Adecco

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El covid-19 nos ha traído unos efectos devastadores desde el punto de vista sanitario, social y económico, y sigue dificultando por sus rebrotes cualquier análisis y previsiones sobre escenarios y modelos de gestión en las organizaciones. Pero algunos datos son claros ya: en el segundo trimestre de 2020, la pandemia ha provocado que la tasa de absentismo en España se dispare hasta el 8,9%, un máximo histórico, según el último informe elaborado por Adecco. 

Antes de analizar los datos cabe aclarar que además de las horas de trabajo que se pierden por vacaciones y días festivos y de los ERTE, hay muchos otros motivos que provocan pérdidas ocasionales y que sí se consideran absentismo. El más importante de esos motivos es el de la Incapacidad Temporal (IT; enfermedad común). El absentismo es el conjunto de horas no trabajadas por motivos ocasionales.

En este sentido, erróneamente, muchas veces se equipara el absentismo con faltas injustificadas. Aunque estas últimas son una parte del absentismo, no son la porción más importante. También se incluyen dentro del absentismo, por ejemplo, las horas no trabajadas por maternidad, por permisos remunerados y por conflictividad laboral.

Quince jornadas menos de trabajo al cabo de un año

Desde 2014 hasta 2019 inclusive, la jornada anual pactada se mantuvo estable, ligeramente por debajo de las 1.800 horas. Durante 2019, la jornada pactada media por trabajador y mes fue de 1.794 horas, según datos de Adecco.

Lo anterior tiene un significado relevante pues implica que el movimiento hacia la disminución de las horas pactadas se ha detenido, al menos de momento. Entre los años 2000 y 2014 la tendencia hacia la disminución de las horas pactadas fue marcada. Para el conjunto de los sectores de la industria, la construcción y los servicios, las horas pactadas pasaron de casi 1.920 horas por trabajador y año a poco menos de 1.800 horas, que es donde se mantienen desde entonces. En términos porcentuales, implica una reducción de un 6,4% en la cantidad de horas pactadas anuales. En términos absolutos, esa misma reducción de 120 horas anuales equivale, considerando una jornada laboral estándar de ocho horas diarias, a 15 jornadas menos de trabajo al cabo de un año.

Esa tendencia hacia la reducción del número de horas pactadas se observó tanto en años de auge económico (desde 2000 hasta 2006) como en momentos de crisis (desde 2008 hasta 2013). De ahí que no quepa interpretarla como un fenómeno vinculado al ciclo económico. Más bien, esa tendencia debe explicarse fundamentalmente a partir de factores sociales (como podrían ser una mayor valoración del tiempo de ocio, una creciente preferencia por conciliar las responsabilidades profesionales con la vida personal, etc.).

Sin embargo sí se observa un descenso en las horas extraordinarias. De hecho, la brusca caída de la actividad económica a raíz de las medidas para combatir el coronavirus derivó en una reducción brusca de estas, que en el segundo trimestre de 2020 marcaron un nuevo mínimo, equivalente al 0,27% de las horas pactadas. Eso ratifica el estrecho vínculo entre las horas extraordinarias y el nivel de actividad económica.

Desglosando las horas no trabajadas en dos grandes categorías: i) vacaciones y festivos y ERTES y ii) absentismo y observando la evolución de las horas no trabajadas por absentismo a lo largo de los últimos 20 años, surge claramente un patrón ligado al nivel de actividad económica. En una primera fase, entre 2000 y 2009, muestran un crecimiento casi sin interrupciones que las lleva desde 65 horas por trabajador y año hasta 85 horas. Tales cifras implican un incremento acumulado del 32%.

Desde entonces, junto con la crisis económica, las horas perdidas por absentismo inician una etapa descendente en la que disminuyen todos los años. De las 85 horas/año por trabajador en 2007 caen hasta 67 horas en 2013: un recorte total del 21%. Al iniciarse en 2014 la recuperación de la economía, las horas no trabajadas por absentismo vuelven a crecer, alcanzando en 2019 un nuevo máximo de poco más de 90 horas anuales por trabajador.

El aumento acumulado entre 2013 y 2019 es del 34%. Si se compara el dato de 2019 con el de 2000, se alcanza un resultado desalentador: el año pasado se perdieron por absentismo un 40% más de horas que en 2000. En términos absolutos, durante 2019 se desperdiciaron, de media por cada trabajador, casi 26 horas más que en 2000 (más de tres jornadas laborales completas).

