Gtres

Gtres

El 15 de septiembre de 2008 quebró el cuarto banco de inversión más importante de EEUU. Lehman Brothers acumulaba a sus espaldas más de siglo y medio de actividad. Sobrevivió al crack del 29, a la crisis del petróleo y al estallido de la burbuja puntocom, pero su balance no pudo superar el golpe de las hipotecas basura.

La entidad estadounidense se había metido de lleno en el negocio de las hipotecas de alto riesgo, perdió la confianza del mercado y se vio obligado a declararse en quiebra. Su caída arrastró a las bolsas mundiales…Y dio el pistoletazo de salida a una crisis devastadora e internacional.

Unos meses antes del colapso de Lehman, el diario ‘The Economist’ aventuraba para España un crecimiento sólido, el Gobierno decía que estábamos en la ‘Champions League’ de las economías mundiales, y los bancos seguían prestando dinero al sector privado. Pero las turbulencias financieras desataron una crisis en cascada.

Las empresas no podían refinanciarse, despedían trabajadores y los comercios no vendían. La rueda infernal continuó con los impagos de cientos de miles de ciudadanos y empresas que no podían afrontar sus deudas. Y lo que nadie esperaba es que se podrían derrumbar instituciones y creencias que parecían fuertes como rocas.

idealista/news analiza a través de 9 variables qué sucedió entonces y cómo hemos cambiado a lo largo de estos años:

 

1. PIB

La crisis mundial rompió la velocidad de crucero que mantenía la economía española. Pasamos de crecer más de un 2% al año a vivir una fuerte recesión que puso sobre la mesa la necesidad de encontrar nuevos pilares de crecimiento. El PIB es uno de los mejores termómetros para medir el estado de salud de un país, y en el caso de España muestra que hemos avanzado a una velocidad de crucero. Sin embargo, y como alertaban las previsiones, se avecina una desaceleración, lo que significa que el crecimiento será más modesto a partir de ahora. 

Punto de partida

El Producto Interior Bruto (PIB) es uno de los pocos indicadores que ha salido de la crisis con claridad. Si en el segundo trimestre de 2008, la economía crecía a un ritmo anual del 2,2%, desde primavera de 2015 lo hace a ritmos superiores al 3%. Justo antes de que estallara la crisis, la economía española vivía un momento de gran expansión, impulsada por la actividad inmobiliaria.

Momento más crítico

El ciclo alcista llegó a su fin en todo el mundo y en España los primeros signos de agotamiento económico empezaron a verse en los últimos tres meses de 2008, cuando el PIB cayó un 1,3% en tasa anual. Medio año más tarde, la economía entró oficialmente en recesión. La actividad acumulaba superaba ya dos trimestres de descensos y se preparaba para un momento complicado: en primavera de 2009, justo después de que las bolsas mundiales marcaran los mínimos de la crisis, el PIB llegó a desplomarse más de un 4% en tasa anual.

Poco después llegaron lo que el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero denominó ‘brotes verdes’. Durante tres trimestres, la economía logró crecer mínimamente, aunque se avecinaban unos años muy complicados: el PIB volvió a entrar en recesión, con una actividad que no dejó de caer desde principios de 2011 hasta finales de 2013. Fue en 2014 cuando realmente arrancó la recuperación económica.

Nivel actual

Desde el año 2015, la economía española crece a ritmos anuales que superan el 3%. Se trata de una de las mejores tasas de los países de la OCDE y un motivo de respaldo a nuestro país por parte de los grandes organismos nacionales e internacionales. Según los datos del INE, desde el año 2017 el PIB supera al que existía antes de la crisis y si miramos el volumen en términos nominales ya está en máximos históricos, tras alcanzar 1,16 billones de euros.

Esta remontada ha ido de la mano de un cambio en los motores de crecimiento. Si hasta hace una década la actividad de referencia era la construcción, actualmente son el turismo y las exportaciones. Además, en estos años España se ha beneficiado de los llamados ‘vientos de cola’, como por ejemplo un petróleo barato (un factor determinante para cualquier país importador de energía), de un euro competitivo frente a otras divisas mundiales, a la reestructuración del sector financiero, a la corrección de desequilibrios como el déficit público y a la política ultraexpansiva del Banco Central Europeo (BCE) para sostener la economía e impulsar los precios en la eurozona.

Sin embargo, empiezan a aparecer las primeras señales de agotamiento. En el segundo trimestre del año el PIB ha reducido su ritmo de crecimiento: la economía ha crecido un 2,7% en términos anuales. Se trata de la cifra más reducida desde finales de 2014.

