El arquitecto Andrés Jaque fundó en 2003 la agencia multidisciplinar Office for Political Innovation y, desde entonces, desarrolla proyectos que proponen marcos políticos diferentes por todo el mundo.

A caballo entre Madrid y Nueva York, donde imparte clases en la Universidad de Columbia, Jaque tiene claro que el objetivo de la arquitectura va más allá de las nociones teóricas que enseña en sus clases y en las conferencias que ofrece.

“La gentrificación ya no es una realidad que podamos observar como un contexto nuevo”, asegura. “En todas las grandes ciudades occidentales está ocurriendo un fenómeno de desdoblamiento de lo urbano. Unas élites están desarrollando una economía offshore que está desconectada del suelo y que tiene muchos privilegios; así, toman zonas concretas de las ciudades, normalmente el centro, para desarrollar esta forma de economía. Este es el contexto en el que estamos inmersos ahora mismo y en él la arquitectura juega un papel fundamental para intentar que el mercado inmobiliario se convierta en una herramienta de construcción de lo social”, explica el arquitecto madrileño, quien pone un ejemplo con uno de los últimos proyectos que su equipo está realizando en la capital de Panamá.

“Panamá City es el destino de muchas fortunas que llegan de Venezuela, de Colombia, de Haití o Miami, ya que encuentran una ventaja logística y financiera. Este dinero encuentra en el mercado inmobiliario una buena fórmula de inversión que estrangula las posibilidades de la clase media de acceder a la vivienda y la destierra a decenas de kilómetros”, afirma el arquitecto. “Allí trabajamos con un promotor que quiere desarrollar viviendas que mantengan a la clase media en la ciudad, y lo hacemos a través de un diseño arquitectónico acoplado a fórmulas financieras que hacen viable el proyecto. Es un trabajo difícil, de ajuste de plazas de aparcamiento, de número de ventanas, de uso de materiales, pero es factible y permite que el promotor mantenga un beneficio que hace viable el proyecto”.

Otro proyecto que obsesiona a Jaque es la implicación del ser humano con el medio ambiente: “Tenemos que entender que lo que hacemos en la escala pequeña de nuestra vida cotidiana tiene implicaciones para el planeta. Nosotros desarrollamos en su momento esa idea en la casa de Never Neverland, en Ibiza. Una vivienda que está imbricada en el paisaje de tal manera que la vida hedonista de unas vacaciones en la isla  puede desarrollarse, no solo sin un gran impacto medioambiental sino, incluso, ayudando a mantener un ecosistema muy frágil como es el de Cala Vadella”.

Jaque asegura que su estudio está realizando ahora un proyecto similar en una isla frente a la ciudad de Corpus Christi, en el estado de Texas. “Estamos trabajando para que la propia casa se convierta en un actor fundamental para el frágil ecosistema de esta isla, amenazado por el cambio climático”, indica el arquitecto.

Empoderar más allá de la Gran Vía

Sobre Madrid, el arquitecto destaca el trabajo del Consistorio para tratar de descentralizar el foco de atención y entender que hay núcleos diferentes al centro de la ciudad. Un centro al que aconseja empoderar.

“Lo que me parece más interesante es intervenir en la parte trasera de Gran Vía, desde la zona de Mostenses hasta la Plaza de Ópera y detrás de la Plaza de España”, explica. “Es una parte de la ciudad que tiene una riqueza interesante: multiculturalidad, mezcla de clases sociales y edades, mantiene un comercio que no está todavía unificado por las grandes corporaciones. Para mí, el gran reto sería coger esa parte de la ciudad y buscar unas políticas de empoderamiento”, afirma el arquitecto.

Una de las últimas intervenciones que realizó en la capital, el escaravox, sigue ocupando un lugar protagonista en Matadero Madrid. “Para nosotros es muy importante entender que el espacio público no puede ser simplemente un espacio vacío disponible, porque somos seres complejos y necesitamos interacción”, asegura Jaque a idealista/news.

“Escaravox es una infraestructura de sombreado de grandes dimensiones muy transformables e hiperconectada, que permite que cualquiera pudiera llegar y conectar su guitarra eléctrica u organizar una presentación de algún libro o, incluso, con unas gradas móviles adicionales, organizar una clase de una universidad abierta. Es una reflexión sobre cómo crear un espacio público que no promueva solo el acceso al consumo, el tránsito a las tiendas comerciales, sino que convierta la plaza en un espacio de interacción, de intercambio, de excitación cultural, política e ideológica”. La intervención lleva siendo un éxito desde 2012 y se ha trasladado a otras ciudades. Un ejemplo más de la forma de entender la arquitectura por parte de Andrés Jaque y su equipo.