Sobre esa tendencia ascendente de las horas perdidas por absentismo es que irrumpe el coronavirus, que lleva a que en el segundo trimestre de 2020 este fenómeno se incremente notablemente. En efecto, durante esos tres meses, los más afectados por las medidas de confinamiento de la población, las horas perdidas por absentismo llegaron a casi 125 en términos anualizados, de media, por cada asalariado.

En términos aproximados, dos tercios del aumento del absentismo en la primera mitad de 2020 se explica por el aumento de IT (enfermedad común o accidente no laboral), como efecto directo de la pandemia. Las horas perdidas por IT llegaron, en el segundo trimestre de 2020, a casi 89 horas anualizadas, de media, por trabajador. Es, por ejemplo, el doble que en 2012 y 2013. El tercio restante se explica por un conjunto de motivos, entre los que destacan el aumento de las horas no trabajadas por permisos (casi 17 horas anualizadas en el segundo trimestre, prácticamente el triple que en 2018 y 2019) y las horas perdidas en el lugar de trabajo (por ejemplo, por falta de insumos, rotura de maquinaria o ausencia de compañeros que impiden completar una determinada actividad, todas cosas directa o indirectamente vinculadas con la pandemia de coronavirus).

Lógicamente, la evolución de la tasa de absentismo (horas no trabajadas por absentismo / horas pactadas efectivas) siguió un sendero similar a lo recién reseñado para las horas no trabajadas por absentismo. Sin embargo, se encuentra una diferencia relevante: como el incremento de las horas perdidas por absentismo se produce al mismo tiempo que las horas pactadas efectivas están prácticamente estabilizadas en 1.630 horas desde 2013, la tasa de absentismo ha registrado un aumento proporcionalmente mayor. Si en 2013 fue de un 4,1%, en 2019 fue más de un punto porcentual más alta: 5,5%, que es el dato más elevado de los últimos 20 años.

En otros términos, el aumento de la cantidad de horas no trabajadas por absentismo se tradujo en que la tasa de absentismo creciera desde un mínimo de un 3,7% en 2000 hasta un 5% en 2007. A partir de allí se redujo, hasta ubicarse en un 4,1% en 2013 (el último año antes del inicio de la recuperación de la economía). Desde entonces, crece todos los años, llegando al 4,9% en 2016, 5% un año más tarde, 5,2% en 2018 y 5,5% el año pasado, como acaba de señalarse.

Andalucía, la región donde más crece el absentismo

Entre las dieciséis comunidades en las que las horas no trabajadas por absentismo se incrementaron, sobresalen los casos de Andalucía (con un incremento de un 164% desde 2000, por lo que en 2019 sumó 39 horas no trabajadas por absentismo más, por año y trabajador, que en el primero de esos años), Castilla-La Mancha (subida de un 141%; las horas perdidas por absentismo crecieron en 44 por año) y Galicia (+80%, que equivale a 46 horas más de absentismo por trabajador y año que en 2000).

El caso contrario, con los aumentos más moderados, viene representado por Asturias (región en la que las horas perdidas por absentismo se incrementaron un 5,5% o 5 horas y media, siempre entre 2000 y 2019), Cataluña (con una subida de 5,7%, equivalente también a cinco horas y media) y la Comunidad Valenciana (aunque con un alza significativa, de un 13,6% o 9 horas perdidas más por año y trabajador).

La pandemia hizo que aumentara el absentismo por un cúmulo de motivos, como el incremento de las horas perdidas por IT, permisos, etc. Cuando comparamos las horas de absentismo de 2019 con las del segundo trimestre de 2020, vemos que estas subieron en todas las autonomías, con la única excepción del País Vasco.

Comparando el dato de 2019 con el anualizado del segundo trimestre de 2020 se observa que Baleares experimentó el incremento más marcado: +147%, hasta llegar a 106 horas anualizadas por trabajador. Las otras tres autonomías donde más se incrementó el número de horas perdidas por absentismo en el segundo trimestre del año en curso fueron la Comunidad Valenciana (+70%, hasta 133 horas anualizadas), Andalucía (+63%, llegando a 103 horas anualizadas de absentismo) y Cantabria (+54%; 132 horas).

El País Vasco es, como se ha señalado, la única región que logró una reducción, en parte facilitada porque era la que tenía la mayor cantidad de horas perdidas de absentismo, que bajaron desde 147 hasta 130 (-11,8%). Los incrementos más suaves correspondieron a Aragón (+7,3%, hasta 114 horas anualizadas) y Extremadura (+9,3%, colocándose en 81 horas).