Al dato del PIB referente al segundo trimestre se unen otros factores como la caída de la confianza del consumidor o de la llegada de turistas extranjeros. Además, el BCE tiene previsto acabar con las medidas extraordinarias en un plazo aproximado de un año: si no hay cambios de última hora, a finales de este ejercicio acabará el programa de compra de deuda (QE) y después del próximo verano aplicará la primera subida de los tipos de interés en la eurozona desde 2011. También debemos tener en cuenta que podrían entrar en juego otros factores como el Brexit (que se materializará en marzo de 2019) o el impacto de los conflictos geopolíticos y comerciales internacionales. 

Previsiones

Este año parece que sí se van a cumplir las previsiones de los expertos, que llevan varios meses alertando de una ralentización económica. A la vista de los datos del INE, la desaceleración llegará en 2018, aunque el PIB seguirá avanzando. En lo que queda de década, la actividad se incrementará más de un 2% cada año, según las previsiones de diferentes organismos nacionales e internacionales. A pesar del freno, creceremos por encima de la media del mundo occidental, según el Fondo Monetario Internacional.

 

2. Inflación

Los precios en España han vivido una montaña rusa desde que estalló la crisis. Si pocos días antes de la caída de Lehman la inflación se situaba cerca del 5% en tasa anual, entre 2014 y 2016 estuvo en negativo para después retomar las subidas y estabilizarse por encima del 2% en los últimos meses. Las previsiones apuntan a que bajará de dicha barrera a medida que llegue el final de esta década.

Punto de partida

Cuando estalló la crisis el IPC estaba mucho más alto que ahora. En agosto de 2008 la inflación en tasa anual se situaba al borde del 5%, un nivel que no se ha vuelto a ver desde entonces. En estos 10 años la caída de precios ha sido una constante, aunque entre 2011 y 2012 y en los primeros meses de 2017 llegó a superar el 3%. No obstante, también ha estado en terreno negativo a lo largo de estos años.

Momento más crítico

Durante casi todo 2009 y entre verano de 2014 y el de 2016 los precios en España se mantuvieron por debajo del 0% como consecuencia de la caída de la demanda. Es lo que técnicamente se denomina deflación y tiene consecuencias en la deuda, el gasto de los consumidores o la inversión, aunque es cierto que si se produce de forma temporal permite a los hogares ganar poder adquisitivo incluso con unos salarios estancados (con los mismos ingresos se pueden comprar más productos). No obstante, la deflación no duró mucho: hace justo dos años que el IPC volvió a terreno positivo, aupado por la energía y los alimentos.

Nivel actual

Desde el pasado mes de mayo, la inflación en tasa anual se sitúa por encima del 2%, siendo el 2,2% el último dato publicado por el INE. Supera en un punto la media de los últimos 10 años y está en línea con la media de la eurozona. Sin embargo, y desde la óptica del Banco Central Europeo (BCE), la inflación todavía sigue baja. El motivo es que ese 2,2% actual incluye los precios de la energía y los alimentos. Si miramos el IPC subyacente (que deja fuera los elementos más volátiles), la tasa anual se encuentra en torno al 1%. En cambio, el organismo busca una inflación algo inferior al 2%.

Recordemos que la estabilidad de precios es uno de los mandamientos de la máxima autoridad monetaria y financiera en la eurozona, de ahí que haya tomado medidas extraordinarias durante los últimos años (tipos de interés en mínimos y el programa de compra de deuda QE) para intentar impulsar los precios, además de sostener el crecimiento económico. En el caso de necesitar contener la escalada de los precios, la principal maniobra que puede llevar a cabo el organismo es subir los tipos de interés. Una medida que no vemos en Europa desde otoño de 2011, justo antes de que el francés Jean-Claude Trichet dejara la presidencia del BCE al italiano Mario Draghi.

Previsiones

El mercado no prevé grandes cambios en la inflación durante los próximos años; y si estos se producen, podrían ser a la baja. La agencia de calificación crediticia S&P, por ejemplo, cree que el IPC terminará esta década y empezará la próxima en una tasa anual del 1,6%, en línea con lo espera el Banco de España: un 1,7% en 2020.

 

3. Caídas insólitas

España estaba viviendo un momento económico dulce antes del derrumbe de Lehman Brothers. Nunca pensamos que una crisis pudiera traer consecuencias tan devastadoras, que un sistema sólido podría derrumbarse y que tantas cosas estaban en peligro de desaparecer.  Esta es la lista de aquellas cosas que jamás pensamos que podían suceder:

Desaparición de las cajas.

