Un joven que quiere su primera casa. Una familia que crece y busca una vivienda más amplia. Un inversor que apuesta por el sector inmobiliario para sacar partido a sus ahorros… Son varios los perfiles de comprador de vivienda que hay en este momento del mercado y, aunque todos tienen en común la adquisición de un inmueble, también tienen sus diferencias.

Según un estudio publicado por la red Comprarcasa, existen cinco tipos de compradores con unas características concretas. Repasamos las principales en función del tipo de vivienda que adquieren:

1. La primera vivienda. Lo habitual, según el estudio, es que sean jóvenes de entre 25 y 35 años que buscan un hogar para independizarse. Optan por analizar la compra de una vivienda en propiedad, aunque se enfrentan a varias dificultades, como la poca seguridad que ofrece el mercado laboral, unos ahorros escasos y trabas para acceder a la financiación. De media, los compradores noveles suelen vivir en esa primera casa unos ocho años.

2. La vivienda de reposición. En esos primeros ocho años de independencia, la vida cambia con la vida en pareja, la llegada de niños o de nuevas necesidades. Y es entonces cuando entra en juego la reposición. Según el estudio, quienes adquieren este tipo de casas son personas de entre 35 y 45 años, aunque también hay compradores que superan los 65 años. En su caso, buscan viviendas más pequeñas y céntricas para afrontar la vejez.

En ambos casos, el presupuesto para la operación suele rondar los 350.000 euros (aunque las cantidades varían en función de la ciudad en la que se ubique la casa), y de dicha cantidad son capaces de pagar entre un 50% y un 80% al contado. “Paradójicamente, es el tipo de comprador favorito para los bancos a la hora de concederle financiación externa”, aclara el estudio.

3. La segunda residencia. Se trata de las viviendas de playa o montaña que muchos compradores buscan para disfrutar de fines de semana y vacaciones y, a la vez, que usan como un instrumento de ahorro. Por otro lado, es frecuente que los propietarios jubilados conviertan a la que era su segunda residencia en su vivienda habitual para destinar la otra al alquiler y obtener unos ingresos extra con los que completar la pensión.

Normalmente el presupuesto para la compra del piso ronda los 130.000 euros, aunque el precio se eleva considerablemente en zonas como Baleares, Costa del Sol o Cataluña. Además, el estudio subraya que ahora no se le da tanta importancia a que la vivienda esté en primera línea de playa, sino que el comprador valora una buena ubicación y la cercanía de servicios sanitarios, oferta comercial y buenas infraestructuras.

4. El pequeño inversor. Son muchos los ahorradores que han visto en el ladrillo una buena forma de sacar partido a sus ahorros, en un momento en el que la rentabilidad de los depósitos está por los suelos o que es necesario arriesgarse con la bolsa para conseguir un buen rendimiento. En ese contexto, comprar una vivienda para alquilarla está ofreciendo este año una rentabilidad media en España superior al 7%, según los datos de idealista.

En este perfil se incluyen compradores españoles, extranjeros, jubilados… que comparten características como “la edad (de 50 años en adelante), que no necesitan apoyo financiero y que toman decisiones rápidas, empleando en la mayor parte de los casos el apoyo de un profesional del sector, que es el experto de la zona”, insiste el estudio.

Normalmente buscan pisos bien ubicados, en buen estado y de unos 80 m2 de superficie. En cuanto al precio, la horquilla más habitual va desde los 95.000 euros que se gastan de media en las capitales hasta los 185.000 euros si hablamos de Madrid o Barcelona.

5. El gran inversor. En esta categoría se incluyen los inversores profesionales y las empresas, ya sean nacionales como extranjeras. Son compradores que buscan activos muy concretos, como viviendas que sirvan para un alquiler de larga duración, para estudiantes o para dedicar el inmueble al alquiler vacacional. En general se trata de pisos de reducido tamaño que se encuentran en ciudades donde hay demanda sostenida de alquiler, ya sea por trabajo o por tener centros universitarios.

“En general se trata de un inversor no especulativo como el de hace diez años, cuando se compraban y vendían las viviendas en menos de un año, si no muy enfocado a obtener una rentabilidad fija a medio largo plazo”, concluye el estudio.