Gerardo Pisarello y Janet Sanz en una visita a La Modelo / Ajuntament de Barcelona

Gerardo Pisarello y Janet Sanz en una visita a La Modelo / Ajuntament de Barcelona

Barcelona vivió una relación con la Modelo como con el mar: desoyendo que formaba parte de ella. Al mar lo volvió a mirar de frente en 1992, con las Olimpiadas, y a la mítica cárcel, ya sin presos, le toca ahora ser recuperada y abierta a la ciudadanía. La Generalitat entregará las llaves de la cárcel al Ayuntamiento el 26 de noviembre, aunque desde ya toca trabajar con los vecinos para decidir el futuro del edificio en un solar en el barrio de L’Eixample, de 27.657 m2 .

Se construyó con la pretensión de cárcel provisional, entre que se derruía el centro penitenciario de la calle Amalia (hoy la plaza Folch i Torres) y erigían uno con mayor capacidad de población (este solo dispondría de 800 plazas). Lo que vivió fue una masificación descontrolada de hasta más de 13.000 presos en su punto más álgido, dos motines, varias fugas o célebres presos durante más de un siglo

Desde que los últimos 24 reos abandonaran la prisión el pasado 8 de junio, La Modelo ha dejado de ser cárcel (y por lo tanto, ya no es dueña la Generalitat) para ser un edificio del Ayuntamiento a la espera de decidir qué hacer con él. La teniente alcalde y regidora de Urbanismo, Janet Sanz, anunció este miércoles que a partir de julio crearán una mesa de trabajo con representantes de las entidades vecinales y comerciantes de la zona para debatir las diferentes propuestas de uso del edificio.

En 2009 ya se creó un plan para definir nuevos usos del espacio, el Plan director 2009. Aquello fue con Jordi Hereu (PSC) al mando del Consistorio. Han pasado dos gobiernos municipales más hasta que se ha concluido el cierre del centro y ahora, con BenComú en el gobierno, valorará con la ciudadanía qué mejor equipamiento necesita el barrio en ese enorme solar, un caramelo que recupera la ciudad.

Plano de la cárcel con la parte utilizable y visitable. / Ajuntament de Barcelona

Plano de la cárcel con la parte utilizable y visitable. / Ajuntament de Barcelona

De  las diferentes interpretaciones que se le puede dar al espacio entra en juego, también, cómo conservar el valor patrimonial y arquitectónico del edificio además del uso como memoria y documentación “que sirva para iluminar aquello que sucede en otros centros penitenciarios donde la gente es privada de libertad”, ha propuesto Jaume Asens, teniente alcalde de Derechos de Ciudadanía, Participación y Transparencia.

El proceso de debate durará hasta diciembre, de tal forma que a principios de 2018 ya esté definida la propuesta de cómo transformar La Modelo. El punto de partida será retomando el plan que constituyó el equipo de Hereu, hace ocho años, pero reajustándolo para responder a las necesidades actuales del territorio y la ciudad. Aquel plan preveía un centro de educación infantil y primaria, un jardín de infancia, una residencia para la tercera edad, un casal para jóvenes, residencia de estudiantes, un espacio memorial de la cárcel y un polideportivo. Todo ello manteniendo la estructura central del panóptico.

Las primeras actividades, visitas guiadas

Su estructura, seis brazos con una torre central de vigilancia, fue ideada por Jeremy Bentham y dotaba de seguridad al centro penitenciario. Hizo de ella un hito de modernidad a lo que prisiones se refería. Ahora, las dos islas de L’Eixample que ocupa el centro se abre para conocer la memoria de Barcelona que condensa sus casi 113 años. Del 3 de julio hasta el 26 de noviembre, en el impasse de cambio de dueño, se podrán visitar las instalaciones y una exposición titulada ‘113 años, 13 historias’, organizada por la Generalitat de Cataluña, y que hará un repaso de la memoria del centro penitenciario a través de 13 testimonios.

Además, durante este año también se harán debates en su interior vinculados a la memoria e historia del centro con visitas relacionadas a determinados actos de la ciudad.

¿Qué puede contar de Barcelona La Modelo?

No solo por estar en lo que hoy es casi el corazón de la ciudad es lo que hace de esta cárcel única en memoria de Barcelona. A través de ella se pueden contar algunos de los episodios más relevantes de su historia reciente.

Su historia nace con un error de cálculo de lo que acabaría siendo Barcelona. El crecimiento de la ciudad obligó a suprimir la prisión del Raval, en la calle Amalia. Respondía a la necesidad de reordenar y modernizar la capital con el derribo de las murallas, frenar los elevados índices de delincuencia en sus proximidades, aparte de un funcionamiento caótico. No se podía tener una cárcel en el centro de la ciudad. El destino, paradójico, impidió que se desquitara de esta desdicha en su nuevo emplazamiento.

Tan pronto se construyó como cárcel ejemplar dejó de serlo en cuanto se alargó su periodo de vida y albergó a más presos de los que le correspondía. Si sus muros y rejas hablasen contarían que El Vaquilla, el conocido delincuente autor de uno de los dos motines vividos en la prisión no fue realmente el cabecilla que movilizó a los presos en el 84.

Nos contaría también cómo se inspiró el ilustrador republicano Helios Gómez para pintar la Capilla Gitana (encargo del sacedorte Bienvenido Lahoz) en su celda del primer piso, cómo se fraguó la fuga del 45 y a quién se le ocurrió la idea de esconder la tierra extraída del túnel escondido en los sacos de harina de la cocina. 

presos en 1930, entre ellos, Lluís Companys (centro). / Wikimedia commons

presos en 1930, entre ellos, Lluís Companys (centro). / Wikimedia commons

Qué fue lo último que cenó Lluís Companys antes de ser fusilado. Qué amigos hizo Javier de la Rosa en su paso por ella, qué pudieron hablar realmente Wilson y Josep Mª Huertas Clavería en el patio o las conversaciones del mafioso Raymond Vacarizzi con su mujer cada noche, ella desde la calle y él desde una ventana, hasta que lo mataron de un disparo desde la calle Provença.

La cárcel, que se construyó entre huertos y campos de cultivo, acabó ahogada entre edificios de una Barcelona expandida. Ahora todo ello la hace única, por eso hay que definir entre Consistorio y vecinos qué hacer con este capítulo de Barcelona que abraza un relato que ha durado más de un siglo.