Empezó con la intervención de Caja de Castilla-La Mancha en 2009, pero siguieron otras más potentes hasta caer Caja Madrid en 2012, cuando fue nacionalizada con el nombre de Bankia. Si nos hubieran dicho hace 10 años que esta caja madrileña, una de las mayores de España, iba a desaparecer, no nos lo habríamos creído. La inmensa mayoría de las cajas fueron absorbidas por otras instituciones, y casi todas se transformaron en bancos. Han sido unos años de concentración del sector y los últimos ejemplos los han protagonizado la fusión de Bankia y BMN, y la absorción de Popular por parte de Santander.

El sistema bancario dejó de ser inexpugnable

La banca española (incluyendo las cajas) estaba considerada una de las mejores y más modernas del mundo. Sembraba al país de cajeros y crecía por todas partes. De repente, los banqueros se convirtieron en los enemigos del pueblo. Habían sembrado el país de productos financieros arriesgados como las participaciones preferentes. Habían prestado dinero sin controlar el riesgo. Y, sobre todo, se habían concedido sueldos, dietas e indemnizaciones millonarias. Más de 175 directivos se sentaron en el banquillo y casi la mitad fueron condenados a penas de prisión de 3 meses a 6 años. Según Sabadell, la mitad de las ayudas que se concedieron a la banca son insalvables.

Derrumbe inmobiliario

Según Banco Santander, el impacto de la crisis se cifró en un 30% del PIB (300.000 millones de euros) en créditos impagados sobre bancos y cajas. La mayor parte eran créditos hipotecarios. Miles de pisos, casas, oficinas y terrenos quedaron en manos de bancos, que se convirtieron en activos tóxicos. Además, según las cifras oficiales, al menos se produjeron 162.700 desahucios de primera vivienda entre 2008 y 2017. Actualmente los bancos continúan soltando lastre inmobiliario con el objetivo de reducirlo a cenizas próximamente.

Colapso del prestigio de España

Las Letras del Tesoro español, antaño tan prestigiosas, llegaron a no valer casi nada. La prima de riesgo alcanzó en pocos meses casi los 700 puntos. España estuvo a punto de quebrar como país emisor, y a pocos metros de entrar en suspensión de pagos, se le concedió ‘in extremis’ un crédito de 100.000 millones de euros para salvar a su sistema financiero. La deuda del Estado pasó del 35% a más del 100% del PIB: más de 1,2 billones de euros.

Adiós al trabajo de por vida

En 2009 más de un millón de personas perdió su puesto de trabajo. En 2013 el paro alcanzó su récord histórico: casi el 27% de la población activa, o 6,2 millones de personas. El contrato indefinido no garantizaba nunca más tener trabajo de por vida y los contratos temporales se convirtieron en una fórmula masiva de contratación.

No más indemnizaciones de 45 días

El Gobierno de Zapatero cambió las normas laborales para que las empresas pudieran despedir con menos costes. Los jueces ya no decretaban despidos improcedentes, sino procedentes. La indemnización bajó de 45 días por año trabajado, a 33 días, y luego a 20 días.

El empleo público dejó de ser una salida

El Estado necesitaba recortar gastos, y se congeló la oferta de empleo público. Peor aún: miles de interinos, que hacían sustituciones en las administraciones casi de por vida, fueron despedidos.

Las pensiones, en la cuerda floja. El sueño de muchos trabajadores era alcanzar la edad de jubilación y retirarse con una pensión. En 2010 fueron congeladas por el gobierno socialista. Luego, con el PP se aumentó el número de años para cobrar el 100%. Ahora, se pone en duda todo el sistema de pensiones, las jóvenes generaciones no saben si van a cobrarlas y está pendiente alcanzar la fórmula que garantice su sostenibilidad.

El autoempleo no es tan bonito

Nos decían que el empleo autónomo era cosa de pioneros y temerarios. Pero esta fórmula fue la que tuvieron que escoger muchos trabajadores para seguir trabajando para su antigua empresa, pero desde fuera: pagándose ellos la Seguridad Social y los gastos corrientes. Se les llama “falsos autónomos” y se calcula que en España puede haber más de 200.000 afectados.

El Banco de España, en duda

 El Banco de España era puesto como modelo en todo el mundo por su seriedad y su control. En la crisis, se demostró que no pudo dominar las “armas financieras de destrucción masiva” que emitían los bancos, es decir, los productos financieros sofisticados como los CDS que nadie entendía, ni siquiera, como reconoció un gobernador, el propio banco central. Tampoco pudo poner coto a las sociedades de tasación que, controladas por los grandes bancos, tasaban los pisos por encima de su valor para conceder más créditos, por mayor volumen y ganar más dinero. El Banco de España no midió el riesgo.

