Las ciudades inteligentes son aquellas que se acercan a una sostenibilidad óptima y garantizan una calidad de vida de sus ciudadanos. Y por esa razón, los barceloneses están de enhorabuena. Barcelona ha sido elegida una de las tres ciudades más inteligentes del planeta, según un estudio elaborado por SmartCitiesWorld en colaboración con Philips. El mismo ránking sitúa a la cabeza a Singapur y Londres en segunda posición.

Actualmente, las ciudades consumen de media más del 70% de la energía mundial. Se calcula que para 2050 las urbes acojan a más de 6.500 millones de personas, lo que implica que la población de estas zonas crecerá en 2.500 millones de personas.

El informe trata 150 elementos que definen lo que es una ciudad inteligente. Al otro extremo, se encuentra la falta de infraestructuras, la visión cortoplacista o las restricciones presupuestarias, según los encuestados de una veintena de países de todo el mundo, quienes consideran que esos aspectos son los que obstaculizan a lo que se enfrentan las ‘smart cities’.

Barcelona es la tercera ciudad más inteligente en este listado de SmartCitiesWorld y destaca por la decidida implicación política en la transformación digital de la ciudad. En este caso es fundamental la figura de Francesca Bria, nombrada a mediados de 2016 Comisionada de Tecnología e Innovación Digital de la ciudad.

El informe subraya la voluntad de la ciudad para promover este cambio. “Para que las ciudades se beneficien realmente del potencial que ofrecen las ‘smart cities’, se requiere un cambio de mentalidad en el que las autoridades locales planifiquen a largo plazo y a través de los distintos departamentos”, explica Andreas Knobloch, Alliance Specialist de Philips Lighting. Según el Consistorio de la ciudad, la implantación de nuevos sistemas basados en este concepto han generado aproximadamente 47.000 empleos, otros 36,5 millones de euros gracias a aparcamientos inteligentes y un ahorro de 42,5 millones de euros en agua.

Entre los planes de la administración pública de la capital catalana está el reducir la dependencia de las grandes tecnológicas. Esto es, apostar por el software libre de código abierto, colaborar con pymes locales, el abandono de la externalización y más contratación de personal informático. Así apostarían por alternativas como Open-Xchange, Mozilla y OpenOffice, frente a Outlook, Explorer y Office, además de abandonar Windows y utilizar sistemas operativos como Ubuntu (basado en Linux).

Barcelona es además una de las ciudades que lideran el proyecto europeo Decode, nacido para favorecer el control de los datos y la gestión de la identidad digital de los ciudadanos a través de plataformas colaborativas. El programa piloto, que busca ofrecer a los ciudadanos una mayor independencia de las multinacionales, se desarrolla también en la ciudad de Amsterdam y cuenta con colaboradores como The UK Innovation Agency Nesta (Reino Unido), Universitat Oberta de Catalunya (UOC)-Internet Interdisciplinary Institute (IN3), University College London (Reino Unido), Arduino Verkstad (Suecia) o el Centre d’Economie de la Sorbonne (Francia).