Wikimedia commons

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Las casas de las primeras civilizaciones de la humanidad siguen presentes en el siglo XXI: nuestros coetáneos continúan aprovechando las oquedades de las cuevas o materiales tradicionales como el adobe y la paja para reivindicar un estilo de vida que no está reñido con la ostentación.

Mientras tanto, otros han querido recuperar eso de vivir dentro de una cueva recuperando casas antiguas o construyendo las suyas propias, e incluso hay quien decide tener su hogar entre rocas al más puro estilo Picapiedra.

Son muchos los arquitectos y artistas que, en tiempos de hormigón y hierro, apuestan por el adobe, esa masa de barro mezclada con paja y secada al sol que ya se usaba como material de construcción en la antigua MesopotamiaHasta 695.000 dólares (562.000 euros) se pide por una casa de adobe de mediados del siglo XX que se encuentra a la venta en Nuevo México (Estados Unidos). Por fuera, la estructura es anodina y probablemente pasaría desapercibida. Sin embargo, por dentro está ricamente amueblada y decorada, cuenta con tres espaciosos dormitorios y otros tantos cuartos de baño. No es una excepción: en Reino Unido también han recuperado el adobe para edificar casas baratas y ecológicas.

Foto: Sotheby’s International Retail

Foto: Sotheby’s International Retail

Foto: Sotheby’s International Retail

Foto: Sotheby’s International Retail

Por otra parte, en España, la cooperativa valenciana Okambuva se aprovecha de las balas de paja para forrar espacios de nueva planta de líneas rectas o curvas. Estas últimas estructuras recuerdan precisamente a las construcciones de planta circular y techo de paja de los celtas en el noroeste de España.

Foto: Okambuva

Foto: Okambuva

El objetivo de estas nuevas viviendas es utilizar materiales locales para reducir el uso de madera. Por ello, en Okambuva también se han atrevido a levantar casas con bóvedas de cañas: 30 personas montaron durante tres semanas esta estructura en la localidad alicantina de Benidoleig.

Reducir el daño al medioambiente o aprovechar su capacidad aislante son algunos de los motivos para recuperar la paja. Además, como es deshecho del cultivo del cereal, se recicla para construir otras estructuras.

Mientras tanto, en la Costa da Morte gallega, impresiona Trufa, la casa diseñada por Antón García-Abril, del estudio Ensamble. Para su construcción, se vertió hormigón sobre balas de heno. Cuando la mezcla se solidificó, se excavó para crear algunos huecos. Posteriormente, el equipo llevó a una vaca para que se alimentara con ese heno durante un año. Fue en el espacio que dejó la res donde se instaló un pequeño estudio. En definitiva, construyeron una roca para luego horadarla y que la propia naturaleza animal diseñara espacios a su gusto.

Foto: Ensamble

Foto: Ensamble

Piedra y cuevas

El adobe es un buen aislante para el calor y el frío, como también le pasa a las casas en la roca que hay diseminadas por todo el mundo. Su temperatura se puede mantener estable entre los 15 y los 21 ºC durante todo el año. Hay casas que se han mantenido ocupadas desde hace siglos, como las del Sacromonte en Granada, pero en la actualidad son muchos los que aprovechan las virtudes de la roca para construir sus casas o restaurar otras antiguas.

Francia es un ejemplo de ello: la región de Países del Loira, en el noroeste del país, presume de una serie de viviendas trogloditas, esculpidas en la roca. Sirvieron para guardar los aperos de labranza y otros utensilios agrícolas, como las que se pueden ver en la ciudad de Rochemenier, pero otras han sido restauradas por artistas para establecer allí sus talleres y viviendas.

Foto: Wikipedia

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También en la región del Loira, un maestro jubilado, Henri Grevellec, compró una cueva hace unos años que antes era una cantera. La restauró y la convirtió en una casa de varios pisos envidiable, que aprovecha las galerías que recorrieron el interior de la piedra.

Otros han usado las cuevas milenarias para instalar allí hoteles. Quienes viaje a la Capadocia turca puede alojarse en el Yunak Evleri, seis casas-cueva de los siglos V y VI. La austeridad del exterior contrasta con el interior: ‘jacuzzi’ y baño de vapor en algunas habitaciones y piscina en el patio.

Foto: Yunak Evleri

Foto: Yunak Evleri

En cuanto a viviendas de nueva formación, nos podemos maravillar con estas casas construidas en unas rocas de Rusia, un proyecto del estudio Igor Sirotov. Su exterior apenas llama la atención: parece la entrada a una cueva o a una mina. Dentro, hay una casa sobria de colores y formas, pero muy atractiva.

Foto: Igor Sirotov

Foto: Igor Sirotov

Otros no perforan la roca, sino que aprovechan las grandes piedras que hay por el campo para montar una estructura con ellas. Es el caso de la llamada Casa do Penedo (casa de la peña en portugués), situada en medio de la sierra de Fafe, en el norte de Portugal. Es tosca por fuera, ya que se construyó entre cuatro rocas que sirven para dar forma a la casa y en las que están incrustadas las puertas y ventanas.

Edificada en los años 70 para ser utilizada como lugar de vacaciones, su interior también destaca por la sobriedad. Pero no todo es tan ‘prehistórico’: la energía proviene de los molinos eólicos.

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Los Picapiedra del siglo XXI

Si estas casas no te convencen, siempre está la opción de tirar de hierro y hormigón para tener una casa que recuerde los ficticios y prehistóricos vecindarios de Piedradura. El estudio Emilio Álvarez y Asociados construyó varias de ellas hace más de una década en la provincia de Málaga. Caracterizadas por la ausencia de esquinas y líneas rectas, la estructura está diseñada con varas de hierro entrelazadas, sobre las que se colocan sacos. En estos se vierte hormigón y finalmente se pinta para dar ese aspecto antiguo.

Foto: Estudio Emilio Álvarez y Asociados

Foto: Estudio Emilio Álvarez y Asociados

En Hillsborough (California), otra casa de formas curvas diseñada con alambre y hormigón, y apodada precisamente como la Casa de los Picapiedra, fue vendida el pasado verano por 2,8 millones de euros (2,2 millones de euros).

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El arquitecto William Nicholson la construyó en 1977, y su diseño interior nada tiene que ver con la prehistoria: tonos blancos y cálidos predominan en las formas curvas de los muebles, mientras que el cristal domina las mesas. Lástima que no usen la arcaica piedra y paja: sería el contraste perfecto entre antigüedad y siglo XXI.