Las agencias de rating, vapuleadas.

Son las empresas encargadas de calificar la solvencia de las entidades financieras. Pero ¿qué credibilidad puede tener una empresa que tiene que juzgar a quien le paga? Salieron informes y correos electrónicos que demostraban cómo Moody’s, Fitch, y Standard & Poor’s desfiguraban sus informes y omitían información relevante de sus clientes.

El capitalismo, cuestionado.

La crisis no acabó con el capitalismo ni la libertad de mercado. Pero sí sirvió para denunciar sus excesos como los altos salarios de los ejecutivos ligados al valor de las acciones, y sus decisiones llenas de codicia. De hecho, los gobiernos nacionalizaron empresas en EEUU y en Europa, y se tuvo que establecer un férreo control sobre determinados comportamientos como las ventas a corto, técnica que apuesta a que caiga el precio de las acciones para ganar dinero, como revelaban las películas ‘Margin call’ o ‘The big short’.

 

4. Precios de la vivienda: compra y alquiler

La vivienda ha vivido una década de fuertes cambios en la que los precios han batido récord y han marcado mínimos. Pero el momento ha sido diferente según el régimen de las casas: mientras que la crisis ha supuesto un desplome histórico en el mercado de la compra, en el del alquiler ha sentado las bases para batir récord. Los precios medios continúan al alza, pero 2018 se perfila como un año de transición.

Punto de partida

En el momento del desplome de Lehman Brothers, el precio de la vivienda en España estaba en máximos históricos. Según los datos de Fomento, el récord se alcanzó a principios de 2008 tras registrarse un precio por m2 superior a los 2.100 euros y, a partir de entonces, empezó a descender. Hubo que esperar hasta principios de 2009 para que el m2 bajara de la barrera de los 2.000 euros. Actualmente ronda los 1.570 euros/m2.

En el caso del alquiler la situación es diferente. A mediados de 2008 el precio medio del m2 en Madrid se situaba por encima de los 13 euros, mientras que en Barcelona rondaba los 15 euros. Un año más tarde empezaron a reducirse en ambas capitales hasta tocar mínimos en el segundo trimestre de 2013 alrededor de los 11,2 euros/m2. Cuatro años más tarde el mercado se daría completamente la vuelta.

Momento más crítico

El verano de 2014 fue el peor momento para la vivienda libre: fue entonces cuando el precio por m2 se situó alrededor de los 1.456 euros, tras hundirse un 31% desde los máximos de principios de 2008. Durante 11 trimestres consecutivos el precio se mantuvo por debajo de 1.500 euros/m2, hasta que en primavera de 2016 recuperó dicha cota.  

En el caso del alquiler, hay dos momentos destacados desde que estalló la crisis: por un lado, los mínimos registrados a mediados de 2013 y, por otro, los máximos que se han registrado en los últimos tiempos. Barcelona batió récord en verano de 2017 tras situarse en 18,3 euros/m2, mientras que Madrid ha marcado máximos esta primavera al superar los 16 euros/m2. Valencia, por su parte, ya se acerca a los 9 euros/m2, una cota que ya alcanzó en 2008. Y es que la elevada demanda de vivienda en alquiler y la escasez de oferta están detrás de las tensiones de precios en las principales ciudades españolas.

Nivel actual

El precio de la vivienda libre se situó al cierre del primer trimestre en 1.560 euros/m2, según el Ministerio de Fomento, lo que significa que está un 7,6% por encima del nivel más bajo de la crisis. Respecto a los máximos del boom, el precio sigue un 25% por debajo, a pesar de que acumula tres años de subidas.

En el caso del alquiler, como decíamos unas líneas más arriba, el precio del alquiler ha batido récord en el último año. Mientras Madrid está en máximos y Valencia se aproxima a ellos, Barcelona parece que ha entrado en una zona de estabilidad tras tocar techo. Aun así, sigue siendo la ciudad más cara para arrendar una casa.

Previsiones

En las últimas semanas son varias las voces que alertan de que la escalada del precio de la vivienda se está frenando. El diario The Economist asegura que la mitad de las grandes ciudades del mundo están viviendo una desaceleración de precios, mientras que la agencia de calificación crediticia S&P prevé que la subida de precios se ralentice poco a poco, en línea con la economía, y estima que en 2021 seguirá por debajo del nivel del boom.  

En lo que se refiere al alquiler, los expertos creen que las tensiones de precios seguirán siendo una constante en las grandes ciudades mientras no haya una oferta capaz de satisfacer la demanda. El mercado pide, entre otras cosas, incentivos para los propietarios y que los ayuntamientos saquen al mercado más suelo para contener la futura subida de precios.

