa para uso propio o para familiares en primer grado de consanguinidad o por adopción o para el cónyuge en el caso de una sentencia firme de separación, divorcio o nulidad matrimonial.

Con el fin de buscar más seguridad, cada vez hay más caseros e inquilinos que optan por firmar contratos de tres años. pero ¿qué suponen los tres años para el propietario y el arrendatario? Pelayo de Salvador, socio del despacho DeSalvador Real Estate Lawyers, responde a esta pregunta:

Cómo afecta al arrendador la duración inicial de tres años

La parte positiva es que supone más estabilidad porque el inquilino se compromete a permanecer en el piso al menos tres años. en caso de que éste quiera marcharse antes de los tres años, el casero puede cobrarle más indemnización que si se hubiera firmado por un año prorrogable.

Además, la posibilidad de desahuciar al inquilino en caso de incumplimiento se mantiene intacta.

Por el contrario, el casero debe renunciar a reclamar la casa para uso propio. Sólo podrá hacerlo cuando entra en funcionamiento la prórroga del contrato.

Cómo afecta al arrendatario

Puede negociar una bajada del precio del alquiler al asegurar al inquilino que durante, al menos, tres años recibirá todos los meses una renta. el inquilino también tendrá mayor estabilidad y más tranquilidad, porque el casero no reclamará la casa para uso propi.

Además, el inquilino tiene derecho de desistir del contrato una vez transcurridos los seis primeros meses, por lo que el plazo no le obliga a su cumplimiento íntegro.

La parte negativa para el inquilino es que en caso de marcharse de la casa antes de los tres años, tendrá que pagar una mayor indemnización al casero. No obstante, el inquilino siempre puede negociar a la baja el importe del desistimiento con el casero