Fuente: Unsplash

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Tras la pandemia, el negocio del turismo en ciudades como Barcelona se enfrenta a una nueva era en la que las reglas del juego deben redibujarse. EAE Business School, en colaboración con la consultora 3Capital, ha elaborado el estudio “Carga proporcional derivada: aplicación al destino Barcelona” en el que se propone un modelo teórico matemático de reparto equilibrado de la oferta de alojamientos turísticos sobre un territorio que, desde la premisa de la necesaria colaboración entre administraciones públicas y sector privado, ofrece una posible solución sostenible frente a la “saturación turística” de algunos destinos.

“El grave impacto del covid-19 es un punto de inflexión y una oportunidad para crear un nuevo modelo de turismo más equilibrado y sostenible; para repensar el modelo de crecimiento de los destinos urbanos y vacacionales, dando especial énfasis a la coordinación entre las administraciones públicas y el sector privado”, señala el autor del estudio y profesor de EAE Business School, Tomeu Pons.

Antes de la pandemia, este sector era uno de los motores principales de actividad económica de Cataluña, con un gasto superior a los 21.000 millones de euros en 2019 y un peso del 12% del PIB y el 14% del empleo, superior a cualquier actividad industrial, tal y como recoge el informe. En Barcelona, el sector turístico suponía más de 150.000 puestos de trabajo directos e indirectos, un 8,6 % del empleo total, y era la cuarta actividad en creación de riqueza (7,3 % del PIB).

La ciudad concentraba una de cada tres empresas turísticas de Cataluña y casi cuatro de cada seis puestos de trabajo, recaudando más de la mitad de los ingresos del impuesto turístico en Cataluña. Esas cifras sufrieron un recorte “trágico” en 2020: la llegada de turistas descendió el 77,3%, mientras que los ingresos se redujeron un 88%.

Carga proporcional derivada: un modelo sostenible post-covid

Ante el nuevo contexto, el estudio propone la fórmula “Carga Proporcional Derivada” (CPD), que parte de dividir la ciudad en zonas más pequeñas que, a partir del centro, reparten ondas expansivas (en este caso descompresivas) mediante las que se estima la cantidad equilibrada de alojamientos para turistas. Cuando las ondas más cercanas al centro de la ciudad alcanzan una determinada proporción entre alojamientos turísticos y usos residencial, comercial, oficinas o terciario, estos y su carga sobre el territorio se derivan virtualmente sobre la siguiente onda, así hasta los límites de la ciudad.

“Las zonas centrales, con mayor presencia de alojamientos turísticos, derivan su carga sobrante hacia la siguiente onda de manera sucesiva, hasta hallar un área “libre”, disponible para la localización de nueva oferta sin riesgo de sobrecargar el equilibrio de usos previamente determinado. Es a partir de esa zona donde el sector podría desarrollarse, no necesariamente en ubicaciones lejanas del centro de poco o nulo interés para los visitantes de la ciudad”, detalla el profesor de EAE Business School, Tomeu Pons.

“Teniendo en cuenta que en 2019 el gasto medio diario de un turista alojado estaba en 195 euros en servicios de proximidad como manutención, ocio, compras y pequeño trasporte, la dispersión de los alojamientos sobre un territorio crea importantes flujos económicos multiplicadores sobre los negocios y comercios cercanos ya que, al contrario de lo que pueda parecer, el turista pasa más del 50% de tiempo en espacios cercanos a su alojamiento”, detalla Pons.

El estudio propone un índice de carga y usos de 80% residencial, 10% turismo, 5% oficinas y 5% comercial. “En cualquier caso, el índice debe tener correspondencia y ser coherente con los usos tradicionales del barrio y con la planificación a medio y largo plazo que se prevea desde las administraciones públicas”, señala Pons.