 

5. Compraventas e hipotecas

Las compraventas de viviendas y las hipotecas son dos de los mejores termómetros para medir el impacto de la crisis en el mercado inmobiliario. En poco más de un lustro el número de operaciones se redujo a la mitad, aunque ya en 2014 empezó la recuperación. A pesar de que el sector crece con alegría, seguimos muy lejos de los niveles previos a la caída de Lehman Brothers y de los máximos de la burbuja.

Punto de partida

En verano de 2008 se concedían en torno a 60.000 hipotecas mensuales, la mitad que en pleno boom, pero el doble que ahora. En lo que se refiere a la compraventa de casas, el número de operaciones rondaba las 45.000 unidades y las nuevas superaban ampliamente a las usadas.

Momento más crítico

Para el sector inmobiliario en general el año 2013 fue el más duro de la crisis. Fue en dicho ejercicio cuando varios indicadores tocaron suelo y uno de ellos es la concesión de préstamos para la compra de vivienda. Según el INE, durante prácticamente todo el año se formalizaron menos de 20.000 hipotecas mensuales (unas 197.000 en todo el ejercicio), cuando en 2006 y 2007 se estaban concediendo más de 100.000 al mes (1,23 millones en todo 2007). En el caso de la compraventa de viviendas, el peor momento también lo vivimos en 2013, cuando se llevaron a cabo unas 312.600 operaciones en el conjunto del año, menos de la mitad que en 2007 (775.300).

Nivel actual

La remontada del mercado de la vivienda que arrancó hace ya cuatro años continúa. Tanto las compraventas de casas como las hipotecas han dejado muy atrás los mínimos y luchan por marcar sus mejores cifras desde 2008. Los últimos datos disponibles hablan de una media de más de 40.000 al mes, en línea con hace una década y la mitad que en 2007. En el caso de las hipotecas se están formalizando en torno a 30.000 al mes, la cifra más alta desde 2011.

En estos años de mejora también hemos visto tres cambios importantes: que cada vez se firman más hipotecas a tipo fijo ante la futura subida del euríbor (entre el 35% y el 40% de los nuevos préstamos ya son fijos, mientras que en 2008 su peso era testimonial); y que las casas de segunda mano son las que tiran del mercado de la vivienda (suponen más del 80% de las operaciones, mientras que en 2008 se vendían más casas nuevas que usadas). Además, actualmente el número de hipotecas es inferior al de compraventas, algo que no sucedió en el boom.

Previsiones

El mercado apuesta por más repuntes en los próximos años y da por hecho que el actual ciclo alcista tiene recorrido al menos durante cinco años más. Para 2018 se prevé que se lleven a cabo más de medio millón de compraventas y que las hipotecas sigan creciendo, al calor de la demanda de vivienda actual. A medio plazo, los expertos sostienen que la demanda natural de España será construir unas 150.000 casas nuevas al año, sumando las necesarias para la compra y el alquiler. No obstante, se empieza a producir una ralentización de los precios.

 

6. Euríbor

El euríbor a 12 meses, el indicador de referencia para la mayoría de las hipotecas en España, ha sido otro de los mejores termómetros de la crisis. En apenas una década ha pasado de batir récord y ahogar a miles de hipotecados a entrar en terreno negativo y abaratar las cuotas mensuales de los préstamos para la compra de una vivienda. Tras tocar suelo este año, ya ha emprendido el camino alcista, aunque los expertos prevén subidas graduales y moderadas.

 

Punto de partida

El euríbor a 12 meses empezó la crisis en una cota insólita. En verano de 2008, y después de que el Banco Central Europeo (BCE) decidiera subir los tipos de interés, el indicador superó la barrera del 5%. Por aquel entonces llegó a situarse por encima del 5,3% y, tras tocar techo, inició una tendencia a la baja.

Momento más crítico

Esos niveles de verano de 2008 fueron su punto más crítico… y jamás se han vuelto a repetir. Entre 2011 y 2012, el euríbor volvió a repuntar y llegó a acomodarse por encima del 2%, al son de las decisiones del BCE en política monetaria. Pero la llegada del italiano Mario Draghi a la presidencia de la autoridad monetaria y financiera fue el principio de una era histórica para el indicador. Con Draghi llegaron las continuas bajadas de los tipos de interés y los mínimos del precio del dinero (desde hace dos años y medio está en el 0,0%), lo que acabó mermando al euríbor hasta terreno negativo.

