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Artículo escrito por Sandra Baraño, directora técnica de Cuida tu Casa

Tras el espejismo de verano que vivimos a principios de noviembre, el parte meteorológico para las próximas semanas no deja lugar a dudas: se acerca el frío invernal. Y con él, la necesidad de abrigar nuestros cuerpos y, cómo no, nuestras casas.

Este año, marcado incuestionablemente por el virus que nos acecha, muchas familias deberán tener especial cuidado para evitar sustos a final de mes con el pago de la calefacción. Y como más vale prevenir que curar, en lugar de subir el termostato para no tiritar de frío, convendría revisar con antelación el aislamiento térmico de nuestras casas. Ya que ahí, probablemente, se encuentre el foco del problema.

En este sentido, los españoles puntúan con un 6,8 el aislamiento térmico de sus viviendas. Ahora bien, ¿cuántos de los que lo suspenden se han parado a analizar las paredes, suelos, techos, puertas y ventanas de sus casas? ¿Cuántos han estudiado los posibles puntos débiles por los que se pueda escapar el calor y, por ende, derrochar dinero en el pago de la calefacción?

Una solución sencilla son los burletes en puertas y ventanas: tiras de silicona u otros materiales que se colocan bajo las puertas o ventanas para evitar filtraciones. Es un método barato, sencillo y muy eficaz en caso de que haya ‘huecos’ que dejen pasar el aire. Sin embargo, si las ventanas son de madera o aluminio y los cristales muy finos, quizás sea el momento de plantearse un cambio a ventanas de PVC y doble acristalamiento de vidrio, con las que el ahorro de energía y mantenimiento del calor será significativo.

Por otra parte, durante los meses más fríos resulta bastante habitual que las tuberías se congelen e incluso se rompan debido a las bajas temperaturas. Para evitarlo, a veces basta simplemente con protegerlas con espuma, cinta de calefacción o plástico de tuberías.

De igual modo, a la hora de prevenir, antes de que el invierno enfríe los días y congele las noches, es muy recomendable cerciorarse de que el sistema de calefacción funciona adecuadamente. Posteriormente, llegado el momento de encenderlos, un método muy sencillo de optimizar el calor que emiten es colocar láminas reflectantes detrás de los radiadores, lo que evita fugas de calor por las paredes. 

En esta línea, otra recomendación, ahora más importante que nunca, es ventilar bien a primera o a última hora -cuando la calefacción aún no está alta- para evitar grandes pérdidas.

Instala termostatos

Un error desgraciadamente frecuente consiste en tener la calefacción apagada durante todo el día y encenderla y subir a tope la temperatura nada más llegar a casa. Porque lo óptimo es evitar los ‘picos’, dado que la caldera necesitará el doble de energía para alcanzar la temperatura deseada y el gasto se multiplicará considerablemente. En su lugar, tanto para ahorrar dinero como para estar más cómodos en casa, es mucho mejor mantener una temperatura constante de unos 21º durante el día y unos 17º por la noche.

La fachada

Uno de los elementos constructivos a los que hay que prestar más atención es la fachada, teniendo en cuenta que el aislamiento se puede reforzar desde el exterior o el interior de la vivienda, o bien a través de la propia cámara de aire del muro.

Una de las principales ventajas de estas reformas u obras de rehabilitación es que no se reduce la superficie habitable de la vivienda, más allá de rejuvenecer la imagen del edificio y de evitar los puentes térmicos.

En este contexto, es posible recubrir completamente la fachada con un sistema SATE, en el que se pueden utilizar varios materiales como aislante: poliestireno expandido, poliestireno extruido, lana mineral, corcho expandido y tableros de fibra de madera.

Pero otra posibilidad pasa por dotarla de una cámara de aire a través de una fachada ventilada realizada con un material ligero (piedra, cerámica, aluminio, acero inoxidable…), soportada por una estructura metálica, adhiriendo al muro original una manta de aislante térmico (lana de vidrio o de roca).

Asimismo, si no se puede cambiar la imagen de la fachada, y ésta posee una cámara de aire, también es posible inyectar el aislamiento en ella a través de espuma de poliuretano, lanas minerales o celulosa.

Los tabiques interiores

No obstante, es cierto que las rehabilitaciones de la fachada deben recibir el visto bueno de los vecinos, lo que no siempre es fácil, aunque se encuentre en un evidente mal estado. Pues bien, en el caso de que no se logre ese necesario consenso para acometer la obra, la alternativa pasaría por reforzar los tabiques interiores, así como los suelos y techos, auténticas mantas de las casas.

Porque en este otoño en el que las noticias nos están dejado helados, protegernos contra el frío para reducir constipados y catarros también es una cuestión de responsabilidad. Porque velar por el buen estado de mantenimiento de nuestras casas, al fin y al cabo, es velar por nuestra salud y bienestar.