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El urbanismo consiste en organizar los edificios y los espacios de una ciudad siguiendo tanto la normativa como aquellas estrategias que permitan conjugar en la metrópolis todos los aspectos de la vida de sus vecinos. El objetivo último de esta disciplina es, al fin y al cabo, proporcionar a los ciudadanos las condiciones de habitabilidad necesarias para que puedan coexistir en el ecosistema urbano.

Hasta aquí la teoría. Porque, a pesar de que las personas constituyan una parte esencial de esta área de estudio, hay veces que el urbanismo juega el papel contrario: algunos elementos de las ciudades parecen hacer la vida más difícil a sus moradores. Desde insufribles asientos en los que pocos se atreverían a probar hasta suelos sembrados de pinchos, el bautizado como urbanismo o arquitectura hostil está presente en algunas de las metrópolis más importantes del mundo.

Un banco difícil

Si hubiera que elegir un máximo exponente de la incomodidad urbana, sin duda los bancos del mítico barrio londinense de Camden estarían entre los candidatos. Se trata de bloques de hormigón instalados por el concejo de este distrito en el 2012. Su forma angulosa e irregular tiene como objetivo evitar decenas de comportamientos de los ciudadanos que la administración considera inadmisibles, como tumbarse a dormir o pasar por encima en patinete.

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Nada de sentarse

Hace unos años, los cineastas franceses Stéphane Argillet y Gilles Paté rodaronEl descanso del faquir’, un cortometraje sobre la cruzada de un hombre por intentar acomodarse en diferentes espacios urbanos diseñados para ser incómodos. Entre otros elementos, en las imágenes aparecen multitud de alféizares de ventanas y escalones cercanos a las puertas sembrados de pinchos para evitar que los ciudadanos se sienten sobre ellas y mucho menos se tumben. La controvertida estrategia, como el banco londinense, está enfocada a disuadir, principalmente, a posibles mendigos que busquen un lugar donde instalarse para pasar la noche.

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Un zumbido para ahuyentarlos a todos

Pero no todo son púas e incómodas aristas. Otros optan por la tecnología para ahuyentar a los ciudadanos. En el caso del dispositivo conocido como ‘mosquitono’, destinado a espantar a los más jóvenes. Este aparato, patentado en 2005 por Howard Stapleto, quien recibió un premio Ig Nobel por su invento, ha sido instalado en ciudades de países europeos, además de en Estados Unidos, Australia y Nueva Zelanda. Emite un zumbido (de ahí su nombre) de 17 kilohercios que resulta inaudible para los mayores de 25 años, pero muy molesto para los jóvenes, por lo que se evita que merodeen por sus inmediaciones.

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¿Y el otro medio?

Otra de las estrategias que siguen arquitectos y gobernantes de las ciudades consiste en diseñar asientos medianamente confortables. Medianamente porque están compuestos solo por la mitad de su estructura, aparentemente la menos práctica: el respaldo.

El libroDiseño desagradable’ de los artistas y diseñadores Gordan Savičić y Selena SavićDe recoge algunos ejemplos de estos bancos incompletos, como los instalados en la ciudad de Róterdam, donde los ciudadanos solo pueden apoyarse, sin llegar a sentarse por completo.

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Obstáculos para los ‘skaters’

Los elementos de la arquitectura hostil a menudo se insertan en el mobiliario urbano sin llamar demasiado la atención estéticamente. Los patinadores, por ejemplo, se han convertido en objeto de este tipo de medidas en ciudades como San Francisco. Para evitar que hagan cabriolas en las superficies, los ayuntamientos colocan las bautizadas como ‘pig-ears’ (orejas de cerdo), unas pequeñas estructuras metálicas situadas en los bordes que suponen un obstáculo para las ruedas.

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Cuando el color de la luz importa

Si, como hemos comprobado, el ruido puede funcionar como estímulo disuasorio, la luz no iba a ser menos. Aunque pueda parecer casual, la instalación de bombillas o fluorescentes de color azul en aseos, ya sean públicos o privados, tiene como objetivo evitar el consumo de estupefacientes. Por otra parte, las luces en tonos rosa de algunos lugares públicos sirven para ahuyentar a los adolescentes, porque, supuestamente, este tono hace más evidentes las imperfecciones de sus rostros.

Foto: Jon Dowland I Flickr

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Demasiado frío (o demasiado calor)

A quien no le ha pasado alguna vez: sentarse en una superficie metálica o de piedra para levantarse al instante porque estaba muy caliente o muy fría. Seguro que encuentras algún ejemplo en tu ciudad, pero ocurre en muchos otros países. En el parque Ikebukuro de Tokio, por ejemplo, un banco tubular con forma de gusano de acero inoxidable no solo parece poco atractivo por su contorno redondeado, sino que también espanta a los ciudadanos una vez prueban las altas temperaturas que puede alcanzar en verano.

Foto: Siaron James I Flickr

Foto: Siaron James I Flickr

Una corona de incomodidad

Uno de los ejemplos más emblemáticos de diseño urbano hostil es la fuente de la Puerta del Sol madrileña situada frente a la Real Casa de Correos. O más bien el espacio que la rodea. Si bien fue diseñado para albergar un escalón donde la gente pudiera sentarse a descansar, los gobernantes han cambiado de idea a lo largo de los años, plantando flores y rodeando el monumento con una corona de pinchos metálicos que solo fue retirada durante unos meses. Visitantes y locales acomodan a duras penas sus posaderas sobre el diminuto saliente que queda libre. 

Foto: Vana I Flickr

Foto: Vana I Flickr

Algo más que adornos naturales

Flores y rocas suelen utilizarse como elementos de decoración en las ciudades para adornar ventanas y balcones. Sin embargo, también pueden colocarse estratégicamente para evitar que las personas descansen sobre poyatas, salientes u otros espacios, principalmente en la entrada de los edificios. Cantos rodados o sospechosos salientes incrustados en el suelo también pueden servir para evitar que la gente se tumbe o que los patinadores pasen por la zona, como reflejan algunas de las imágenes capturadas por los artistas franceses Survival Group.

Foto: Phil Roeder I Flickr

Foto: Phil Roeder I Flickr

Suelo a prueba de tacones

El empedrado y las rejas metálicas de muchas escaleras y tapas de alcantarillado suponen todo un reto para las mujeres que llevan tacones. Las que deciden caminar sobre unos centímetros por las calles de muchas ciudades ponen en riesgo sus tobillos y sus zapatos, que pueden quedar atrapados en el pavimento. La ciudad de Lagos, en Nigeria, advierte a los viandantes de lo incómodos que pueden resultar los paseos por su parte vieja, pero no todas las urbes informan sobre este aspecto del turismo.

Foto: Visualhunt

Foto: Visualhunt

Los elementos de la arquitectura hostil como estos están presentes en numerosas ciudades y municipios, aunque en ciertos casos los propios ciudadanos piden que se retiren. Muchos son inocuos, pero, como señalan en su libro Savičić y SavićDe, algunos de estos controvertidos métodos no reportan ningún beneficio para la sociedad, mientras que puede afectar negativamente a colectivos como las personas sin hogar, los jóvenes o los turistas.