Flickr/Creative commons

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El mercado lleva un año a la espera de la entrada en funcionamiento del euríbor plus. Se trata de una nueva metodología para calcular el famoso euríbor, un indicador que no solo sirve de referencia a millones de hipotecas en España, sino que también mide el tipo de interés al que están dispuestas a prestarse las entidades financieras entre sí en el mercado interbancario.

Sin embargo, pasado este tiempo y después de realizar varias pruebas, el Instituto Europeo de Mercados Monetarios (EMMI), organismo que administra el índice, ha asegurado que “no es factible” implantarlo. Pero empecemos por el principio: ¿de dónde parte la idea de cambiarlo?

Lo primero que debemos tener en cuenta es que el año pasado entró en vigor un cambio regulatorio que exigía que los ‘benchmark’ (es decir, los índices de referencia) se construyeran sobre transacciones reales tanto como fuera posible. Así, en el caso del euríbor, lo que se pretende es que se base en los tipos a los que los bancos se prestan dinero entre sí, no en los tipos hipotéticos a los que se prestarían.

Junto con el cambio normativo, Santiago Carbó, director de Estudios Financieros de Funcas, señala que “ha habido problemas importantes con el mercado interbancario. De hecho, es un mercado con una menor importancia cuantitativa en la actualidad. Además, ha habido escándalos y problemas relacionados con la fijación de este tipo de interés. Pero lo que realmente pesa ahora a la hora de ralentizar los planes de implementación es que el entorno de tipos de interés está enrarecido, es poco natural, porque está muy influido por la acción del Banco Central Europeo (BCE). En realidad, lo que se quiere es un tipo de mercado independiente que refleje la operativa privada, que ahora permanece muy ensombrecida por la operativa oficial de la política monetaria”.

La cuestión es clara: Europa quiere cambiar la forma en la que se calcula el euríbor para dar transparencia al indicador y evitar que un momento extraordinario del mercado como el que estamos viviendo provoque alteraciones en los resultados. Unos resultados que, por cierto, están beneficiando a millones de hipotecados y han puesto contra las cuerdas el margen de negocio de la banca.

Recordemos que actualmente el euríbor a 12 meses se encuentra en mínimos históricos. Desde febrero del año pasado, se mueve en terreno negativo y en los últimos meses está perforando nuevos récords. Si la media mensual de abril se situó en el -0,119%, la de mayo se encuentra ya en el -0,124%.

¿Y qué es lo que no cuadra? Según reconoce EMMI, el cambio no ha sido posible por las condiciones de mercado. Una valoración que los expertos no han tardado en interpretar.

Para Juan Villén, responsable de idealista hipotecas, el problema es que las pruebas están dando un resultado muy diferente al del euríbor actual, lo que supone un arma de doble filo. “Si los cálculos reales están dando un resultado más bajo del teórico (es decir, si están aún más en terreno negativo), la puesta en marcha perjudicaría a la banca y a sus márgenes de negocio. En el caso de que los cálculos sean más altos (es decir, que los resultados se acerquen más al 0% o estén en positivo), la mala noticia sería para los consumidores. Además, la banca se tendría que enfrentar a la opinión pública en un momento en el que están sobre la mesa las malas prácticas hipotecarias”, explica.

Por su parte, Manuel Romera, Director del Sector Financiero de IE Business School, recuerda que es un terreno complicado. “Aquí hay que poner en común los intereses de bancos y consumidores, y siempre que existen dos partes en un contrato, una va a salir más perjudicada que la otra. Por tanto, lo que veo más difícil es la operativa, sobre todo porque entre la intención y la realidad hay un paso”.

En este sentido, el director de Estudios Financieros de Funcas sostiene que “parece que el primer condicionante para que el proyecto se ponga en marcha es que se retorne a un mercado más dirigido por la liquidez privada que por la liquidez oficial y, para eso, aún queda algún tiempo. Como en todos los proyectos, se necesita un entorno adecuado para su desarrollo”.

Los expertos recuerdan que la banca europea no está atravesando su mejor momento. Varias entidades italianas están en pleno proceso de rescate con dinero público, mientras que uno de los baluartes financieros de Alemania, Deutsche Bank, está generando muchas dudas en el mercado. En el caso de España, el caso más claro es el de Popular, que cerró el primer trimestre del año con pérdidas de 137 millones y podría estar abocado a una nueva ampliación de capital o incluso a una fusión.

“Este no es precisamente un buen momento para los bancos europeos. Se está intentando dotar de más transparencia al sector, pero lo cierto es que no sabemos a ciencia cierta qué esconden los balances de algunas entidades. Debe haber más sintonía en Europa y una mayor integridad”, sostiene Romera.

Así pues, todo apunta a que al nuevo cálculo del euríbor le faltan meses para entrar en vigor. Carbó da por hecho que “el cambio se acabará produciendo”, pero recuerda que “estamos en un momento en que cualquier transformación en la infraestructura del mercado se está adaptando con la más absoluta precaución”.

Según adelantó la semana pasada el Instituto Europeo de Mercados Monetarios, en los próximos meses se buscarán alternativas para encontrar una solución que permita hacer realidad la entrada en vigor del euríbor plus, que podría producirse a mediados del año próximo. “El EMMI se ha comprometido a plantear una nueva metodología que se adapte al cambio regulatorio, incorporando datos reales cuando los haya u otros cuando no. En los próximos meses se concretará esta nueva metodología y mientras, se seguirá calculando el euríbor como hasta ahora”, concluye José Luis Martínez Campuzano, portavoz de la Asociación Española de Banca (AEB).