El primer mes en el que se situó por debajo del 0% fue febrero de 2016 y desde entonces ha logrado mantenerse a la baja. Marcó mínimos históricos la pasada primavera al situarse en el -0,191%. Gracias a las caídas que ha sufrido durante estos años miles de hipotecados se han beneficiado de una rebaja en la cuota mensual del préstamo, aunque a todas las etapas les llega su fin.

Nivel actual

A pesar de que el euríbor continúa en terreno negativo, en agosto firmó su quinto repunte mensual consecutivo y el mayor en cuatro años y medio. Este cambio de tendencia responde a que el mercado está descontando una subida de los tipos de interés para el próximo ejercicio, de ahí que el indicador se haya dado la vuelta. El temor de muchos clientes a que la evolución del euríbor vuelva a poner en apuros la economía familiar ha impulsado la contratación de las hipotecas fijas, han marcado máximos al representar más de cuatro de cada 10 nuevas operaciones y se encaminan a un nuevo récord. En 2008, en cambio, suponían en torno al 3%.

Previsiones

¿Y qué esperan los expertos para el futuro? La respuesta es que el euríbor volverá a terreno positivo en los próximos meses, aunque las subidas serán moderadas y lentas. Es decir, sin cambios bruscos. La previsión es que entre en positivo en 2019 y que acabe dicho ejercicio en torno al 0,2%, lo que supondrá un leve encarecimiento de las cuotas de las hipotecas. Habrá que esperar un tiempo hasta volver a ver al euríbor en un nivel similar a su media histórica (por encima del 2%). En los próximos meses el mercado también estará muy atento al impacto que tendrá la entrada en vigor definitiva de la nueva ley hipotecaria.

 

7. Paro

El paro ha sido una de las variables que más ha sufrido las consecuencias de la crisis. En estos años ha marcado máximos históricos y, como consecuencia, el denominado nivel de paro estructural ahora es más alto que en la época precrisis. A pesar de que la tasa de desempleo actual está en mínimos de una década, supera en casi cuatro veces la que existe en países como EEUU, Alemania, Reino Unido o Japón. Es un problema enquistado en nuestra economía.

Punto de partida

La segunda mitad de 2008 empezó con una tasa de paro de dos dígitos y el nivel más alto en tres años. En el momento en el que se desplomó el banco estadounidense, el desempleo en España rondaba el 10,4%, pero se duplicó en dos años y medio. La cifra rompió la barrera del 20% en el último trimestre de 2010, algo que ya había sucedido por ejemplo en la década de los años 90, pero lo peor estaba por llegar.

Momento más crítico

Como sucede con otros datos económicos y del mercado de la vivienda, 2013 fue el ejercicio en el que el desempleo batió récord: en el primer trimestre la tasa de paro alcanzó el 26,94%, con más de seis millones de personas sin trabajo y casi dos millones de hogares con todos sus miembros en paro. Desde entonces, España es el segundo país de la Unión Europa con más población desempleada (solo Grecia nos supera) y ha sido el problema que más preocupa a los ciudadanos. Según el último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), encabeza la lista para más del 60% de los encuestados.

Nivel actual

Desde los máximos de principios de 2013 el panorama ha cambiado mucho. Los últimos datos oficiales sostienen que actualmente el 15,28% de la población activa no trabaja, lo que se traduce en algo más de tres millones de personas.

A pesar de las evidentes mejoras, el desempleo en España sigue siendo el segundo más alto de Europa (solo superado por Grecia) y supera en casi cuatro veces al que sufren algunas de las economías más importantes del mundo, como EEUU, Alemania, Japón o Reino Unido. Además, los expertos creen que nuestra tasa de paro estructural ha pasado de situarse en torno al 8% a colocarse entre el 10% y el 11%. Un nivel que tiene entre sus consecuencias un menor crecimiento potencial de la economía, la exclusión laboral de miles de personas y la pérdida de competitividad.

Previsiones

Los organismos nacionales e internacionales creen que el paro seguirá cayendo en España en los próximos años y apuestan que seremos uno de los países ricos donde más crecerá el empleo. Si el mercado no se equivoca, la tasa de desempleo podría bajar del 14% el año que viene. En el caso de las previsiones internas, el Gobierno estima que en 2020 habrá 20 millones de personas trabajando en nuestro país y que la tasa de desempleo continuará la tendencia bajista hasta situarse por debajo del 11% a finales de 2021. Una cifra que nos permitiría volver a los niveles precrisis y que, según los expertos, supondría dejar el paro al suelo estructural.

