Dicen de El Corral de la Morería que quien no lo conoce, no conoce España. Es el único tablao del mundo con Estrella Michelin. Al frente de los fogones está el chef bilbaíno David García.

En el díptico de presentación del local pone que es “El tablao flamenco más famoso del mundo”. No sabemos si es cierto, pero lo que es indudable es que es el único del mundo en contar con una estrella Michelin, concedida en 2019. Y es que hace ya unos años que los dueños del Corral de la Morería, la familia Del Rey, decidió no solo destacar por su arte (que es mucho), sino también por lo que el comensal se lleva a la boca cuando va a ver alguno de sus espectáculos. Por eso dieron las riendas de la cocina al chef bilbaíno David García, quien consiguió el preciado galardón para el Restaurante Gastronómico, un espacio independiente y diferenciado del tablao, en el que se cocina para únicamente cuatro mesas, lo que lo convierte en uno de los restaurantes más pequeños de Europa.

García recibe a idealista/news en su casa, un estudio con espectaculares vistas a La Almudena situado justo encima del tablao, en la primera planta. En esa planta también viven otras personas que trabajan en el restaurante (artistas, contable, personal de reservas..), e incluso Blanca del Rey, la dueña, tiene un piso solo para sus vestidos y batas de cola. Al igual que sucede en muchas de otras viviendas de otros chefs, la nevera de García está prácticamente vacía: no falta el clásico limón (en buen estado, damos fe) pero poco más, ya que el chef come habitualmente con el equipo en las cocinas del tablao.

¿Cuál es el rincón favorito de tu casa?

Pues no es muy grande, imagino que el salón. Bueno, no, miento, la cama, que es donde descanso.

¿Y el bien más preciado que tienes en casa?

Mis instrumentos, la batería.

¿Tocas en casa?

No, no toco en casa. El cajón sí lo puedo tocar, pero la batería la toco en el local de ensayo.

Vives encima de un tablao flamenco, ¿está bien insonorizada la casa?

Es una cosa de locos, los muros son tan anchos que cuesta a veces hasta que pase la cobertura del móvil. A veces estoy descansando y hay actuación. Y no se oye nada, puedes a lo mejor oír un leve taconeo pero como si estuviera en La Almudena. Es una pasada la insonorización de esta casa.

¿Cómo caíste en la marmita de la cocina?

Un poco forzado, no te voy a decir que era por gusto esto de quiero ser cocinero. Había estirado demasiado el chicle y bueno, al final no se me daba mal, está relacionado con el negocio de mi familia.

¿Recuerdas el primer plato que cocinaste?

Sí, una maravillosa paella que ni en Valencia las hacen así (ríe).

¿Tan buena quedó?

Quedó rica, riquísima. Me quedó tan rica que a día de hoy, 25 años después, mis amigos todavía se descojonan. Todavía se están descojonando de aquella paella. La cociné en el monte y me salió una especie de argamasa.

¿Cuál fue tu fallo?

¿Mi fallo? La prepotencia, la ignorancia y el orgullo.

¿Hay algo que no cocinarías?

No. Me gusta cocinar todo. Todo lo que se pueda meter en la boca y no te haga daño en el estómago. Podría cocinar cosas a las que no estamos acostumbrados. Hombre, un cuerpo humano no, pero todo lo demás, todo lo que tenga patas y no sea una mesa, lo cocino.

La tortilla, ¿con o sin cebolla?

Sin. Al final, la memoria gustativa también está educada. Mi madre siempre la ha cocinado sin cebolla, con lo cual ese es el registro que he heredado. Pero no quiere decir que con cebolla no me guste.

¿Cómo es cocinar en El Corral de la Morería?

Tiene el plus que es el tablao flamenco más antiguo del mundo. Compartes el día, el oficio, tu vida con grandes artistas que te aportan muchas cosas. Ya no solo que te aportan, el día a día se hace diferente, hay muy buen feeling entre cocina, sala y artistas. Los artistas son gente muy especial, en el buen sentido, cuando empatizas con ellos y tienes mucha amistad, esa alegría que tienen te la transmiten. Porque los cocineros sí que disfrutamos con nuestro trabajo, pero muchas veces esa tensión que se acumula o esa exigencia tuya… te hace perder de vista lo importante. Los artistas cada día se encargan de recordarte lo bueno que tienes.

Trabajas en un restaurante que es punto de encuentro entre arte, cultura y buen comer, ¿te verías volviendo a trabajar en un local, vamos a decir, convencional?

No, me costaría. Hombre, a todo se haría uno pero es verdad que a nivel experiencial, los artistas flamencos aportan mucho al restaurante, para mí eso es contar con ventaja. Si me la quitas, tiraré de mi oficio, de mi profesión y de mi ilusión. Por hacer una analogía, sfi siempre has tenido un coche de 300 caballos y luego te pasan a uno de 20, claro, lo harás lo mejor que puedas, pero vaya.