“Os aseguro que no sabía que existía el Frontón Beti Jai de Madrid y, cuando me encontré una especie de selva amazónica en mitad de Madrid, resoplé y pensé que no sabía si me había tocado el gordo de la lotería o un castigo”. Son palabras de Mari Luz Sánchez, arquitecta del Ayuntamiento de Madrid y responsable de la recuperación del Beti Jai. Sánchez ha querido confesarse ante los micrófonos de idealista/news ahora que ha terminado la primera fase de las obras de rehabilitación de esta joya arquitectónica, única en el mundo por ser la única que queda en pie del siglo XIX. 

La lona azul que cubría la fachada de este edificio en mitad de Chamberí (barrio Almagro) ha sido descubierta y la fachada, ya recuperada, está a la vista de todos los viandantes que deambulan por el centro de la capital. 

Dentro, el trabajo de recuperación ha sido exhaustivo aunque aún queda mucho por hacer. “Llegamos en junio de 2015, justo un mes después de la tramitación de la expropiación, y todavía nos queda faena hasta finales de año. Nuestra idea es poder terminar a principios de 2018”, asegura la arquitecta, que recuerda el trabajo de documentación casi detectivesco que tuvo que realizar junto a la jefa de obra, Laura Soler y otros compañeros.

“Analizamos la información que nos pasó la Plataforma Salvemos el Frontón Beti Jai, buscamos documentación fotográfica en la Biblioteca Nacional, en los fondos del diario ABC, en los archivos de la Villa, en Conde Duque, en el Colegio de Arquitectos, incluso en el archivo del Palacio Real, porque una de las influencias de traer la pelota vasca a Madrid era la familia real que, por entonces, veraneaba en San Sebastián”, señala la arquitecta. 

El Beti Jai, diseñado por el arquitecto Joaquín Rucoba, se inauguró en 1894 y se usó como frontón hasta 1919. “Después fue taller de coches, cárcel en la Guerra Civil, comisaría, taller de elementos decorativos de escayola y luego estuvo abandonado desde 1989”, nos asegura Cristina Moreno, directora de Patrimonio del Ayuntamiento de Madrid. El Ayuntamiento decidió entonces actuar y puso encima de la mesa 30,8 millones de euros para expropiar el edificio, propiedad de la empresa Tercosul Gestión.  

Una vez rehabilitado completamente, queda por dilucidar su futuro. Igor González, portavoz de la Plataforma Salvemos el Frontón Beti Jai, lo tiene claro: “Apostamos por que se puedan realizar todo tipo de espectáculos deportivos y culturales. Que sea un espacio de acceso público, a poder ser con gestión pública, y que todo el mundo pueda disfrutar”.

Desde el ayuntamiento aseguran que el edificio está calificado, en la actualidad, para uso deportivo singular. Paro ello, están tramitando un plan especial para abrir la posibilidad de más usos dotacionales, teniendo en cuenta que la pelota vasca ya sólo tiene una audiencia residual. En 2011 fue declarado Bien de Interés Cultural. 

Sobre su futuro uso, Mari Luz Sánchez, la arquitecta responsable, no sabe cuál será el destino final del frontón, pero sí pide mimo y mucho cariño para este edificio. “Su futuro no depende de mí, pero lo único que pido es que lo podamos disfrutar todos. A mí me encantaría que, en las futuras guías turísticas de Madrid, dentro de tres años, podamos leer el Museo del Prado, el Museo Thyssen y el Beti Jai”.

Cómo es el frontón

El inmueble cuenta con la protección grado 1 singular, con 3.609 m2 de terreno y una superficie construida de 4.579 m2. El frontón se organiza en torno a un espacio al aire libre, de 67 metros de largo, 20 m de ancho en el que se ubica la cancha de juego.

Sus gradas tienen una capacidad cercana a los 4.000 espectadores divididas en cuatro plantas, cerradas al interior mediante balcones con barandillas y comunicadas entre sí a través de escaleras de madera. Sus vigas de hierro forjado son características del siglo XIX.