 

8. Política

Las consecuencias de la crisis también se dejaron sentir en la política. España ha dicho adiós al bipartidismo para dar representación parlamentaria a un amplio abanico de formaciones. Las elecciones generales de noviembre de 2011 fueron las últimas en las que un partido consiguió mayoría absoluta. En estos años han cogido fuerza los partidos que promueven ideas populistas, se han tenido que repetir los comicios y ha salido adelante una moción de censura que ha traído consigo un cambio de Gobierno.

Punto de partida

En mayo de 2011 empezó el principio del fin del bipartidismo. En aquel mes, justo un año después de que el Gobierno de Zapatero anunciara una batería de medidas para paliar los efectos de la crisis (recortó el salario de los funcionarios, congeló las pensiones de 2011, redujo el gasto para dependencia y eliminó el ‘cheque-bebé, entre otras cosas), nació un movimiento ciudadano que se conoce como el 15-M. Su nombre se debe a que el movimiento surgió a raíz de las manifestaciones convocadas por diversos colectivos en la Puerta del Sol de Madrid el 15 de mayo de 2011, entre ellos algunas plataformas antidesahucios. Unas protestas que vinieron secundadas por acampadas masivas. Las movilizaciones no solo querían luchar contra el bipartidismo, sino que también incluyó a la banca, a los lobbies empresariales y a otras instituciones en la lista de ‘enemigos’.

Durante varios meses hubo muchos momentos de tensión social y no solo en España. En otras partes del mundo surgieron secuelas del 15-M; una de las más conocidas fue ‘Occupy Wall Street’ en Nueva York, cuya actividad arrancó en septiembre de 2011.

Momento más crítico

Fueron meses de tensión social que desembocó en la aparición del partido Podemos, una formación de extrema izquierda que aprovechó el momento para entrar en el Parlamento y que tiene como líder a Pablo Iglesias. Nació en primavera de 2014 y ya se hizo un hueco en las instituciones en las elecciones municipales y autonómicas de 2015. También logró más de 5 millones de votos en los últimos comicios generales (junio de 2016, tras la imposibilidad de formar Gobierno con el resultado electoral de diciembre de 2015), siendo el tercer partido más votado. Podemos y sus facciones están al frente de los principales ayuntamientos del país; entre ellos, los de Madrid, Barcelona, Valencia y Zaragoza.

Pero Podemos no ha sido el único partido político que ha prosperado en los últimos años: Ciudadanos, un partido que nació en Barcelona en 2006 y cuyo líder es Albert Rivera, también ha llegado a ayuntamientos, autonomías y al Congreso y actualmente es la cuarta formación con más diputados. VOX es otro partido que nació en 2014, aunque de momento esta formación de derechas no tiene representación parlamentaria.

Y si hablamos de política no podemos olvidarnos del resurgir independentista en Cataluña, que ha sido uno de los temas más candentes del último año. En menos de un año se ha celebrado un referéndum ilegal sobre la independencia de la región del resto de España, ha habido detenciones y encarcelaciones de algunos políticos catalanes, se han producido varios exilios del país (entre ellos el de Carles Puigdemont, expresidente de la Generalitat), se ha activado el artículo 155 de la Constitución para suspender de forma temporal la autonomía y dar las riendas de la gestión al Gobierno central, y se han tenido que convocar elecciones autonómicas. Unos comicios en los que venció Ciudadanos en votos, pero que se han saldado con la vuelta al poder de los independentistas.

Nivel actual

Está siendo un año de cambios en política. En junio prosperó la moción de censura de Pedro Sánchez contra Mariano Rajoy, lo que ha terminado con casi siete años con el PP en el poder para devolver el poder al PSOE, mientras que el PP (el partido con más diputados) tiene como nuevo líder a Pablo Casado. Y el cambio se ha producido en un momento complicado. Con tantas formaciones, el Gobierno necesita pactar con la oposición para sacar adelante las medidas o aprobarlas vía decreto. De momento, la parálisis está provocando el retraso en la aprobación de leyes tan importantes como la nueva normativa hipotecaria (que lleva dos años y medio de retraso y para la que Bruselas exige una aprobación inmediata) o los Presupuestos Generales del Estado de 2019. Son dos de los retos económicos que debe asumir el nuevo Ejecutivo en este nuevo curso parlamentario.

Previsiones

El año que viene habrá elecciones municipales y autonómicas, mientras que las generales se convocarán en 2020 si el Gobierno no decide adelantarlas. Las últimas encuestas sitúan al PSOE a la cabeza de la lista en intención de voto, aunque su ventaja respecto al PP es mínima. Ciudadanos es el tercer partido, seguido de Podemos.

