Alpargata: también conocida como esparteña, se trata de un tipo de calzado de hilado de fibras naturales como el algodón, piel de animal, mimbre o lona, con suela de esparto, fique o cáñamo. O una mezcla de yute. La alpargata siempre fue un calzado modesto, la utilizaban los agricultores: era económica y todo terreno, aguantaba… Empezó a ser vista con otros ojos cuando el diseñador francés Yves Saint Laurent las sacó del armario para que las modelos las lucieran en un desfile, de hecho, tras ese hito estaba una empresa española, los catalanes Castañer, que se las fabricaron con cuña y con acabados en raso y seda.

De alpargatas y cuerda saben mucho en la Alpargatería Hernanz, uno de los pocos negocios de este tipo que sobreviven en la capital de España: el negocio vio la luz en 1845 y el establecimiento se ha conservado prácticamente intacto, salvo las estanterías, que son más recientes: “El mobiliario es el original menos las estanterías. En los años 70 el Ayuntamiento, por una normativa de seguridad ante incendios, hizo cambiar los de madera original. Tuvimos que ponerlas metálicas, pero cundo volvió a cambiar la normativa volvimos a poner las de madera”, afirma Jesús Hernanz, cuarta generación al frente del negocio que seguirá estando en manos de la misma familia porque sus dos hijos también vienen a echar una mano ya en la tienda.

A mediados del siglo XIX, Toribio Hernanz abrió su tienda de alpargatas y aperos para los arrabales de Madrid: eran tiempos agrícolas y el negocio iba bien. En la Guerra Civil se encargó del negocio su sucesor, José, que tenía que esconder el género a los militares de ambos bandos porque se lo llevaban sin pagar. Después, llegaría el desarrollo industrial, Correos y el Banco de España fueron uno de sus principales clientes: les compraban cuerdas para apilar los paquetes.

Y es que recordemos que no solo venden alpargatas, también cuerdas sintéticas como vegetales, cestería, redes de uso deportivo, figuras de esparto, etc. Pero, sobre todo, alpargatas: allá donde lleves los ojos las verás y de todos los colores: están las lisas, las de toda la vida y que son uno de los best-sellers y luego todas las combinaciones que puedas imaginarte. A rayas, con topos, con brillantinas… A ellos les llegan las suelas ya confeccionadas y el resto lo hacen ellos: montan los cortes de la parte superior, el cosido, la fijación de la tela en la planta…: “Antiguamente las suelas se hacían con cáñamo, ahora son de yute”, aclara.

Desde que hemos entrado a primera hora no ha dejado de acceder público a la tienda. ¿Quién es su principal cliente, el nacional o el turista? “Antes era el turista (el establecimiento goza de una localización privilegiada, a pocos pasos de la Plaza Mayor) pero ahora el turismo está muerto, vienen sobre todo nacionales”. Por aquí ha pasado gente de todo tipo: mucho anónimo y también, mucho famoso, nacional o de Hollywood porque como decíamos más arriba, la alpargata es tendencia.

Con la pandemia se han resentido, como casi todos: “De hecho, 2020 ha sido el primer año que hemos tenido números rojos. No es que no hayamos ganado dinero, sino que hemos perdido”, comenta este Licenciado en Económicas que cuando terminó la carrera y cuando ya llevaba años echando una mano en el negocio (desde los 14 años), su padre se jubiló y el resto vino rodado. Siempre vistió alpargatas: “Con 10 años yo formaba parte de ese grupo de niños que no se podía comprar zapatos, y como este era el calzado que tenía en casa, siempre lo he usado. Y lo sigo usando, las clásicas, sobre todo, desde la primavera y hasta que el frío me lo impide”, aclara.

Y es que es un calzado idóneo para el calorcito, porque es cómodo y fresco, y además, transpira. Por cierto, ¿cómo se limpian las alpargatas, se pueden lavar? “Sí, sin problema, lo único cuando las laves, las debes dejar secar bien antes de utilizarlas. Las que van cosidas se pueden lavar sin problema. Las que van montadas tienes que lavarlas en agua fría, y que no estén mucho tiempo porque puede llegar a despegarse. Pero las cosidas las puedes tener un mes metidas en agua que no pasa nada”. Palabra de alpargatero.