Poco importa a veces que el arquitecto busque que predomine la funcionalidad sobre la forma, ya que ésta puede convertirse, por sí misma, en el icono de una gran ciudad. Esto es lo que ha sucedido con en el edificio de Castellana 81 de Madrid, popularmente conocido como Torre BBVA, al haber sido el cuartel general del banco durante casi dos décadas. 

Erigido sobre el corazón financiero de la capital de España, en el complejo AZCA, fue el primero de los rascacielos que acabarían dibujando el ‘skyline’ de la columna vertebral de la ciudad. Levantado en la década de los años setenta del siglo XX sobre la entonces Avenida del Generalísimo, la Torre del Banco Bilbao alcanzó los 107 metros de altura.

Francisco Javier Sáenz de Oiza, el arquitecto que dio vida al inmueble tras ganar el concurso público convocado, tiene en esta obra un símbolo de su tendencia “vanguardista y rompedora”, en opinión de Gema Alfaro, arquitecta y socia de Alfaro & Manrique.

Uno de los mayores retos a los que se enfrentó Sáenz de Oiza fue cómo levantar un edificio en cuyos cimientos se encuentran las vías del tren que unen Chamartín y Atocha: la estación de Nuevos Ministerios se encuentra a escasos metros de su base. Alejandro Valdivieso, arquitecto y profesor de la Universidad Politécnica de Madrid, explica que se consiguió haciendo que “el edificio funcione como una estructura puente sobre las vías” mediante “una especie de gran pórtico” que permitió, además, que los movimientos propios de la circulación de los ferrocarriles no afectaran a la estructura. “Es como un gran puente, que no se ve, que está sobre las vías del tren, y sobre el que emerge la torre”, resume el profesor.

Su sello de identidad ha llevado a la Comunidad de Madrid a tomar la decisión de declararlo Bien de Interés Cultural.

Óptimo para acoger oficinas

La ejecución del ahora conocido como edificio Castellana 81 significó en su día el inicio del traslado del núcleo financiero madrileño de la Gran Vía (donde estaban edificios como el de Telefónica) al Complejo AZCA, cuyo desarrollo del plan urbanístico venía de los años 60, como recuerda Gema Alfaro.

Se buscaba, según el profesor Valdivieso, “generar una nueva área de centralidad construyendo un nuevo programa de oficinas y terciario” para ampliar la ciudad y dar protagonismo a una zona que el profesor compara en la actualidad con Las Tablas: “Una extensión de la ciudad”.

Es “un edificio con una gran audacia técnica”, según Gema Alfaro, “que consigue una planta libre”, idónea para un edificio de oficinas, ya que “facilita cualquier tipo de implantación” por parte del propietario. Además, se diseñaron espacios de dobles alturas donde el arquitecto aprovechó para meter los usos comunes como el auditorio y grandes salas de reuniones.

La fachada libre, en vidrio y con las esquinas redondeadas, combina lo estilístico y lo funcional. Lo mismo le ocurre a las grandes pasarelas que circundan la estructura y que hacen, a su vez, la función de parasoles.

Una rehabilitación mirando al futuro

Su reciente rehabilitación ha respetado la singularidad del edificio a la vez que lo ha impulsado como símbolo de sostenibilidad, tecnología y accesibilidad. Es el único edificio de oficinas del Paseo de la Castellana que ha obtenido la prestigiosa certificación LEED Platinium.

Este reconocimiento para Castellana 81 ha sido en base a elementos como la dotación de parking para bicicletas y vehículos eficientes o compartidos; la reducción del consumo de agua sanitaria en un 42% respecto a un edificio convencional; la eficiencia energética (cifrada en una reducción del 50% del consumo eléctrico de luz) mediante la colocación en su cubierta de 30 paneles fotovoltaicos y 24 paneles solares (para la producción de agua caliente); el acceso para el 95% de los trabajadores a iluminación natural mediante vistas exteriores; o la utilización durante la rehabilitación de un alto porcentaje de materiales reciclados y regionales.

Respecto a la accesibilidad, es el primer edificio de oficinas en España que cuenta con 5 estrellas en su certificación DIGA (Distintivo Indicador de Grado de Accesibilidad): personas con diversas discapacidades, mayores y embarazadas pueden desplazarse por el edificio con comodidad y seguridad.

El autor

Francisco Javier Sáenz de Oiza fue uno de los principales arquitectos españoles del siglo pasado. Fallecido en el año 2000, siete años después de recibir el premio Príncipe de Asturias de las Artes. Este 2018 se cumple un siglo de su nacimiento en el pueblo navarro de Cáseda.

Se licenció en la Escuela de Arquitectura de Madrid en 1946 con el mejor expediente académico, al que sumó ese mismo año el Premio Nacional de Arquitectura. La beca “Conde de Cartagena” le permitió ir un año después a estudiar a Estados Unidos, desde donde regresó dos años más tarde con unos conocimientos técnicos innovadores y vanguardistas con los que se convirtió en una referencia del panorama español.