Flickr/Creative commons

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La justicia condenó hace tiempo a una empresa de crédito instantáneos por cobrar 25% de interés. ¿Y qué pasa entonces con las tarjetas de crédito que cobran incluso más? Recordemos que los tipos del BCE están al 0%.

En octubre del año pasado, la abogada Alegría Cuevas mostraba su satisfacción porque un juzgado de Madrid anulaba un contrato de su cliente con Cofidis. Su cliente, angustiada por una situación temporal de dinero, había firmado un pequeño préstamo con esa financiera. El problema era que la financiera le había cobrado un 20,83% de interés, lo cual, según el juez, era abusivo, pues los tipos del Banco Central Europeo ya estaban casi a cero.

La pregunta es: si un tipo de interés del 20,83% es abusivo, ¿cómo puede considerarse un tipo del 25%? ¿Atraco? Pues ese es el tipo de interés que cobran algunas de las tarjetas de créditos que usamos todos los días. Cada vez que usamos esas tarjetas, los pagos se difieren a fin de mes.

En caso de que se abone toda la deuda del mes, no se cobran intereses. Pero basta dividir el pago en varias mensualidades, para encontrarse con las sorpresa: un TAE del 25% y más.

En comparadores de productos financieros se puede consultar fácilmente toda la oferta de tarjetas de crédito del sistema financiero español, y el rango va desde las que aplican un interés del 9,24% hasta las que aplican el 27,24% anual.

En teoría, cualquier persona puede consultar las tarifas de sus tarjetas de crédito en la página web de su banco, en las oficinas o llamando por teléfono. Muchos se encontrarán grandes sorpresas…

Para contrarrestar los posibles abusos, se puede apelar en España a una ley de 1908  denominada Ley de Represión de la Usura, que dice en su artículo inicial lo siguiente: “Será nulo todo contrato de préstamo en que se estipule un interés notablemente superior al normal del dinero y manifiestamente desproporcionado con las circunstancias del caso o en condiciones tales que resulte aquél leonino…”.

Los legisladores de hace un siglo tenían en cuenta de que los motivos de una persona para aceptar esas condiciones eran “su situación angustiosa, su inexperiencia o de lo limitado de sus facultades mentales”. 

Los jueces se remontan a esa ley para declarar nulos muchos contratos de préstamos, pues consideran que las personas afectadas, reúnen las condiciones que establece la legislación. Pero existen muy pocos caso de denuncias sobre los usureros contratos con las tarjetas de crédito.

Al fin y al cabo, una tarjeta de crédito es un préstamo rápido que un banco hace a un particular, y tiene casi las mismas características que los créditos abusivos que ofrecen entidades no bancarias: dinero rápido y con alto tipo de interés. Es más, cuando se aplazan los pagos de las tarjetas, es casi seguramente porque el poseedor de la tarjeta está atravesando un momentáneo problema de fondos.

La única diferencia es que las firmas financieras de créditos rápidos no exigen al cliente una galaxia de papeles y de garantías, y los bancos sí. Lo cual es peor para la fama de los bancos que emiten tarjetas, pues conociendo la solvencia de sus cliente, les cobran intereses como si no los conocieran.

Para sacar más tajada, los bancos llaman a los clientes para animarles a que dividan los pagos realizados con tarjetas, y los paguen “en cómodos plazos”. Lo que no dicen es que cada plazo ‘cómodo’ supone intereses por encima del 20% anual.

Y hay comportamientos peores: algunas tarjetas de crédito impiden al cliente amortizar anticipadamente la deuda por la cantidad que él quiera. El emisor de la tarjeta le pone un límite, para asegurarse de que el cliente siga pagando a  plazos.

Esta forma de usura de las tarjetas de crédito y de los bancos que las respaldan, han sido denunciados repetidamente por las asociaciones de consumidores.

Ya en 2015, el Tribunal Supremo dio la razón a Adicae en una denuncia contra estas prácticas de usura. “Las entidades adquieren el dinero a bajo coste –a menos del 0,1%– pero lo prestan con intereses que llegan a superar el 13% (créditos al consumo), el 27% (tarjetas de crédito)… aprovechándose la situación de necesidad por la que suele pasar el cliente que acude a esta vía de financiación”, decía una nota de Adicae de diciembre de 2015.