A la espera de que se vayan acercando las llamadas a las urnas, todo apunta a que las negociaciones entre partidos de diferente visión política y la aprobación de leyes vía decretos serán una constante en los próximos meses. También se espera que continúe la tensión por Cataluña, sobre todo ahora que se acerca el primer aniversario del referéndum del 1 de octubre.

 

9. Crisis exterior

Durante la crisis se han sucedido los rescates de cuatro países europeos. En un intento por evitar un nuevo colapso, los organismos internacionales englobados bajo la troika (FMI, Comisión Europea y BCE) han aportado miles de millones de euros, aunque a cambio de cumplir una serie de condiciones. La crisis social ha venido de la mano de congelación de los salarios, subidas de impuestos, recortes de las pensiones, reducciones de gasto público, y quiebras de familias y empresas. 

Punto de partida

En 2008 Europa no había visto las orejas al lobo. La economía crecía y las variables económicas estaban controladas, pero los problemas financieros globales acabaron desembocando en una crisis de deuda en la eurozona que se llevó por delante a cuatro países (Grecia, Irlanda, Portugal y Chipre) y estuvo al borde de hacer trizas el euro al poner en serios aprietos a España e Italia. Ha sido la mayor crisis que ha vivido la región de la moneda común y la Unión Europea.

Momento más crítico

En este terreno encontramos varios momentos de máxima tensión, empezando por el primer rescate de Grecia (sus problemas empezaron en 2010) y terminando por los cambios de Gobierno en España e Italia en otoño de 2011. En el caso de los cuatro países rescatados, la peor parte se la llevaron los ciudadanos, teniendo que soportar desde subidas de impuestos a tijeretazos en salarios y pensiones. Este deterioro ha ido acompañado por un repunte de la deuda pública, que en Grecia alcanza ya el 180% del PIB y en España ronda el 100%.

A pesar de que nuestro país no necesitó un rescate como el de Grecia, sí necesitó dinero a Europa para sanear el sector financiero y evitar el colapso. Y el peso del rescate lo han llevado los contribuyentes, al igual que los efectos de la crisis. En este tiempo los impuestos han subido, miles de familias han entrado en situación de vulnerabilidad y hemos tenido que lidiar con recortes del gasto público y la inversión para corregir los desequilibrios económicos como el famoso déficit público. Sin olvidar que se han producido miles de quiebras empresariales en todos los sectores, que alcanzaron máximos en 2013.

 

El punto de inflexión de la crisis de la eurozona se produjo a finales de julio de 2012, cuando el presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, pronunció unas palabras que ya han hecho historia. “Dentro de nuestro mandato, el BCE está dispuesto a hacer lo que sea necesario para preservar el euro. Y créanme, será suficiente”. Ese breve mensaje bastó para disipar las tensiones de los mercados financieros y dar confianza a los inversores sobre la supervivencia del euro. A pesar de que los problemas seguirían, la crisis de deuda tocó fondo en ese momento.

Nivel actual

Ya han pasado más de ocho años desde que los problemas económicos europeos empezaron a salir a la luz, y nos encontramos ante un escenario completamente diferente. Ya el pasado verano Bruselas dio por concluida la crisis, mientras que Grecia ya ha dejado atrás el mayor rescate de la historia. Tampoco hay dudas sobre la supervivencia del euro, y países como Portugal e Irlanda han logrado dejar atrás las imposiciones que les puso la troika a cambio de su rescate. Además, la situación económica acompaña: nos encontramos ante un ciclo alcista a nivel mundial.

Las principales dificultades a las que se enfrenta el mundo desarrollado hoy en día están más relacionadas con la geopolítica, el terrorismo o el medioambiente que con la economía europea. Argentina ha sido el último país que ha pedido ayuda financiera, y Turquía pronto podría hacer lo propio, pero los efectos de un posible contagio global serían reducidos, según los expertos.

Previsiones

A pesar de que la situación actual nada tiene que ver con la de hace unos años, el futuro se enfrenta complejo, y no solo por los problemas globales que están encima de la mesa (geopolítica, terrorismo…), sino porque el año que viene se producirán acontecimientos importantes.

Por ejemplo, el Banco Central Europeo (BCE) terminará con las políticas que tanto han animado a la eurozona (España ha sido uno de los países más beneficiados de los tipos en mínimos y el programa de compra de deuda conocido como QE), se hará efectiva la salida de Reino Unido de la Unión Europea (y todavía no está claro si será un Brexit ordenado o sin acuerdo entre Londres y Bruselas), habrá elecciones autonómicas y municipales en España y podrían seguir las tensiones comerciales globales, principalmente entre EEUU y China, las dos mayores potencias económicas del planeta.